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El Congreso de Zúrich de la Segunda Internacional y las trabajadoras

El Congreso de la Segunda Internacional, celebrado en agosto de 1893 en Zúrich, aprobó una resolución final sobre las trabajadoras, que refleja la consideración social del socialismo sobre el trabajo femenino a finales del siglo XIX, y sobre su enfrentamiento con el sufragismo.

Los socialistas consideraban que el sufragismo, denominado como movimiento femenino burgués, rechazaba la aprobación de una legislación protectora en favor de las obreras porque se contemplaba como un ataque a la libertad de las mujeres, pero también a la igualdad en relación con los hombres. De ese modo, el socialismo internacional opinaba que, por un lado, ese movimiento no contemplaba la sociedad del momento, basada en la explotación del hombre y de la mujer de la clase trabajadora por parte de la clase capitalista, y, por otro, desconocía el papel asignado a la mujer de ser madre, tan importante “para el porvenir de la sociedad”.

Esta consideración previa a la batería de acuerdos tomados resume el planteamiento del movimiento obrero socialista del momento. En primer lugar, estaría el rechazo al feminismo de raíz burguesa, precisamente, por ese carácter asociado a la clase explotadora. En segundo lugar, es innegable el sentido paternalista que desprende el considerando previo de los acuerdos que se tomaron, planteando la necesidad de proteger a la mujer trabajadora, que parece que, ante todo, su misión era la de ser madre. En este sentido, es muy significativo que la idea de la legislación laboral se fuera abriendo paso en Occidente desde una perspectiva de género, según nos explica Gloria Nielfa, es decir, se aceptaría en primer lugar en relación con la mujer desde una óptica proteccionista. Se consideraba a las mujeres como mano de obra débil, y que estaban destinada a otras funciones, como la de la maternidad, por lo que su presencia en el ámbito laboral era contemplada como una especie de accidente inevitable. Pues bien, parece evidente que este enfoque era compartido por el movimiento obrero socialista.

Así pues, en Zúrich se consideró que era un deber de los socialistas insistir sobre la aplicación de una legislación protectora de las obreras, concretada en los siguientes puntos:

  1. Jornada máxima de ocho horas para las mujeres y de seis horas para las jóvenes menores de 18 años. En realidad, en esta cuestión, no se pedía nada especialmente distinto a lo que se reivindicaba para el conjunto de los trabajadores.
  2. Descanso continuo de 36 horas cada semana. Supresión del trabajo nocturno.
  3. Supresión del trabajo de la mujer en todas las industrias perjudiciales para la salud.
  4. Suspensión del trabajo dos semanas antes y cuatro después del parto para las mujeres embarazadas.
  5. Nombramiento de inspectoras de trabajo para todas las industrias donde se empleasen mujeres.
  6. Aplicación de las anteriores medidas a todas las mujeres que trabajen en fábricas, talleres, almacenes, industria doméstica o en la agricultura.

Es muy interesante la consulta de las obras de investigación de Gloria Nielfa, como “Trabajo, legislación y género en la España contemporánea: los orígenes de la legislación laboral”, que podemos consultar en la red, así como su trabajo de 1996, “Trabajo femenino, legislación laboral y sindicalismo”, en Sindicalismo y vida obrera en España, publicado por la UGT. Por otro lado, hemos consultado el número 390 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.