Quantcast
ÚNETE

La Segunda Internacional y la defensa de Finlandia en 1910

El Congreso de Copenhague, celebrado entre el 28 de agosto y el 3 de septiembre de 1910, tomó una serie de resoluciones sobre la situación de diversos países en ese momento. Entre ellas, se dio una sobre la situación de Finlandia en relación con el Imperio zarista, ya que seguía perteneciendo al mismo, y no pudo independizarse hasta el estallido de la Revolución Rusa.

Finlandia había pertenecido a Suecia durante muchos siglos, pero en tiempos de las guerras napoleónicas la situación cambió. El zar Alejandro I había firmado con Napoleón el Tratado de Tilsit en 1808, que le dejó las manos libres para ocupar Finlandia. Por el Tratado de Friedrickshamamn de 1809, el país pasó a ser un Gran Ducado con autonomía en diversas materias: Dieta parlamentaria propia, ejército, moneda, etc.

En 1899, el zar prohibió el ejército finlandés e impuso el uso del idioma ruso en la administración, lo que supuso una clara merma de la autonomía del Gran Ducado. A partir de la Revolución rusa de 1905 se flexibilizó la presión rusa con una nueva Constitución, que creó un Parlamento elegido democráticamente, incluyendo a las mujeres en el derecho al sufragio. Pero la victoria socialista de 1907 hizo que los rusos intensificaran la represión.

Así pues, el Congreso de la Segunda Internacional condenó la política seguida por el zarismo, considerándola como bárbara, incluyendo la seguida por los representantes de los grupos poderosos (“clases poseyentes”) en la Duma y el Consejo de Estado. Para los socialistas el objetivo era claro: acabar con la autonomía y libertades que Finlandia había conquistado.

Rusia había hecho retroceder a Finlandia a 1905, cuando se había conquistado esa autonomía, suprimiendo la Constitución frente a la voluntad de los finlandeses. Se trataría de una consecuencia más de la política de rusificación emprendida contra las nacionalidades no rusas.

Pero, además, los socialistas criticaban a la opinión pública internacional que, aunque era mayoritariamente favorable a los finlandeses, no promovía ninguna acción contra San Petersburgo. No olvidemos el giro realizado por franceses y británicos hacia los rusos en el juego de alianzas previo a la Gran Guerra, y que se coronaría en la Triple Entente.

El Congreso quería expresar su solidaridad con los socialistas de Finlandia porque habían intentado salvar la libertad, la democracia, y promovido el desarrollo del pueblo para que fuera dueño de su destino. La batalla no sólo era por el triunfo del socialismo, sino por el de la democracia. El Congreso expresaba su confianza en la fortaleza del proletariado finlandés, en la esperanza de que caminase pronto con el ruso para luchar solidariamente contra el mismo régimen de opresión, un deseo que, como bien sabemos, terminaría por hacerse realidad unos años después.

La Segunda Internacional animaba a los Partidos Socialistas y a todos los demócratas a protestar por esta situación en los parlamentos, o a través de mítines, o cualquier medio. El Congreso instaba al Comité Socialista Internacional para que se pusiera en marcha y tomase medidas para organizar en todos los países una demostración potente de los trabajadores ante lo que estaba ocurriendo en Finlandia.

Hemos consultado el número del 16 de septiembre de 1910 de El Socialista. El lector en castellano puede acercarse a la historia del país báltico con una monografía de David Kirby, que en España publicó Ediciones Akal en 2010.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.