Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

La solidaridad obrera en el Congreso de Copenhague de la Segunda Internacional

Una de las cuestiones capitales que se trató en el Congreso de la Segunda Internacional que se celebró al final del verano de 1910 en Copenhague fue la de la solidaridad obrera, uno de los pilares del internacionalismo.

Efectivamente, la Segunda Internacional quería dejar claro que el espíritu del movimiento obrero era esencialmente internacionalista, y que existía una tradición de solidaridad obrera que se remontaba a los orígenes de la Primera Internacional.

Esos dos principios provocaron que se hiciera un llamamiento a los trabajadores de todos los países para que practicasen la solidaridad cada vez que estallase un conflicto de tal magnitud entre el trabajo y el capital que los trabajadores de dicho país no pudieran hacerlo frente con sus propios medios. Esa solidaridad se manifestaría aportando medios para sostener a los compañeros con subvenciones.

Esta era una acción cada vez más necesaria porque se estaba transformando el sistema económico, ya que, el poder del capitalismo se concentraba, consecuencia, como sabemos de la Segunda Revolución Industrial, en trusts, cartels, uniones patronales nacionales e internacionales. Por otro lado, los obreros también estaban fusionando sus fuerzas, como respuesta a esta concentración, en confederaciones nacionales de trabajo. Es evidente que la lucha entre capital y trabajo estaba adquiriendo desde hacia un tiempo una dimensión mayor. Se citaban “grandes batallas sindicales” provocadas por lock-outs a gran escala como los que se habían dado en Dinamarca en 1899, el de Suecia de 1909 o el más reciente de Alemania en 1910. Constituía, por lo tanto, una necesidad urgente concentrar la fuerza de la clase obrera del mundo entero para el momento en el que los obreros de todo un país o de toda una profesión se encontrasen bajo la amenaza de ser aplastados por los capitalistas que se movían unidos.

Pero, además, la Segunda Internacional era consciente que para conseguir este objetivo necesitaba el concurso sindical, por lo que recomendaba a la Internacional Sindical que estudiara las mejores medidas para reforzar el principio de la solidaridad. En todo caso, la Segunda Internacional recomendaba algunas cuestiones. En primer lugar, se pedía que las organizaciones sindicales se aproximaran cada vez más en cada país y fuera de las fronteras. En segundo lugar, había que revisar los Estatutos de los sindicatos y federaciones para eliminar de los mismos todo lo que pudiera dificultar la acción internacional. Además, había que mejorar y extender las relaciones internacionales de la prensa socialista y obrera. Los periodistas socialistas donde se preparase un conflicto de envergadura o que hubiera ya estallado debían estar especialmente obligados a transmitir de forma inmediata las informaciones a sus colegas extranjeros, que deberían publicarlas rápidamente como medio para despertar la solidaridad de los obreros de otros países hacia dicho conflicto, y para desmentir las informaciones y opiniones de las denominadas “agencias a sueldo del capital”. Por eso, se recomendaba, por fin, que en cada país hubiera una prensa obrera bien desarrollada, una verdadera obsesión de todos los partidos socialistas.

Hemos trabajado como fuente principal con el número 1279 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.