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La gestión de los residuos, una tarea pendiente de las ciudades

  • Escrito por Álvaro Caballero Cortina
  • Publicado en Economía

En España los municipios, salvo algunas excepciones, reciclan poco y mal, según el barómetro Eurostat y la Alianza Residuo Cero, que sitúa la tasa de reciclaje de los residuos urbanos en un 30 %, lejos del 50 % que impone la UE para 2020.

Uno de los muchos retos medioambientales que han caído en el olvido en campaña electoral. Y ello aunque los desperdicios que generan los hogares alcanzaron ya los 21,6 millones de toneladas en 2016, un 4,5 % más que el año anterior, y su gestión es uno de los principales desafíos de muchas ciudades.

Hay sin embargo municipios que sí han hecho los deberes en materia de reciclaje, como Orba, localidad de Alicante con apenas 2.000 habitantes y una tasa de recuperación del 85 %.

El municipio, gobernado por Compromís, implantó en esta legislatura un sistema de recogida puerta a puerta (PaP), repartiendo cubos en cada hogar y siguiendo con un chip las pautas de cada vecino, además de eliminar todos los contenedores de reciclaje del pueblo (no hay ni uno en la actualidad), con lo que aumentó la tasa del 15 al 85 %.

La Unión Europea advirtió a España en 2017 de que debía potenciar este tipo de sistemas de recogida selectiva para acercarse a los objetivos, más eficaces que el tradicional de cuatro contenedores que gestiona Ecoembes, y algunas comunidades como el País Vasco o Cataluña han ido implementando progresivamente estos métodos.

En Gipuzkoa, la llegada al poder de Bildu en numerosos municipios la pasada legislatura provocó que se generalizara el sistema de recogida PaP, primero en pequeñas localidades como Usurbil o Hernani, y después en San Sebastián, lo que trajo una gran polémica por el método utilizado: unos pinchos situados en la calle donde cada tipo de residuo iba a un gancho concreto, y se recogía un día determinado.

En las ciudades más grandes sigue de momento el sistema de contenedores diferenciados, aunque muchas, como Barcelona, Madrid o Zaragoza, están implantando el quinto contenedor, el de basura orgánica -según las asociaciones ecologistas aumenta el nivel de reciclaje del 15 % al 40 %-, y algunas de ellas han creado proyectos piloto de PaP, como en el casco histórico de Sarrià, en Barcelona.

En este barrio la recogida selectiva ha crecido del 19 al 54 %, mucho mayor que la media de la ciudad (36 %), según el Ayuntamiento. Acercarse a los datos de Sarrià es lo que pretende el consistorio de Ada Colau con la nueva contrata que entrará en vigor en noviembre de este año, que busca alcanzar un porcentaje de recogida selectiva del 60 % y estudiar la ampliación a otros barrios del puerta a puerta.

Esta nueva contrata llega después de que el Ayuntamiento multara con 7 millones de euros a la empresa FCC por incumplir el contrato de limpieza y gestión de residuos en 2017. Mientras, en Madrid se generaron 1,2 millones de toneladas de residuos en 2016, 394 kilos por persona y año, y tan solo se recuperan 145.000 toneladas, un 11,7 % del total, uno de los porcentajes más bajos en las grandes urbes españolas.

Aún así, la cantidad de basura que se lanza en la bolsa de “restos” ha disminuido desde 1,1 millón de toneladas en su máximo de 2005 a 866.907 toneladas en 2015, mientras también se reducía la cantidad de bolsas de envases de 77.000 toneladas en 2007 a 65.000 en 2015 y de papel cartón (de 92.000 a 33.000 toneladas entre 2009 y 2015), según informa el consistorio.

La administración local mantiene una disputa con la Comunidad de Madrid puesto que vertederos de la región, como el de Alcalá de Henares, están al borde de su capacidad y la planta de tratamiento de residuos de Loeches, que asumirá los que hasta ahora iban a Alcalá, todavía no está construida.

Por ello, la Comunidad quiere que la planta de Valdemingómez, la que acoge los desechos de Madrid ciudad, asuma temporalmente los del este del territorio, algo que el Ayuntamiento consideró una “disparatada idea” dadas las quejas que ya ocasiona esta instalación entre los vecinos de la zona por los olores.

En la Comunidad Valenciana el debate en torno a la gestión de residuos se ha centrado en el polémico retorno de envases, un sistema mediante el cual se devuelve en supermercados los ya utilizados y se recibe una pequeña compensación económica por cada uno.

El sistema, vigente en países como Alemania, provocó tanto rechazo que el año pasado se aparcó el plan por lo menos hasta después de las elecciones autonómicas. Su Plan Integral de Residuos prevé también la prohibición de plásticos de un solo uso, como ya ha hecho Baleares y la Unión Europea recientemente, y estudia extender la recogida puerta a puerta a más municipios.

Algo en lo que coinciden todos los “ayuntamientos del cambio”, que este 26M se juegan la reedición de sus gobiernos locales, es que ninguno ha remunicipalizado los servicios de gestión de residuos tal y como muchos llevaban en sus programas electorales en 2015.

Madrid renovó en 2016 su contrato con las distintas empresas que gestionaban la limpieza y recogida de residuos, incluido con la polémica FCC, y Barcelona en Comú, el partido de Colau, se abstuvo en una iniciativa para remunicipalizar estos servicios, con lo que esta no salió adelante.

Aunque en esta campaña los residuos hayan acaparado pocos focos, el problema se plantea para la próxima legislatura como uno de los más destacados en los municipios ante la gran cantidad de desechos que se generan (531 kilogramos por persona y año, según la UE), y su cada vez más difícil gestión, ya que la gran mayoría va a los contaminantes vertederos.

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