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Acosados al límite, los jóvenes prodemocracia de Tailandia no dejan su lucha


  • Escrito por Gaspar Ruiz-Canela y Sirin Mungcharoen
  • Publicado en Global
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La líder estudiantil Rung acude a clase como cualquier otra universitaria, excepto porque debe llevar un busca policial en el tobillo y se enfrenta a 26 cargos judiciales por su activismo pacífico dentro del movimiento prodemocrático en Tailandia.

Este mes se cumplen dos años del inicio de la ola de manifestaciones multitudinarias que, lideradas por los estudiantes, pedían reformas del sistema político y la monarquía, pero este movimiento pacífico se encuentra ahora sometido a una intensa represión con más de 200 acusados.

Panusaya "Rung" Sithijirawattanakul, estudiante de 23 años en la Facultad de Psicología y Antropología en la Universidad de Thammasat en Bangkok, está acusada de 10 cargos por vulnerar la ley de lesa majestad, o artículo 112, que castiga con entre 3 y 15 años a quienes critiquen a la familia real.

También pesan sobre ella otras acusaciones por "provocar desórdenes" y vulnerar las normas de la covid-19 en las protestas prodemocráticas entre 2020 y 2021.

"Honestamente, es duro porque todo esto me impide vivir mi vida con normalidad", explica a Efe Rung en un evento organizado recientemente en Bangkok por activistas a favor de la democracia y los derechos del colectivo LGTB+.

Como otros activistas acusados, Rung vive con un monitor de vigilancia en el tobillo que le permite a la policía saber dónde está en todo momento y tiene que cargar periódicamente y vigilar que no deje de funcionar por problemas técnicos, lo que ocurre a veces.

También debe cumplir un toque de queda de nueve de la noche a seis de la mañana, así como acudir a menudo a las citas en los tribunales.

REFORMA DE LA MONARQUÍA

Con gafas y mechas rosadas en el pelo, Rung no refleja a primera vista la valentía que demostró en agosto de 2020 al pedir públicamente la reforma de la monarquía con el fin de reducir su poder e influencia, rompiendo un tabú en torno a la intocable institución real.

Los manifestantes llevaban semanas pidiendo la dimisión del primer ministro, Prayut Chan-ocha, y una reforma del sistema político para acabar con el autoritarismo, la influencia de las élites promilitares y monárquicas y la desigualdad social.

Pero fue el debate abierto sobre la monarquía lo que provocó una mayor represión con el uso de cañones de agua, gases lacrimógenos y balas de goma contra los manifestantes.

Las autoridades también emprendieron una guerra judicial que ha dejado más de 200 manifestantes y activistas, incluidos menores, acusados de lesa majestad, sedición y otros delitos, por lo que se enfrentan a largas condenas de cárcel si son finalmente condenados.

"No he ido a mi casa en dos años. Un día fue un policía a preguntar quién vivía allí. Bueno, no fue para amenazarme, pero a mí me pareció intimidatorio y desde entonces no he vuelto", afirma Rung, quien ha pasado tres veces por la cárcel y se declaró una vez en huelga de hambre ante el acoso policial.

Pese a los problemas, la estudiante está segura de que nuevas generaciones continuarán con el activismo dentro del movimiento democrático.

CRÍTICAS DE LA ONU

Las autoridades tailandesas defienden el uso de las duras leyes como el artículo 112 contra los estudiantes, a pesar de las críticas por parte la ONU. Maynu Supitcha, estudiante de 20 años en la Universidad de Rangsit en Bangkok, comenzó su activismo en las protestas de 2020 y recientemente también ha realizado encuestas callejeras sobre la monarquía y otras acciones de protesta, lo que le ha supuesto tres acusaciones por lesa majestad.

"Todos miran mucho al monitor (en el tobillo). A veces tiene problemas de funcionamiento y me provoca arañazos en el tobillo", explica Maynu, que se identifica como persona no binaria y estudia informática de juegos y deportes en línea.

De orígenes humildes, Maynu señala que su familia no entiende su activismo y ha decidido independizarse financieramente, lo que hace en parte a través de su grupo de protesta, Thaluwang.

Panupong "Mike" Jardnok, un veterano activista que se curtió en el trabajo en favor de jóvenes desfavorecidos, tiene más de 40 cargos en su contra, incluidos 16 por lesa majestad, lo que le puede llevar a pasar casi una vida en la cárcel.

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Ramkhamhaeng, Mike habla con voz pausada y suave, pero en las protestas y eventos saca a relucir su carisma y tenacidad de líder nato.

"Nos sentimos bajo presión y estresados", admite el tailandés de 25 años, aunque cree que el acoso judicial nunca acabará con el activismo prodemocrático.

"Después de nosotros, vendrá otra generación que emprenderá la lucha (...) Solo somos catalizadores y portavoces de los problemas que hay", sentencia.

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