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Los problemas iniciales del sindicalismo del calzado en Sitges

Los socialistas de Sitges se pusieron en marcha en 1900 para poner organizar una Sociedad de Resistencia entre los trabajadores del calzado de la localidad, que se concentraban en tres fábricas en ese momento. Al parecer, el objetivo se cumplió rápidamente, porque muchos de los trabajadores de esas fábricas se afiliaron a dicha Sociedad.

Para organizar la misma se creó una comisión de miembros de otras Sociedades, formada por destacados socialistas de Sitges de ese momento, como J. Durán, como presidente, J. Capdet de secretario, y J. Montserrat, que actuaría como tesorero.

La Sociedad llevaría una escasa semana de vida cuando comenzaron los problemas, derivados de la presión patronal en contra del asociacionismo obrero, una de las cuestiones más recurrentes de las primeras décadas después de la legalización del asociacionismo.

En ese sentido, el fabricante Tarrida, a través de sus encargados, avisó a sus trabajadores que si no querían ser despedidos debían darse de baja de la Sociedad de Resistencia. Su presión debió dar sus resultados porque, como explicaba la crónica que se publicó en El Socialista, contrataba a muchas mujeres y niños, por lo que, creemos que, o no estaban afiliados, o el cronista consideraban que eran la parte más débil del personal contratado y, por lo tanto, cedieron. En todo caso, también la noticia exponía que muchos no lo hicieron y, en consecuencia, fueron despedidos.

Al parecer, Tarrida acudió a los otros fabricantes, Monteys y Niubó, para que hicieran lo mismo en sus fábricas. Monteys hizo lo mismo que Tarrida en su fábrica, pero Niubó no estuvo de acuerdo y no presionó a sus obreros. Monteys, además, aprovechó la situación para introducir cambios en la forma de pagar los jornales.

Aunque el juez tuvo conocimiento de la presión de los dos patronos no hizo nada al respecto, aludiendo a que no era de su competencia, sino de la autoridad gubernativa. Tampoco hizo nada en relación con el asunto salarial. Pero sí, en cambio, acusó a los trabajadores de la fábrica de Monteys de haber abandonado el trabajo, advirtiéndoles que tuvieran cuidado.

El clima se fue enrareciendo en el entorno de la fábrica de este empresario, intentando que sus encargados reclutasen personal, además de la presencia de la Guardia Civil. Algunos de los trabajadores fueron llamados ante el alcalde, el juez y el cabo de la Guardia Civil para que se declarasen autores de amenazas hacia otros compañeros, aunque aquellos se negaron a admitir esta acusación. También se les informó de que no podían ir en grupo, ni frecuentar el Centro Obrero. Si no obedecían fueron advertidos de que serían detenidos y enviados al Gobierno militar en Barcelona.

Esta presión generó una oleada de solidaridad entre el resto de los obreros y Sociedades de Resistencia, como lo demostrarían las aportaciones económicas en favor de los huelguistas.

No deja de ser interesante observar que el corresponsal que informó al periódico obrero aludió a que el empresario Monteys era catalanista. En otros trabajos hemos explicado el enfrentamiento entre los socialistas y el catalanismo en esta localidad catalana.

Hemos trabajado con el número 757 de El Socialista, del 7 de septiembre de 1900.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.