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"Morricone, la luz de un compositor prodigioso"

Ilustración de Fito Vázquez Ilustración de Fito Vázquez

“Y el hombre se hizo música y habitó en la pantalla”, según dice mi amigo, el actor Sergio Villanueva. Podría ser una buena definición para un compositor de bandas sonoras cinematográficas, y desde luego lo es para uno de los más sobresalientes, Ennio Morricone. Un caso único. Prodigioso.

¿Qué hacía tan especial al compositor italiano? El propio Morricone responde reflexionando sobre su oficio al afirmar que él no se dedica a traducir las imágenes a música ni a acompañar los diálogos, sino que aporta las palabras no escritas en el guión, y, sobre todo, “aquello que no se ve en la película”. Y es verdad que las composiciones para el cine de Morricone consiguen recrear una atmósfera hasta hacerla casi palpable, casi como Velázquez en su cualidad de “pintor del aire”, si se me permite el atrevimiento de tal comparación.

También era osado Morricone, el “heterodoxo”, tal y como se le ha calificado siempre; pero en cambio, y quizá por eso, sus experimentos formales conquistaron de inmediato la aceptación popular. Ocarinas, estridencias eléctricas, coros de onomatopeyas alternándose con la intensidad romántica y el clasicismo..., todo le era lícito para lograr la mayor expresividad y transmitir las sensaciones más nítidas al común de los espectadores; del aroma acre y bronco de los western de Leone, a la melancolía nostálgica y tierna del ‘Cinema Paradiso’, de Tornatore. A decir de los entendidos musicales -entre los que desgraciadamente no me cuento- el secreto está en una sabiduría musical excepcional y el don del equilibrio a la hora de levantar la compleja arquitectura de sus composiciones, que, a pesar de tanta alquimia, las hace sonar tan “limpias”.

Por otro lado, la capacidad de Ennio Morricone para “completar” las películas, ayudando así a comprender mejor la historia, suplía a veces el talento de muchos directores, como podría ser el caso de sus trabajos para los “giallos” del sobrevalorado Argento (que le consideraba “más innovador que Deep Purple”), o la torpe narrativa de Joffé en ‘La Misión’ (1986) Puestos a ser osados, me atrevo a decir que, junto a sus colaboraciones con otros autores del spaghetti western -Corbucci, por ejemplo- también supo apuntalar a un Leone que, aún demostrando oficio, intuición e inventiva en la llamada “trilogía del dólar”, no destaparía su genio hasta su última película, ‘Érase una vez en América’ (1984)

A propósito de esto, la prestigiosa directora de casting, Elena Arnao, me apunta que, más aún que Leone, es Clint Eastwood, -aquel “hombre sin nombre” que entonces era a su vez “un actor sin renombre”-, el que tiene que agradecer a Morricone el haber conseguido trascender en la industria del cine. En su día, Arnao se había encargado del reparto de la única colaboración de Morricone en el cine español; aquella ocasión se llamó “La luz prodigiosa” (2003), una coproducción italo-española con Landa, Kiti Mánver y Nino Manfredi, que fabulaba con la posibilidad de que Lorca hubiera sobrevivido a su fusilamiento.

A Miguel Hermoso no le cabe duda de que fue la fascinación de Morricone por el poeta lo que le empujó a participar en la película.

“Fue su decisión. La parte italiana quería aportar más elementos a la película, y yo lancé la idea de que me pusieran a Morricone en la banda sonora, con muy pocas esperanzas de que eso sucediera. La sorpresa fue el propio Ennio me llamara una noche para decirme que le había encantado el guión y que quería hacerlo. Porque él sólo hace las películas que le gustan”

De modo que, de pronto, por primera y última vez en la historia del cine español, Miguel Hermoso se encuentra trabajando junto a un genio al que no duda definir como un auténtico “creador”, por lo que se ve obligado a aceptar unos métodos que nos dan una idea de la independencia de Morricone, y también de su talento.

