HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

Piratas, corsarios, filibusteros y otros profesionales del abordaje en el Mediterráneo en el XVII


  • Escrito por Adoración González Pérez
  • Publicado en Historalia
(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

La pintura de temas marítimos del siglo XVII ofrece un fondo interesante que acompaña a los acontecimientos históricos que se desarrollaron en las aguas nuestro mar Mediterráneo, de cuyo testimonio, las embarcaciones que sufrieron asaltos y saqueos han dado paso a todo tipo de relato literario e iconográfico. Nos fijamos en el cuadro de este maestro holandés, Andries van Eertvelt, cuya forma de interpretar este tipo de escenario se ajustaba bien a los gustos y estilos de su tiempo, al menos de la etapa que se ha considerado manierista, donde los cuadros de batallas que se desenvolvían en atmósferas dramáticas de asaltos y defensas, en aguas turbulentas con cielos de tonos verdes y azules contribuyen al drama, unas veces inventado pero en otras ocasiones siendo la secuencia testimoniada de verdaderos enfrentamientos históricos.

Al ser este uno de los géneros preferidos en los maestros holandeses de ese siglo, destacaríamos por su magnífica forma de reproducir paisaje, cielos, aguas y elementos a artistas como Salomón van Ruysdael, Simón de Vlieger y muchos otros que, a nuestra opinión, fueron precedente de maestros ingleses, por ejemplo, preimpresionistas, como el mismo William Turner. El Museo de El Prado de Madrid, como los museos británicos y europeos custodian las obras de estos maestros, muchos también gracias a la labor de mecenazgo y coleccionismo de las monarquías de ese momento.

Los hombres del mar

Para el siglo XVI en la política española un hecho decisivo fue la firma de la Paz en Vernins con el país vecino, pero los conflictos en Europa no se habían concluido, siguiendo la rivalidad con las Provincias Unidas en los Países Bajos y con la Inglaterra de la Reina Isabel I. Respecto a las fronteras meridionales el problema crucial se arrastraba en el Mediterráneo, especialmente con las costas africanas, amenazadas desde siglos por el acoso de piratas y corsarios. A partir de 1602 los giros de la política con los ingleses llevarían a dos procesos de paz, en los tratados de Londres, a los que el rey Felipe III reforzó en aras de tiempos pacíficos haciendo uso de la política matrimonial.

Sin embargo, el tema con las Provincias Unidas no quedaba cerrado respecto a la reclamación de la soberanía en los territorios. La situación de una economía seriamente dañada hacía peligrar a la Monarquía, lo que obligó a aceptar una tregua temporal con los flamencos. Un asunto de orden interno iba además a poner en más riesgo a la política en todos sus flancos; de un lado la expulsión de los moriscos, largo proceso desde 1609 a 1614, para completar la unidad cristiana y, de otro, la expulsión de berberiscos, que no habría de vender una imagen de tolerancia precisamente, teniendo presente que no solo fueron estos los únicos asuntos destacables de esos años. La rivalidad de Inglaterra y España desde el siglo XVI había llenado el mar de batallas y de piratas. Si Felipe II había dedicado mucho esfuerzo en la defensa del Mediterráneo con argumentos de todo tipo, y su hijo parecía haberse visto requerido por el giro de política hacia el interior de Europa, eso no significó bajar la guardia en el mar, como se verá.

En el encuentro de los hombres del mar, nos hallamos con distintos tipos, cada cual más interesante. Como piratas se refieren aquellas gentes dedicadas a delinquir con sus barcos, aunque de forma organizada y muchas veces impune en sus agresiones a navíos e instalaciones. Ocupados en un ejercicio similar se habla de corsarios, hombres que atacaban únicamente a barcos de países rivales, por lo que contaban con el beneplácito de una nación y su gobierno. Entre ellos existió jerarquía y profesionalidad por lo que, en caso de ser capturados por el enemigo, se consideraban prisioneros de guerra. Sin abandonar de vista costas y enclaves cercanos en la navegación aparecen los vrij buiter holandeses, los free booter ingleses, o los filibustier franceses, filibusteros, en una palabra, con otro perfil y capaces de actuaciones temerosas no solo en el asalto sino en los modos de hacerse con el botín. En todo caso, la presencia de estos individuos y sus modos de actuación formaba parte, como es bien sabido, de la otra cara del comercio y la conquista desde tiempos remotos. Con un aire más caribeño se asoman al relato los bucaneros, ya en un mundo colonial más amplio, convertidos también en “carniceros de hombres”, según la expresión de Philip Gosse, (que refiere el historiador Francisco Velasco Hernández de la Universidad de Murcia, Investigaciones Históricas 32 2021), hermanados con los filibusteros creando verdaderas sectas y repúblicas en los enclaves estratégicos de los mares.

