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"Kirk, el triángulo invertido"

© Fito Vázquez © Fito Vázquez

Se ha ido un icono, una leyenda, un héroe, mitológico hijo de dios profano. Kirk Douglas era un triángulo en el que se unían por los vértices presencia, talento interpretativo y conciencia de clase. La máscara de un siglo consumido no consiguió erosionar aquellos rasgos afilados dentro de su triángulo invertido. El hoyuelo era una anécdota, o el dedo de la divinidad señalándole -quizá advirtiéndole- su naturaleza de elegido; porque “el hijo del trapero”, judío nacido al filo de la Revolución Rusa, de padres campesinos originarios de la actual Bielorrusia, había sido marcado para encarnar en el Olimpo del Cine al más genuino héroe proletario.

Kirk Douglas era, efectivamente, ‘Espartaco’, el desheredado, y con él todos los que en los cines de barrio -y en ese concepto incluyo las sobremesas televisivas - también nos llamábamos ‘Espartaco’. Kirk representaba un puro músculo con alma cuando las películas de acción se decían “películas de aventuras”, ya interpretando al gladiador esclavo o al reverso oscuro, tuerto y brutal del mismo héroe en ‘Los vikingos’ (Fleischer) Y además, junto a su mismo segundo, el femenino Tony Curtis.

El mito podía proyectar luz y la oscuridad con el mismo nervio con que entrenaba en su papel de boxeador en el ‘Idolo de barro’ (Robson) La progresión dramática que logra en esta película, a medida que los puñetazos se convierten en ira, es sólo comparable a la que representa en ‘El loco del pelo rojo’ (Minelli), donde la más alta aspiración artística va fraguando la mayor de las desesperaciones.

En Douglas -el patriarca junto al que cualquier heredero parece un facsímil- coincidieron el hombre de cine como negocio, dentro y fuera de la pantalla; dentro, su perfil más duro sostuvo al personaje protagonista de la extraordinaria ‘Cautivos del mal’ un ejercicio de meta cine que destapaba la perversidad y la miseria de la industria del cine, también de Minelli. Pero fuera de la pantalla su papel no fue menor, aquí como héroe luminoso capaz de desafiar a un Hollywood acobardado por el “macartismo” para rescatar al gran guionista Dalton Trumbo y ponerle en los créditos de ‘Espartaco’.

‘Espartaco Douglas’ amaba la libertad con la misma pasión y arrojo que el talento, y en el papel de productor de carne y hueso, con una visión de águila acorde a sus rasgos, no dudó en poner al frente de su película emblema a un director apenas rodado -valga el juego de palabras- llamado Stanley Kubrick; según palabras de Douglas, “el hijo de puta más genial que había conocido nunca” Y aún así, a pesar de sus desencuentros creativos volvió a contar con él para dirigirle en otra película que le haría inmortal, ‘Senderos de Gloria’, una de las mejores fábulas anti belicistas que ha dado el cine.

Las dos películas más emotivas de Kubrick son obra a su vez de Kirk Douglas, que además de un dios era humano, muy humano, y en esa ambigüedad comprendía muy bien las pulsiones y debilidades de sus personajes. Si hubiera que buscarle un análogo entre sus compañeros de Olimpo, ese quizá sería el también estupendo Burt Lancaster, con quien compartía un pasado trapecista y una vehemencia de altura en muchas de sus interpretaciones. Por algo hicieron un perfecto tándem en ‘Duelo de titanes’ (Sturges) revalidado en la otoñal -y muy mediocre- ‘Otra ciudad, otra ley’ Cabe pensar que la hicieron sólo por el placer de volver a compartir territorio; es decir, pantalla.

En el plano real, Burt y Kirk siempre fueron leales a sus orígenes humildes; el primero los reivindicaba como parte de su personalidad, y de Lancaster se sabe que siempre mantuvo y ayudó a los amigos del Harlem que le vio crecer, el “mudo” Nick Cravat entre ellos. Con la misma sonrisa de dientes apretados y estampa de integridad, Burt Lancaster tenía además un halo melancólico e introspectivo que con el tiempo le permitiría interpretar al aristócrata de ‘El Gatopardo’ (Visconti) En cambio, la naturaleza de Kirk Douglas, aún con todos sus matices, fue la del héroe destinado a mover a las masas en un grito.

Y sí, yo también soy Espartaco.

Humorista multidisciplinar: Guionista de televisión y viñetista desde los tiempos de “Diario 16”. La realidad no sólo supera a la caricatura sino también al dibujante.