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La figura del simpatizante socialista: el caso argentino en 1930

Si consultamos la página web del PSOE encontramos una sección dedicada a la figura del simpatizante. En extracto se define la figura de la siguiente manera:

“La experiencia de los últimos años nos ha confirmado la existencia de un número importante de personas que, identificándose política o ideológicamente con el proyecto socialista y contando con la voluntad de participar en algunas de las actividades e iniciativas del PSOE, en cambio no desean adquirir la condición de militante.

Los socialistas, que hemos defendido y defenderemos el calor de la participación en sí misma como garante de la cultura cívica de la sociedad, no podíamos obviar estas nuevas demandas de participación ciudadana. Para los socialistas, la militancia supone un compromiso con nuestro Partido que no excluye, y otras fórmulas de colaboración nuestro proyecto de transformación social.

A través de la figura del SIMPATIZANTE, queremos abrirnos en mayor medida al colectivo integrado por tantos ciudadanos y ciudadanas que voluntariamente están dispuestos y pretenden contribuir a mejorar nuestra acción política, nuestros programas y las propuestas que dirigimos a la sociedad española.”

Pues bien, la figura del simpatizante no es nueva. Hemos encontrado la fórmula en 1930 en el seno del socialismo argentino. Creemos de interés abordar esta cuestión porque enriquece nuestro conocimiento sobre la historia del compromiso político en el seno del socialismo.

El compromiso ha sido una de las claves del socialismo internacional, de ahí el trabajo constante que los Partidos Socialistas, y se puede comprobar para el caso español con una consulta no muy profunda de El Socialista, para realizar actos, mítines, charlas y asambleas con el fin de difundir el ideario y conseguir más militantes. La organización en Partidos y Sindicatos ha sido siempre un valor en sí.

Los socialistas consideraban que muchos trabajadores no se afiliaban como militantes al Partido por distintos motivos derivados del trabajo, ocupación, etc., pero se sentían identificados con el pensamiento y el ideal socialistas, además de participar en los procesos electorales, momentos especiales de todo Partido. Por eso, el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista argentino había resuelto que se elaborase por los centros y agrupaciones un padrón de simpatizantes.

El Partido tenía en ese momento 2.800 militantes, pero se era consciente que no todos tenían el mismo compromiso. Se calculaba que como militantes activos habría solamente unos 1.200. El objetivo era aumentar la militancia, pero también se era consciente de la dificultad de alcanzar un número sustancialmente mayor de afiliados, debido, siempre según la interpretación orgánica, por las propias condiciones y la rígida disciplina de la organización. Y aquí encajaba perfectamente la fórmula del simpatizante, una figura de menor compromiso y tampoco tan sujeta a las estructuras del Partido, pero que podía ser un elemento fundamental en la difusión de las ideas socialistas y en algunas tareas. Los socialistas argentinos estaban intentando crecer y esta fórmula rebajada de compromiso podía ayudar en este objetivo.

Así pues, empadronar un gran número de simpatizantes, sin estar sujetos a la vida activa del Partido, podía ser fundamental para difundir el ideario, fiscalizar en los procesos electorales, etc.., además de poder fidelizar un mayor número de votos, sin exigir reglas, pero dándoles la sensación que el Partido los conocía y deseaba animarlos a la movilización en determinados momentos.

Además, con esta fórmula los propios simpatizantes se verían estimulados por el reconocimiento que el Partido realizaba de su existencia y trabajo. Podrían convertirse en agentes fundamentales para el desarrollo de la organización y para el avance electoral.

Hemos consultado el número 6821 de El Socialista de diciembre de 1930, además de la página web del PSOE.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.