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El Rayo cierra un curso repleto de líos sin cumplir el objetivo


  • Escrito por David Ramiro
  • Publicado en Sport

"Con la plantilla que tenemos debemos aspirar a lo máximo". Esa frase de Paco Jémez el 31 de agosto de 2019 no ha estado cerca de cumplirse en ningún momento de esta última temporada, repleta de líos y marcada por las numerosas lesiones y los asuntos extradeportivos.

Deportivamente la temporada no pudo comenzar peor. En las diez primeras jornadas el equipo solo sumó dos victorias y la primera vuelta la cerró como decimocuarto clasificado, a siete puntos de la promoción y a once del ascenso directo.

La suerte tampoco contribuyó con una lesión de gravedad en pretemporada del central internacional uruguayo Emiliano Velázquez y otras tres más antes de Navidad del portero Alberto García, el extremo portugués Bebé y el centrocampista Santi Comesaña.

La última, también grave, en febrero de este año, del delantero argentino Leo Ulloa, que dijo adiós a la temporada. Tanto infortunio hizo que Paco Jémez no cesara de pedir públicamente unos refuerzos que no llegaban y que mermaron a una plantilla que también comprobó como en el mercado de invierno su capitán y máximo asistente hasta el momento, Adrián Embarba, fichaba por el Espanyol.

Hasta el 11 de marzo que fue cedido al Deportivo, en esa plantilla estuvo el central senegalés Abdoulaye Ba, al que Paco Jémez se encargó de recordar desde pretemporada que no contaba con él y al que no se le dejó salir al no llegar ofertas satisfactorias para la directiva, pese a que el jugador llevaba también meses con la intención de irse por no contar para su técnico.

Para entonces la relación personal entre Paco Jémez y Raúl Martín Presa era inexistente. De hecho, en febrero de este 2020, el técnico llegó a decir públicamente que llevaba "tres meses sin hablar con el presidente".

Más tiempo lleva un sector muy mayoritario de la afición pidiendo la marcha del presidente, al que se le acusa de mala gestión, poca transparencia, opacidad en sus decisiones y tener abandonada a la cantera y otras categorías inferiores.

En protesta por su gestión, el estadio de Vallecas permaneció los tres primeros meses de temporada en silencio debido a una huelga de animación que solo se resolvió con una petición expresa de la plantilla para que les ayudaran en los partidos.

El estallido definitivo entre afición y directiva se produjo el 15 de diciembre, cuando aterrizó en Vallecas el Albacete. Lo hizo con un viejo conocido, el ucraniano Román Zozulya, que llegó cedido en enero de 2017 al Rayo y duró unos días, al no poder debutar ni entrenar por la oposición frontal de la afición debido a sus ideas políticas.

En ese duelo contra el equipo manchego se escucharon los cánticos 'Zozulya, puto nazi', el jugador se quejó y el árbitro decidió que no se jugara la segunda parte ante las protestas del equipo visitante para "salvaguardar la integridad" del futbolista.

Raúl Martín Presa condenó esa actitud de una parte de su afición ubicada en el fondo del estadio y la sanción llegó unos días después. 18.000 euros y clausura parcial del estadio durante dos partidos, una sanción que no gustó a la directiva, que recurrió y que debido a la disputa del final de Liga sin público no tuvo que cumplir.

Con el parón competitivo derivado de la pandemia del coronavirus no terminaron los problemas, ya que al poco de reanudarse la vuelta al trabajo a mediados de mayo los jugadores de la primera plantilla se negaron a entrenar si seguían sujetos a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). La solución costó resolverla el tiempo que tardó la directiva en rectificar, casi dos días.

Entre medias un cruce de declaraciones públicas del entrenador Paco Jémez, una respuesta del club vía comunicado justificando sus decisiones y unas reuniones muy tensas entre el técnico y el director deportivo, David Cobeño, que está ejerciendo de hilo directo con el vestuario.

A relajar el ambiente que ya venía caldeado desde inicio de temporada no ayudó el momento personal que estaba viviendo el máximo mandatario y presidente, Raúl Martín Presa, que se recuperaba en casa tras superar el coronavirus y anímicamente estaba pasando el duelo por la muerte de su padre, fallecido el pasado 12 de abril.

Bajo ese clima se reanudó la competición y el Rayo, pese a que comenzó venciendo el partido aplazado frente al Albacete, no encontró regularidad en su juego y los mismos errores defensivos que anteriormente le fueron condenando los volvió a repetir en el tramo final encajando goles en los minutos finales en partidos que tenía controlados en el marcador. El más recordado será el penalti de Luis Advíncula, a los 87 minutos, frente a Las Palmas.

El peruano cometió un fallo garrafal al derribar a un rival dentro del área, su equipo empató, las opciones de promoción se esfumaron y con la procesión por dentro abandonó el campo llorando.

Ese fue el vigésimo primer empate del equipo esta temporada. Por si fuera poco, el episodio final llegó el último día. Varios jugadores del Fuenlabrada dieron positivo en coronavirus antes de medirse al Deportivo, en un partido clave por el descenso y la promoción, y la jornada siguió adelante solo con el aplazamiento de ese duelo.

El Rayo, uno de los equipos implicados por los efectos de ese resultado, montó en cólera, pero de nada sirvió. "Ha sido la temporada más dura en mi carrera deportiva, pero tengo que asumir que tendríamos que haber sido mejores, a pesar de lo difícil que ha sido este año", dijo Paco Jémez, en su última conferencia de prensa.

Al final, 60 puntos que dejan al Rayo en la orilla. A un paso de la promoción pero que resumen como metáfora lo que ha sido toda la temporada, un quiero y no puedo. EFE.

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