No es que fueran bien vistos, a pesar de todo, ya que si eran capturados corrían suerte de verse enjuiciados por los habitantes del lugar y llevados a horca. Por eso recurrían a obtener de ciertos gobiernos las cartas de marea o las patentes de corso y, con mayor o menor protección algunas de estos individuos pudieron ser considerados caballeros.

Muchos puntos decisivos en las rutas de navegación de España y de su comercio se vieron afectados por dichas incursiones y presencias de piratas. En las costas andaluzas las incursiones de berberiscos eran frecuentes desde siglos y por la zona del Mar de Alborán, en el siglo XVI, los ataques de turcos, entre otros, tal vez de los más agresivos. La relativa paz que sobrevino después de Lepanto duró poco y, tras la expulsión de los moriscos habrían de resurgir los asaltos. Los corsarios buscaron nuevos puntos dirigiéndose hacia las islas Canarias y las zonas de ultramar. En el paso del Estrecho se intentó reforzar las medidas de control para hacer frente a estos ataques de ingleses y holandeses; pero, tras la idea de expulsar a los berberiscos, considerados además de infieles espías de los ingleses, la tensión iba en aumento. En esta breve referencia nos hemos ilustrado con los estudios de Valeriano Sánchez Ramos, en su Piratas y corsarios. Asaltos y saqueos em la costa andaluza siglos XV al XVIII, en Revista de Estudios Almerienses (Andalucía en la Historia Año VIII número 29. 2010). Digamos que la etapa intensa se dio a finales de los años ochenta del siglo XVI, donde nos asoman los nombres de John Hawkins, Francis Drake, y los ataques a Cádiz, y a las costas atlánticas peninsulares.

Un asunto de política europea como fue la firma de la Tregua de los Doce Años con Holanda, entre 1609 a 1621, afectaría a España que soportó además la reconversión de estos hombres como soldados y marinos profesionales, quienes aprovechando su experiencia y conocimientos del mar actuaron por su cuenta en este mundo de la piratería. Otros puertos del Levante español, como Alicante y Cartagena, sufrieron lo mismo, ante la llegada de embarcaciones y tripulaciones variadas procedentes de diferentes puntos. Entre sus protagonistas hubo militares reconvertidos a piratas, famosos, como John Ward, también conocido como Jack Ward o Yusuf Rais, inglés que se hizo corsario del país de Berbería, y que vivió entre 1553 y 1622. Obtuvo licencia de la Reina Isabel I de Inglaterra para saquear barcos españoles y, en adelante, se dedicó a muchas operaciones dentro de la piratería por todo el ancho mar, hasta que se convirtió al islam. El caso de Sir Henry Mainwaring (1587-1653), que fue abogado, soldado, escritor, marino y político, también entretenido durante algún tiempo en el mundo corsario. Robert Walsingham, también dedicado a lo mismo, sería indultado por el Rey de Inglaterra. Hombres como Peter Easton o el flamenco Simón de Dnser, al que siguieron compatriotas como Salomo de Veenboer y Jan Janszoom. Se hicieron buenas migas con los corsarios de Argel y Túnez, de lo que nacieron las escuadras mixtas de gran problema para el comercio de nuestras costas. La constante presión soportada en la zona ante estos peligros hubo de dañar seriamente la economía mercantil. El mismo rey Felipe III habría de confiar en las decisiones políticas no solo de sus validos sino de hombres con peso político, corregidores como Julián Launay, o profesionales de las mejores escuadras para hacer frente y reducir la presencia de los galeones enemigos. La navegación por mar, como cantara Espronceda y dibujara el holandés, tuvo sus riesgos y, en el siglo XVIII dio paso a nuevas formas de fortificación sin que el problema quedara eliminado totalmente. Una de piratas.

Tu opinión importa. Deja un comentario...


Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider