Los socialistas y la llegada de Maura al Gobierno en 1907

El Gobierno de Antonio Maura, entre 1907 y 1909, es conocido como el “Gobierno largo”, y de gran trascendencia en la Historia del reinado de Alfonso XIII por los intentos de reformismo conservador desde arriba y por su abrupto final a raíz de la Semana Trágica. Pero en este artículo nos interesa conocer la actitud de los socialistas cuando el político mallorquín llegó a éste su segundo Gobierno, especialmente, porque, en realidad lo que se hace es un análisis no tanto del turno político de la Restauración, sino de las formas de gobernar de liberales y conservadores, incidiendo en sus similitudes, y en sus consecuencias para los trabajadores.

Los liberales, con el marqués de Vega Armijo al frente, había, estado en el Gobierno entre el 4 de diciembre de 1906 y el 25 de enero de 1907, es decir, un mes y medio largo. Solamente dio tiempo a aprobar los Presupuestos Generales. Los socialistas afirmaban en El Socialista del 1 de febrero que los liberales habían caído del poder en medio de la antipatía general con sus “miserias y pequeñeces”, aludiendo a la ya evidente división interna en el seno de este Partido desde la muerte de Sagasta. Y, por consiguiente, dado el turno, habían sido sustituidos por los conservadores con Antonio Maura al frente.

El PSOE consideraba que no era lo mismo un Gobierno que otro, aunque todos fueran representantes de la “clase patronal”. Había diferencias entre un ejecutivo calificado de progresivo y otro de carácter reaccionario, aunque, en realidad, se afirmaba, entre los liberales y conservadores españoles no habría grandes diferencias. Se comprobaba en que ambos empleaban la represión contra los trabajadores, poniendo ejemplos de cuando gobernaban unos y otros. Pero no solamente se producía esta similitud. Había más.

A los conservadores no les gustaba la libertad de prensa (opinión), pero los liberales habían traído la Ley de Jurisdicciones, que perseguía a los ciudadanos que expresaran críticas a las Fuerzas Armadas.

Los conservadores estaban muy próximos a la Iglesia, pero los liberales que, en teoría, eran mucho menos afectos al clero, habían presentado en el parlamento la que consideraban una vergonzante ley de asociaciones, y que ellos mismos habían matado.

Los socialistas consideraban, además, que en temas administrativos eran peores los liberales que los conservadores, especialmente en el reparto de los destinos.

Así pues, para los trabajadores no había diferencia importante entre los dos partidos dinásticos. Por eso, no debían distraerse con estas cuestiones ni confiar que unos y otros realizarían una política más o menos favorable. El Partido Socialista tenía que seguir con su estrategia de propaganda política, de insistir en las causas de la explotación, y en los medios para conseguir la emancipación de los trabajadores, sin olvidar la importante misión de fortalecer la organización obrera. De ese modo, los trabajadores terminarían por reunir fuerzas para contrarrestar la influencia de la Iglesia, ganar en la lucha con los patronos, conseguir mejoras legislativas, llevar a los Municipios y a las Cortes representantes de su clase, y obligar a los Gobiernos, fueran conservadores o liberales, a tratar de otra forma a quienes realmente generaban la riqueza.

Hemos consultado el número 1091 de El Socialista. Por otro lado, para conocer la estrategia política socialista contamos con el libro de Santos Juliá, Los socialistas en la política española, 1879-1982, Taurus (1997).

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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