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Lloviendo piedras y Un traje blanco: catolicismo social y obrerismo desde dos ópticas muy diferentes


Fotograma de la película "Lloviendo piedras", dirigida por Ken Loach Fotograma de la película "Lloviendo piedras", dirigida por Ken Loach

Puede parecer arriesgado realizar un ejercicio comparativo entre dos películas tan aparentemente distintas. La primera, Lloviendo piedras (1993), es un alegato a la dignidad de la clase trabajadora desde una óptica ideológica socialdemócrata y de clase, si bien muchos críticos afirman que es la obra políticamente menos explícita del director Ken Loach. En segundo lugar se encuentra Un traje blanco, un largometraje dirigido por Rafael Gil en 1956 en el que se narra la historia real de un niño que trabaja explotado en una mina y sufre un accidente laboral. Ciertamente, esta última película bebe del lenguaje propio del cine católico de la época, especialmente de la influencia que Marcelino Pan y Vino dejó en el séptimo arte español protagonizado por niños hasta finales de los cincuenta. Serían, por tanto, dos películas ideológicamente situadas en las antípodas.

No obstante, un primer trazo de sus similitudes se puede hallar en el mismo argumento. En efecto, ambas películas desarrollan su trama con una finalidad en común: que los niños protagonistas puedan celebrar su primera comunión con un traje nuevo. En el caso de Lloviendo Piedras esa lucha por obtener la vestimenta se plasma en los esfuerzos del padre protagonista (Bob) a través de empleos precarios y el robo, mientras que en la cinta de Rafael Gil se denuncia claramente un suceso laboral que a día de hoy es considerado ilegal.

Es precisamente en este punto donde las dos historias se encuentran, en la búsqueda de la dignidad laboral tanto en sus condiciones físicas como en sus salarios. Todo ello se circunscribe en un halo de catolicismo social manifestado por el entorno, la experiencia religiosa y cultural de los protagonistas. Así es, los principios de la doctrina social de la Iglesia en materia de justicia social, derecho al trabajo y la protección a la infancia se materializan con una perspectiva católica, ya sea desde la militancia (Rafael Gil plasma todos los esfuerzos del protagonista con una mayor presencia de los aspectos trascendentales) o desde la propia cultura del hecho religioso (Loach usa el contexto de una familia católica para desarrollar una historia en la que el fin último queda sepultado por el medio para obtenerlo).

De este modo, la relación entre el contexto social y la fe cristiana se traducen en dos experiencias diferentes. La óptica infantil de Un traje blanco omite la crítica a las diferencias de clases y ofrece una resolución cargada de una caridad paternal. Es decir, el niño (Marcos) obtiene el traje de comunión, pero su situación económica queda sin resolver y no es importante a los ojos del guion. Lloviendo piedras tiene un desenlace similar tras la condonación de las deudas contraídas por el protagonista, pero también concluye con otra enseñanza moral: su orgullo y sus malas elecciones se ven también saldados con la elección de un nuevo modo de vida. En definitiva, las buenas decisiones de Marcos y las malas de Bob llevan a la misma situación, la celebración ideal de la comunión, pero el camino para llegar a ella brinda la explosión de la solidaridad por un lado y el crecimiento en valores por otro.

Conviene, en definitiva, revisar ambos largometrajes para reflexionar sobre estas cuestiones y entender como los problemas del mundo obrero en relación a una perspectiva católica pueden tener diferentes interpretaciones en el cine según las convicciones de los creadores. En este caso, el uso cultural del catolicismo social de Ken Loach ofrece al final una enseñanza que puede ser entendida por el espectador en clave religiosa (a ello podría ayudar también el papel del sacerdote en la película) y Un traje blanco ofrece de forma explícita una cándida lección militante que pretende realzar las virtudes teologales. La moral y la búsqueda de justicia están, en consecuencia, presentes siempre.

Fotograma de la película "Un traje blanco", dirigida por Rafael Gil

Doctor en Historia por la Universidad de Alcalá y especialista en la etapa contemporánea. Ha ejercido como profesor universitario y ha escrito numerosos artículos sobre cine e Historia Contemporánea en diversos medios.