El debate sobre la representación obrera en el Instituto de Reformas Sociales en 1908

En los días 13, 18 y 20 de marzo de 1908 el Pleno del Instituto de Reformas Sociales verificó los resultados de las elecciones a vocales. El secretario general planteó la cuestión de la validez de los votos emitidos por las Sociedades de Recreo y las de carácter religioso, aunque hizo constar que, aun computándolos, la victoria había sido para las candidaturas “netamente obreras”, es decir, de la UGT.

Pues bien, en el seno del Pleno del día 13 se generó una discusión que merece nuestra atención porque giró sobre el derecho o no de los sindicatos católicos a presentarse a las elecciones de vocales obreros, y sobre el sentido de la representación obrera en el Instituto de Reformas Sociales. En la polémica participaron personajes destacados, entre otros: Largo Caballero, Rafael García Ormaechea, Sánchez de Toca, el vizconde de Eza, y Gumersindo de Azcárate, el presidente del Instituto, y figura señera de la Institución Libre de Enseñanza, de la renovación pedagógica y de la cuestión social.

Al parecer, las Sociedades de Resistencia habían protestado en casi todas las actas de elecciones porque se había permitido que participasen en las mismas los Círculos Católicos, cuestión que era traída al debate del Pleno por el secretario Puyol.

Largo Caballero intervino para expresar que las Sociedades Católicas, aunque se apellidaran como obreras, no tenían derecho a votar porque su objetivo no era la defensa de los intereses de la clase trabajadora sino los de la patronal a la que ayudaban para dificultar la acción de los trabajadores organizados. Solamente, las Sociedades de Resistencia tenían como fin la mejora de los intereses obreros.

Sánchez de Toca y el vizconde de Eza defendieron, por su parte, a los Círculos Católicos, compuestos de trabajadores y patronos, preocupados por ellos. Plantearon que se había producido una especie de cisma en el seno de la clase trabajadora. Una parte se inclinaba por la lucha contra los patronos, mientras que otra buscaba la armonía con ellos. Además, criticaron lo que consideraban intransigencia de las Sociedades de Resistencia al pretender ser las únicas que aspiraban a intervenir en las elecciones, además de que sus dirigentes cohibían a los trabajadores. Recordemos que Joaquín Sánchez de Toca fue un destacado político conservador del reinado de Alfonso XIII, alcalde de Madrid, varias veces ministro, y llegó a presidir el Consejo de Ministros en la segunda mitad del año 1919, además de presidente del Senado. Se alineó con Dato frente a Maura, y fue contrario a la Dictadura de Primo de Rivera. En este sentido, cuando el rey le llamó para formar Gobierno después se negó. El vizconde de Eza también fue un prominente político en el reinado de Alfonso XIII, destacándose en varias responsabilidades, como en Fomento y Guerra.

Caballero replicó explicando lo que creía era el sentido de la misión de la representación obrera en el Instituto. Consideraba que los obreros organizados no buscaban soluciones armónicas porque eso era imposible, esperándose que cuando la clase trabajadora hubiera adquirido conciencia de su situación y derecho triunfaría con la fuerza. Pero la presencia obrera en el organismo se explicaba porque se quería suavizar la lucha, y porque mediante la concesión de ventajas para los obreros se contribuía a su emancipación. Esta acción se vería anulada el día que entraran vocales de las Sociedades Católicas porque ya no se expondrían las necesidades del proletariado, ni éste aceptaría el Instituto porque ya no le ofrecería garantías.

Se leyó un estatuto (reglamento) de un Circulo de recreo, y se consideró que las asociaciones de ese tipo no tenían derecho a participar. Pero distinto fue el caso de los Círculos Católicos. Se leyó uno de sus estatutos, donde se comprobó que el primer objetivo era congregar a los fieles bajo la autoridad papal, siendo el objetivo secundario el de socorrer a sus socios, que se dividían en protectores y protegidos, exigiéndoles que participasen en ciertas Sociedades religiosas, como Cofradías.

El presidente Gumersindo de Azcárate propuso que sí tendrían derecho a votar estos Círculos porque atendían, aunque fuera en parte, a un fin económico, el de socorrer a sus asociados. El abogado, vocal obrero y concejal socialista García Ormaechea replicó que solamente tenían ese derecho las Sociedades que tuvieran como fin principal el económico, un argumento que fue defendido por todos los vocales obreros.

Al final se votó, y la postura de los vocales obreros fue derrotada. A continuación, Azcárate reconoció la victoria de las candidaturas obreras, y anunció que, para futuras elecciones el Pleno debía establecer reglas precisas sobre qué Sociedades podían votar y en qué forma. Largo Caballero no se dio por vencido y protestó porque se hubiera computado el voto de las Sociedades Católicas porque seguía pensando que no tenían derecho, pero el criterio de Azcárate prevaleció.

Hemos consultado los números 1150, 1150 y 1174 de El Socialista, así como el Diccionario Biográfico del Socialismo Español. Sobre el Instituto de Reformas Sociales: Juan Ignacio Palacio Morena, La institucionalización de la Reforma Social en España (1883-1924), Centro de Publicaciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1988; Antonio Chozas Bermúdez, “Cien años del Instituto de Reformas Sociales”, en Foro de Seguridad Social, 2004, págs. 13 y ss. Y Ángel Luis Sánchez Martín, “El Instituto de Reformas Sociales: origen, evolución y funcionamiento”, en Revista Crítica de Historia de las Relaciones Laborales y de la Política Social, nº 8, (2014), págs. 7 y ss.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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