“Él nunca hace pruebas, no hay bocetos previos de la música delante de la moviola. Ve la película, y dependiendo de lo que vea hace lo que cree que debe hacer. De todas mis películas es la que menos he intervenido a la hora de decidir sobre la banda sonora”

El director reconoce que aquella experiencia fue “un privilegio que me hizo aprender unas cuantas cosas” Al parecer, el magisterio de alguien como Morricone iba más allá de la composición de la banda sonora.

“En la película apreció cosas en las que ni yo había reparado, y que acabaron modificando el montaje; por ejemplo, me recomendó que restara comicidad a Landa y le diera más dramatismo. Y tengo que decir que acertó”

Esa comprensión total de la obra cinematográfica explica la presencia tan relevante de las composiciones de Morricone en todas y cada una de las películas en las que participa. Es un marchamo de autor que se hace uno con el resto de los elementos del filme y contribuye decisivamente a su calidad, además de hacerlo candidato a la inmortalidad por alguno de sus pasajes musicales. En este sentido, “La luz prodigiosa”, dejando aparte su meritoria dirección y labor actoral será siempre recordada por una canción. Y eso, en contra de la primera intención de Hermoso.

“Yo tenía en mente terminar la película con ‘La nana del caballo’ de Lorca, en la versión de Camarón, pero Ennio se opuso con un argumento definitivo. Tú que que opinarías -me soltó- si alguien te dijera que puedes dirigir la película pero la última secuencia tiene que hacerla Almodóvar”

Desde entonces, “La luz prodigiosa” se identifica con el tema de Morricone sobre el poema de Lorca interpretado por Dulce Pontes, con el que además el italiano solía cerrar sus conciertos. “Pues eso, un privilegio”

Y es que compositores de cine hay muchos, unos cuantos muy buenos y francamente pocos los que han logrado incorporar sus partituras a la iconografía popular, de tal modo que unos pocos compases consiguen evocar, ya no una película en concreto, sino incluso todo un género. Pensemos en Herrmann y sus colaboraciones con Hitchcock; la música tensa del compositor en ‘Psicosis’ tiene su equivalente juguetón en las notas de Mancini para ‘La Pantera Rosa’, o, en clave de aventura espectacular, en la fanfarria de John Williams que impulsa ‘La Guerra de las Galaxias’ a través de generaciones de emocionados fetichistas. En esta orla de músicos significados podríamos incluir también la épica de Maurice Jarré, especialmente redonda en los filmes de Lean, o el costumbrismo de otro italiano universal, Nino Rota (‘El Padrino’, ‘Amarcord’...)

En la opinión autorizada de Miguel Hermoso, el rasgo más definitorio de Morricone era el de poeta, y eso explica su devoción por Lorca.

“Efectivamente, poseía un lirismo desbordante. Traducía conceptos que yo asocio a la poesía”

Sea como fuere, Ennio Morricone era capaz de trascender géneros y transitar con desenvoltura estilos cinematográficos tan dispares como el Bertolucci de ese gran fresco histórico que es ‘Novecento’ (1976) junto a la reinvención del cine negro y de gángsters por parte de Brian de Palma en “Los intocables de Elliott Ness” (1987), y la inclasificable comedia ‘Pajaritos y Pajarracos’ (1966), de Pasolini.

Lo hacía sin despeinarse, de modo que uno empieza a pensar que la inspiración tan versátil de Morricone debe de responder, seguramente, a su gran comprensión de un género más amplio que el cinematográfico: el humano. Esa humanidad es la que ha conseguido que a su muerte el mundo entero se sienta tocado por su desaparición, que nos hayamos dado cuenta de pronto de lo mucho que nos ha ido dando Ennio Morricone a lo largo de su carrera y nuestra vida. En palabras de Elena Arnao,“resulta imposible desligarle de nuestras emociones”

Estoy convencido de que los personajes de ficción que habitaron en su música, hasta los más duros, lloran también su pérdida.

 

Media

Humorista multidisciplinar: Guionista de televisión y viñetista desde los tiempos de “Diario 16”. La realidad no sólo supera a la caricatura sino también al dibujante.