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Los fósiles de Arevalillo de Cega

Foto de Eduardo Montagut. Foto de Eduardo Montagut.

No descubrimos nada si afirmamos que en esa España que se ha denominado como vaciada hay infinidad de tesoros. En estos tiempos en los que es recomendable, si queremos y podemos salir de casa, emprender viajes a lugares o zonas sin aglomeraciones proponemos una pequeña aventura al sur de la Submeseta Norte, en Castilla y León.

Así es, en la provincia de Segovia, en la localidad de Arevalillo de Cega, perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza, se puede disfrutar de los restos del Cretácico ahora mismo. No muy lejos de su iglesia, con su pórtico de columnas toscanas y un elegante reloj de sol, además de un interesante ábside románico, se expone al aire libre un conjunto de fósiles del Cretácico superior, es decir, de hace unos noventa millones de años.

Pues bien, en aquella época, el paisaje no era como el de ahora, de trigos, girasoles, encinas, y con un monte de sabinas (“La Lastra”), otro de los grandes atractivos de este pueblo pequeño, pero que posee hasta barrio propio donde se marcaba al ganado al lado de la herrería. El terreno del Cretácico en esta zona estaba surcado por ríos con canales que se entrelazaban, y que transcurrían por lo que hoy sería gran parte de la provincia de Segovia, arrastrando arenas y gravas de cuarzo, que procedían, lógicamente, de las zonas más elevadas de lo que hoy serían las provincias de Salamanca y Cáceres, y que desembocaban en el mar de Tethys, situado, aproximadamente en las actuales Teruel y Valencia.

Como decíamos, los canales estaban entrecruzados, dejando entre ellos unas barras, encharcamientos, lagunas y hasta islas en gran número. En los márgenes de los canales se acumulaban mantos de arenas silíceas, que constituían un buen terreno para que la vegetación se desarrollase. Y en esa vegetación destacaban las coníferas.

El proceso de fosilización de los troncos de estas coníferas tiene que ver con la petrificación. El árbol moría y quedaba con el tiempo enterrado bajo las arenas mencionadas, y en unas condiciones específicas óptimas, es decir, con una mínima oxidación. El tejido vegetal se fue sustituyendo por el ópalo, una variedad del cuarzo. Esta sustitución mineral permitió que se preservase la anatomía del tronco de árbol, que es lo que podemos ver nosotros actualmente. Por otro lado, también podemos contemplar bloques de paleosuelos arenosos cementados por óxidos de hierro, característicos de suelos ferruginosos propios de climas cálidos y muy húmedos, originados en esos márgenes de los ríos.

Así pues, un poco de Cretácico en la provincia de Segovia.