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Lavarse las manos, un lujo en Harare

  • Escrito por Oliver Matthews
  • Publicado en Internacional
Lavarse las manos, un lujo en Harare / EFE. Lavarse las manos, un lujo en Harare / EFE.

Cientos de zimbabuenses se apiñan en una fila junto a una línea de cubos de plástico rojos, verdes, amarillos y blancos. Algunos usan mascarillas, otros no.

Esperan en una carretera polvorienta en Mabvuku, un barrio pobre de Harare, para recoger una ración de agua limpia que puede significar la diferencia entre la enfermedad y la salud, la vida y la muerte.

Para la mayoría de los dos millones de habitantes de la capital de Zimbabue obtener agua es una pesadilla diaria, plagada de riesgos agravados por la expansión de la COVID-19. Sin agua corriente, muchos se ven obligados a recolectarla de pozos o manantiales cercanos a sus suburbios.

"Si la situación no mejora, vamos a tener serios problemas. Algunas áreas que no tienen agua son focos de la COVID-19", advierte a Efe Reuben Akili, oficial de la Asociación Combinada de Residentes de Harare (CHRA, en sus siglas en inglés).

UN MILLÓN Y MEDIO DE PERSONAS SIN AGUA

Akili estima que hasta 1,5 millones de personas padecen en Harare escasez urgente de agua, un número que probablemente irá en aumento.

En marzo pasado, cuando la pandemia comenzaba a afianzarse, la CHRA ganó un caso en el Tribunal Superior de Harare, que ordenó al Gobierno zimbabuense y a las autoridades de la capital que proporcionaran a los residentes agua limpia.

El abastecimiento mejoró temporalmente en algunas áreas, incluidos suburbios de bajos ingresos como Mabvuku, en el este de la ciudad, y Hatcliffe, en el norte, privados de agua durante diez años.

Pero el alivio duró poco. Los suministros se han secado desde entonces. Las autoridades municipales alegan que no tienen suficientes productos químicos para tratar el agua.

La CHRA alertó la semana pasada de una inminente "catástrofe humanitaria", al asegurar que la producción se había desplomado a tan solo 150 megalitros por día, frente a una demanda de 1.200 megalitros. Esa escasez hace que lavarse las manos con regularidad, una medida clave para frenar el coronavirus, sea un lujo inalcanzable para muchos.

SIN AGUA PARA BEBER, DIFÍCIL LAVARSE LAS MANOS

"Alguien ahí fuera ni siquiera tiene una gota para beber, así que ¿cómo puede conseguir el agua para lavarse las manos?", se pregunta Stalin Mau Mau, cuya empresa transporta agua limpia a diario a clientes comerciales y residenciales en Harare. Pero sus camiones cisterna también llevan agua limpia a suburbios como Mabvuku, donde se distribuye de forma gratuita.

Un cartel en la sede de su compañía en el próspero barrio de Greendale, en el noreste de la ciudad, reza: "Hacemos que el agua fluya". En el interior, los empleados se afanan en llenar camiones con agua extraída de un pozo. Mau Mau, un expolítico de 66 años del partido gobernante ZANU-PF, asegura que su agua se distribuye sin condiciones políticas.

"Hemos mantenido a todos los políticos al margen", aduce el empresario, de pie frente a uno de sus camiones cisterna. "El agua es para las personas, independientemente de su procedencia, su afiliación, lo que sea".

Conocido también como promotor de boxeo, Mau Mau dice que ha distribuido desde marzo hasta seis millones de litros de agua dulce a miles de familias en algunas de las zonas más pobres de Harare, que tradicionalmente apoyan al opositor Movimiento por el Cambio Democrático (MDC). "Cuando vas a estas áreas, puedes derramar una lágrima o dos por la felicidad absoluta de la gente (al ver agua gratis)", exclama.

Reconoce que sus esfuerzos por sí solos no pueden resolver la crisis del agua que afronta la ciudad, que seguramente empeorará cuando el país entre en su temporada más calurosa y seca. Octubre, también conocido como el "mes del suicidio" debido al intenso calor, tradicionalmente implica una escalada del consumo de agua urbana.

La escasez se ha visto acrecentada por dos malas temporadas de lluvias seguidas que han devastado los cultivos de maíz y reducido el nivel de agua subterránea. Hasta 8,6 millones de personas no tendrán suficiente comida en diciembre próximo en Zimbabue, ha advertido la ONU.

POZOS QUE NO DAN ABASTO

Incluso los pozos poco profundos de los que dependen muchos residentes de Harare se secaron en junio. "Normalmente, estos pozos se secan alrededor de septiembre. Tenemos que cavar profundo para llegar al nivel freático", explica Hardlife Mudzingwa, fundador y coordinador nacional de la Alianza de Agua de la Comunidad, una ONG con sede en la capital.

Mudzingwa, detenido varias veces en los últimos años por su activismo comunitario en torno al derecho al agua potable, dice que la escasez, que también afecta a la ciudad dormitorio de Chitungwiza, ejercerá más presión sobre los puntos de agua comunales.

Estos consisten en pozos perforados principalmente por organizaciones humanitarias internacionales, incluidos muchos excavados para suministrar agua limpia de emergencia durante la devastadora epidemia de cólera en Zimbabue de 2008, que causó unos 4.000 muertos.

Chitungwiza, hogar de más de 365.000 residentes, depende de perforaciones para el 95 por ciento de sus suministros de agua. Según Mudzingwa, se suele aglomerar mucha gente en las perforaciones, sin distanciamiento físico ni desinfectantes para prevenir la transmisión del coronavirus.

Su organización también ha denunciado violencia contra las mujeres en los puntos de suministro de agua por parte de algunos hombres. "Hemos tenido casos de violación en Mabvuku que fueron registrados por la policía", declara a Efe.

"Este año -augura, muy pesimista- tendremos una crisis muy grave en la prestación del servicio de agua", que se suma a la grave crisis económica y la tensión política que ya vive Zimbabue. EFE.