Quantcast
ÚNETE

Tres acuerdos del Primer Congreso del PSOE

Además de los objetivos y medios para conseguirlos que se debatieron y aprobaron en el primer Congreso del PSOE de agosto de 1888 y se plasmaron en el Manifiesto público, se tomaron tres grandes acuerdos que pasamos a comentar porque definen, especialmente el primero de ellos, la estrategia política del Partido durante mucho tiempo.

El primer acuerdo se refería a la actitud a seguir con los “partidos burgueses”. Al considerarse que el PSOE proclamaba la lucha de clases como medio para conseguir la emancipación del proletariado (“clase desheredada”), se colocaba en una abierta oposición a todos los partidos que defendían el régimen social existente presente.

Así pues, todos los partidos burgueses, según el acuerdo, desde los más conservadores a los más progresistas o avanzados representaban a la “clase explotadora”, porque defendían la esclavitud de los obreros, a través del mantenimiento del sistema del salario, obligando a la lucha para conseguir la abolición de la propiedad privada transformándola en colectiva, “social o común”. Así pues, se acordaba que la actitud del Partido Socialista con estas formaciones políticas no podía ser, en ningún caso, conciliadora, sino de guerra constante.

Con este acuerdo se sancionaba la estrategia política del Partido, claramente inspirada por Pablo Iglesias, no sólo de combate contra los partidos dinásticos del turno de la Restauración, es decir, conservadores y liberales, sino también y, muy especialmente, contra los republicanos de todo cariz, desde el posibilismo conservador hasta el federalismo más progresista. Este asunto generó en el Partido algunas polémicas importantes, pero su línea de acción no se separó ni un milímetro de este acuerdo hasta 1909-1910 cuando las circunstancias derivadas de la Semana Trágica marcaron, junto con otros factores, el acercamiento hacia los republicanos, aunque una parte sustancial del Partido mantendría sus recelos, como se demostraría en el período previo al establecimiento de la Segunda República. Los socialistas lucharon con denuedo para intentar demostrar a los obreros que los republicanos no les representaban, y que su lugar se encontraba formando parte de una organización política plenamente obrera, la socialista.

El segundo acuerdo tenía que ver con la posición del Partido en las huelgas. Este acuerdo tenía que ver con el segundo objetivo del Partido. Si el primero era la emancipación de los trabajadores a través de la lucha de clases, el segundo se vinculaba con las mejoras de las condiciones laborales, salariales y de vida de los trabajadores mientras llegaba el final del capitalismo, y se derrocaba a la burguesía.

La huelga sería el medio que tenían los trabajadores en el terreno económico para combatir el “despotismo patronal” y hacer menos precaria su situación.

Pero, además, la huelga era un medio para fortalecer la conciencia de clase. Por otro lado, como los gobiernos solían intervenir en el antagonismo entre el capital y el trabajo, las huelgas terminaban tomando un cariz político, en la lucha de una clase contra la otra. Por eso, el PSOE debía fomentar el movimiento de resistencia y apoyar con todas sus fuerzas las batallas que las organizaciones obreras librasen con los patronos. En todo caso, conviene recordar que la UGT, no fue, generalmente, partidaria de recurrir, como primer instrumento de lucha, a la huelga, si no se habían agotado antes todos los medios de negociación. Es más, la UGT aprobaría que sus órganos centrales podían desaprobar una huelga convocada por una Sociedad Obrera o una Federación si se consideraban que la organización pudiera correr un riesgo grave. Nunca se renunció a la huelga, pero los sindicalistas pensaban mucho las consecuencias de las mismas, especialmente, si no estaba clara la victoria.

El tercer acuerdo se refiere a la vocación internacionalista del PSOE, quizás el asunto menos estudiado por la historiografía. Para el año siguiente estaba convocado el Congreso en el que nacería la Segunda Internacional, y el Partido quería estar allí porque lo consideraba un deber, y creía en el internacionalismo de la lucha. Así pues, se acordó que estaría representado en el Congreso Internacional de París con un delegado propio.

Sobre la estrategia política en la Historia del PSOE sigue siendo imprescindible la consulta de la obra de Santos Juliá, Los socialistas en la política española. 1879-1982, publicada en 1997 por Taurus. Por su parte, los acuerdos pueden consultarse en el número 132 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.