Quantcast
ÚNETE

Un siglo de Trianon, el trauma histórico húngaro que alimenta al nacionalismo

  • Escrito por Marcelo Nagy
  • Publicado en Internacional

Más de un millón de húngaros étnicos viven en Rumanía. Unos 450.000 en Eslovaquia. Decenas de miles en Ucrania o Serbia. Una dispersión que surge con el Tratado de Trianon de 1920, que rompió Hungría tras la I Guerra Mundial y que alienta hasta hoy nacionalismos y conflictos en plena Unión Europea (UE).

El documento, firmado en el Palacio de Trianon, cerca de París, el 4 de junio de 1920, supuso para el entonces Reino de Hungría, ya desgajado del Imperio Austro-Húngaro, la pérdida del 70 % de su territorio y de más del 60 % de su población.

Cien años más tarde Trianon sigue siendo para Hungría un trauma, un sinónimo de "tragedia nacional", y una permanente fuente de conflictos y roces diplomáticos con países como Serbia, Rumanía, Eslovaquia o Ucrania.

Como parte del Imperio Austro-Húngaro, el país luchó y perdió en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) como aliado de Alemania y del Imperio Otomano. Tras la derrota ante Francia, el Reino Unido, Rusia y Estados Unidos, los vencidos tuvieron que aceptar duros tratados de paz que redujeron sus respectivos territorios.

UN REINO MULTIÉTNICO

Al estallar la guerra, Hungría era un reino multiétnico cuyos dominios se extendían por territorios que hoy pertenecen a Rumanía, Eslovaquia, Ucrania, Serbia, Eslovenia, Croacia e incluso Austria, y en el que apenas la mitad de sus 21 millones de habitantes tenía al húngaro como lengua materna.

Con el Tratado de Trianon, Hungría perdió 13 millones de habitantes, de los que 3,3 millones eran magiares que formaron minorías nacionales en los países a los que pasaron a pertenecer: en 1920, aproximadamente un tercio de los habitantes de Rumanía, Eslovaquia, Ucrania y Serbia eran húngaros étnicos.

NACIONALISMO Y COMUNISMO

El discurso nacionalista alrededor del trauma de Trianon comenzó apenas se secó la tinta del documento. Miklós Horthy, líder autoritario de Hungría desde marzo de 1920, hizo del irredentismo un pilar de su política hasta que fue depuesto en 1944 por la Alemania nazi, de la que había sido aliado militar y cómplice del Holocausto.

Durante la dictadura comunista (1947-1990) que siguió a la II Guerra Mundial, las críticas a Trianon no sólo quedaron fuera del discurso oficial, sino que fueron prohibidas de facto, ya que suponían un choque con la Unión Soviética y otros países aliados del bloque socialista.

CAMBIO TRAS LA TRANSICIÓN

El discurso cambió con la instauración de la democracia en 1990 y volvió el sentimiento nacionalista. Para la derecha, el tema siempre fue usado para aglutinar a sus simpatizantes, mientras acusaban al Partido Socialista, heredero del partido comunista, de traicionar los intereses nacionales por no incluir el trauma de Trianon en su mensaje político.

La Coalición Democrática, una formación progresista que lidera la oposición hoy, mantiene que es imposible olvidar Trianon pero se resiste a que ese recuerdo sea el eje de la política húngara y pide en cambio centrarse en el futuro.

CONFLICTIVO CON VECINOS

Aunque ningún Gobierno hasta ahora, ni siquiera en la década que el ultranacionalista Viktor Orbán lleva como primer ministro, se ha atrevido a plantear una revisión del tratado, las minorías húngaras en los países vecinos ha sido siempre una fuente de conflictos.

Bajo Orbán, Hungría ha intensificado sus contactos con esas comunidades y su intervencionismo. "Hungría, guiada por el ideal de la nación húngara, asume la responsabilidad de todos los húngaros que viven en el extranjero", reza uno de los párrafos de la polémica Constitución que la mayoría absoluta del Fidesz, el partido de Orbán, sacó adelante en 2011.

Eslovaquia y Rumanía critican a Orbán por intervenir en asuntos internos cuando, por ejemplo, apoya a partidos magiares en las elecciones de esos países. El Gobierno húngaro también invierte enormes cantidades de dinero en asociaciones culturales, deportivas, religiosas y en medios de comunicación de las comunidades húngaras en el extranjero.

Y tampoco faltan las provocaciones políticas contra Hungría y las minorías húngaras. Un ejemplo de ello es que Rumanía acaba de declarar del 4 de junio -justo en su 100 aniversario- fiesta estatal, al declararla como "Día del Tratado de Trianon", cuando será obligatorio izar la bandera rumana en los edificios públicos.

Por contra, Hungría denuncia que en sus países vecinos se limitan los derechos de las minorías, como el uso del idioma húngaro en la educación o la administración pública. De hecho, Budapest llegó a bloquear el acercamiento de Ucrania a la OTAN al considerar que Kiev limitaba el uso de húngaro para la minoría magiar del país.

EL SIMBOLISMO DE TRIANON

Cuando Orbán asegura representar a los "15 millones de húngaros", incluye a los 5 millones de húngaros étnicos que son ciudadanos de otros países, algunos de ellos socios de Hungría en la UE.

Recientemente, provocó el enfado de Croacia, Rumanía y Eslovenia por publicar en las redes sociales un antiguo mapa de la Gran Hungría que quedó rota por Trianon. Muchos húngaros llevan ese mapa en forma de pegatina en sus coches, en una señal más de que el trauma sigue vivo.

El Gobierno pretendía inaugurar este 4 de junio un monumento dedicado a la pérdida de territorio nace justo un siglo, aunque la pandemia del coronavirus ha obligado a aplazar el acto al 20 de agosto, Día Nacional de Hungría.

Eso sí, a las 16:30 horas de la tarde, el momento de la firma del Tratado en 1920, el tránsito se parará en Budapest durante un minuto en recuerdo de lo sucedido hace un siglo. EFE.