LA ZURDA

La Federación Universitaria Escolar

La Federación Universitaria Escolar, conocida como la FUE, fue una organización universitaria y escolar española que apareció en la etapa final de la Dictadura de Primo de Rivera, y adquiriendo un protagonismo clave en su crisis, en el advenimiento de la Segunda República, y como modelo para el movimiento estudiantil antifranquista de los años sesenta. Su importancia es clave, además, en la historia universitaria española por los logros que consiguieron en relación con la participación democrática de los estudiantes en la Universidad y en el fomento de la cultura entre el pueblo. Representó una alternativa laica frente a las asociaciones confesionales, como la Confederación de Estudiantes Católicos de España, así como ante las de signo tradicionalista y, posteriormente, falangista.

Los precedentes de la FUE deben buscarse en las asociaciones estudiantiles de tendencia liberal de principios del siglo XX, como la Unión Escolar, asociación fundada por Filiberto Villalobos. El precedente más directo sería la Unión Liberal de Estudiantes (ULE), creada en 1924. La ULE fue perseguida por la Dictadura, que nunca tuvo el apoyo de la Universidad. Esta persecución motivó que muchos estudiantes decidieran crear una asociación que no tuviera connotaciones políticas. Entre estos estudiantes destacaron Emilio González, José Dicenta, José Medina, Antonio María Sbert o Prudencio Sayagués. Transformaron las asociaciones profesionales que se habían creado por un decreto previo a la Dictadura del año 1919 y debido a César Silió, en otras más modernas y eficaces, pero desde la neutralidad política y religiosa. Se entroncaba, de ese modo, con el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. La FUE se creó en el curso 1926-1927. Entre sus directivos de primera hora estarían Antolín Alonso Casares, Arturo Soria, José López Rey, Eduardo Carlos Gilabert y Carmen Caamaño.

La primera acción de los estudiantes tuvo que ver con la protesta por el expediente abierto a Luis Jiménez de Asúa por una conferencia que pronunció en la Universidad de Murcia sobre el control de la natalidad.

En 1928 un comité a favor de la UFEH pidió la legalización de la organización federal, pero el gobierno se negó. Este hecho, pero sobre todo la Ley del 29 de mayo de 1928 de Eduardo Callejo de la Cuesta provocaron que llegara a un punto máximo la tensión en la Universidad española. Los estudiantes se enfrentaron a la política educativa de la Dictadura. Uno de los puntos clave de la oposición estudiantil estaba en el rechazo a un artículo de la disposición legislativa de Callejo que favorecía a las universidades privadas de Deusto y El Escorial. Estallaron huelgas y disturbios, duramente reprimidos, con cierres gubernamentales de las Universidades de Madrid y Barcelona, y sanciones a profesores, pero se consiguió la abolición del artículo 53 de la disposición legal que permitía la expedición de títulos universitarios a las dos universidades privadas. En todo caso, los estudiantes siguieron luchando porque el dirigente de la FUE, Sbert, seguía expulsado. Pero, además exigían que fueran rehabilitados los profesores sancionados y se reconociese el derecho a la libertad de asociación estudiantil. Sin lugar a dudas, entre los factores que precipitaron el fin del dictador estarían las protestas estudiantiles, inaugurando un protagonismo estudiantil en el descontento social, solamente precedido por los hechos de la noche de San Daniel en la crisis del reinado de Isabel II.

Por fin, en abril de 1930 la UFEH pudo celebrar su congreso constituyente. En julio el ministro de Instrucción, Elías Tormo, los aprobó. La UFEH, o las FUE se extendieron por todas las universidades españolas y contribuyeron a la llegada de la República a España. En el nuevo régimen consiguieron la representación oficial de los estudiantes en los claustros universitarios, juntas de gobierno y consejo universitario. Su interés en esta época se centró, además, en participar en la reforma de la enseñanza y en el intento de que las clases populares accedieran a la cultura y la educación. En este sentido, se creó la Universidad Popular y se fomentó la extensión universitaria.

A partir de 1933, a la FUE le salió un oponente en la Universidad, el SEU, o Sindicato Español Universitario de la Falange. Ante este hecho, y el auge del fascismo, la FUE abandonó su primigenio carácter apolítico y neutral por una encendida defensa del antifascismo, comprometiéndose de forma activa en la defensa de la democracia y de los valores de la República Española. Al estallar la guerra civil optó por la defensa de la legalidad republicana y sus miembros lucharon en el frente o actuaron en la retaguardia en tareas educativas, culturales, asistenciales y sanitarias.

Al terminar la guerra algunos afiliados se organizaron para establecer una FUE clandestina, aunque terminó por decaer entre los años 1946 y 1947. En el exilio continuó existiendo la FUE en París y en México.

Es muy interesante consultar la edición facsímil de siete números (1932-1933) de F.U.E. Órgano de la Federación Universitaria Escolar. La publicación ha sido coordinada por Salvador Albiñana y M. Fernanda Mancebo. La edición es del año 2000.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.