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EL PERIÓDICO
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El día del miedo (2)


Por las tardes el Ayuntamiento de Barcelona estaba sin el trajín de tanta gente por pasillos y ascensores que lo invadía todo por la mañana. Tras fichar el funcionariado, hasta los pasos resonaban a partir de las 15h. Daba un poco de respeto aquel gran edificio vacío, pero sin tanto público toda gestión era más eficaz, nadie te distraía.

En un despacho de la Concejalía de Cultura estábamos trabajando Xavier y yo en la preparación del carnaval de Barcelona de 1981. El proyecto estaba dirigido por Biel Moll (1941-2009).

Las elecciones municipales de 1979 habían renovado los cargos de confianza con sus respectivos concejales y concejalas, democráticamente electos por vez primera desde hacía muchísimos años. Lo demás estaba intacto, como bastantes cosas durante el inicio de la transición. Gobernaba en Barcelona un pacto de progreso entre PSC y PSUC, el alcalde era Narcís Serra.

Diría que era una tarde gris, como tantas de febrero, ya anochecía. A través de una llamada telefónica nos enteramos de la entrada de Tejero en el Congreso de los Diputados, supimos de los disparos. Xavier y yo fuimos enseguida, a toda prisa por los desiertos pasillos, hasta la sala de prensa. Nos sorprendió como algunos de los conserjes nos saludaron brazo en alto, decían “ahora vienen los míos”. ¡¡¡ Glups !!!.

Llegamos para informarnos y los teletipos funcionaban a todo trapo. Salían y salían las noticias sobre la toma del Congreso, aquellos aparatos atronaban, era como un martilleo tremendo y no hacían más que confirmar la gravedad de la situación. Nos despedimos, Xavier se fue por su lado y yo por el mío.

En aquellos tiempos ya se hablaba del “ruido de sables” y de pronto sucedió. No me pareció insólito, la transición tuvo sus deficiencias, todo era posible, y repito, sucedió.

Rápidamente fui a la sede del FAGC (Front d'Alliberament Gai de Catalunya) en calle Aribau 15. En el camino noté como la ciudad se vaciaba. Recogí cuatro documentos y enseguida estaba en mi casa, un piso compartido que había sido una comuna, calle Aragón esquina Balmes. Allí nos enganchamos a la radio.

Por aquel entonces era coordinador general del FAGC desde hacía unos meses. Como persona que tenía antecedentes “políticos” por mi militancia en el PSUC. Ante aquellos rumores del “ruido de sables”, no tenía registrada mi verdadera dirección de aquel momento en el dni, me sentía a salvo en el peor de los casos.

Miedo, mucho miedo, conocí lo que fue la dictadura y volver atrás me aterraba (dos veces estuve en prisión).

Sabiendo de ese “ruido de sables”, me había ocupado de tener a salvo los cientos de direcciones de simpatizantes del FAGC, había que ser prudente. Los folios con todos los nombres y apellidos estaban en una carpeta, creo que de color rojo, entre otras muchas carpetas de la clientela de la Librería Jaimes en Paseo de Gracia. Solamente Montse, hija de la familia propietaria, y yo sabíamos del escondite. Cada vez que había que enviar documentación, retiraba los folios con las direcciones, realizaba fotocopias en papel adhesivo, para luego cortarlas en etiquetas y con el voluntariado en la sede del FAGC se pegaban en los sobres,se llenaban y luego iban al buzón de correos. La carpeta de inmediato regresaba a la Librería Jaimes. Algo simpático o curioso es lo que poníamos en el remite: sellábamos como Fundació d'Arts Gràfiques i Comuncació (FAGC), obviamente era un invento. La verdad es que escribo esto y me asalta una fuerte emoción.

Aunque el FAGC ganó su legalización pocos meses antes (16 de julio de 1980), de hecho operábamos como habíamos hecho siendo ilegales y todavía usábamos los alias o “nom de guerre”. El mío era Petit, estaban Aloisios, Roger de Gaimon, Lubara Guilver, Nefer Nefer Nefer, Bartori, Guillem Quatre,... a cual más imaginativo. Nadie pensaba lo que llegaría pocos años después, muchos se fueron con el sida.

La noche se hizo larga, temblamos cuando se supo que los tanques estaban en las calles de Valencia.

Me dije, “Jordi, si esta va a ser tu última noche, que sea divertida” y me fui al Drugstore de Paseo de Gracia, abierto las 24h, a cinco minutos de casa. Habitual punto de ligue gay de esos años. Creo que no fui el único, y hubo “fiesta”. Regresé a casa, Barcelona estaba muda. Más tarde, apareció Jordi Pujol en los medios, había hablado con el rey Juan Carlos, y transmitió que le había dicho el monarca “Tranquil Jordi, tranquil”. Suspiramos y pasadas las 01h el monarca aparecía en Tve para condenar el golpe. Nos relajamos. Al día siguiente se recompuso la situación y pocos días después hubo una gigantesca manifestación pro-democracia. No me la perdí. Días después Tejero declaró al diario ABC que el intento de golpe de estado se debía a “la pornografía y a los invertidos”. De vuelta al trabajo, con Xavier seguimos con los preparativos del carnaval. Nos llamaron directamente de Alcaldía para que pidiésemos a carrozas y comparsas que no incluyeran nada sobre el intento de golpe de estado, que el horno no estaba para bollos. Alcaldía había recibido la misma indicación desde Capitanía General. Telefoneamos a los responsables de cada carroza y de cada comparsa y lo entendieron muy bien, de hecho el tema de cada una estaba decidido hacía meses. Durante aquella rua de carnaval todo fluyó estupendamente, aunque no faltaron espontáneos que gritaban “¡ todos al suelo!” y la gente se tiraba al suelo...

Creo que cada 23F mi compañero de trabajo, entonces un joven Xavier Sardá y yo, recordamos con espanto aquellos días de pánico e incertidumbre. Han pasado 40 años y el “ruido de sables” siguió por una larga temporada, hasta evaporarse. Aquel día quedó como un recuerdo recurrente y ya es historia.

El año 1981 siguió su curso, en Eurovisión quedamos fatal (14º puesto) y en junio abrió el primer Sexshop Gay del estado en calle Raurich 11 de Barcelona, la Sextienda. Para el Orgullo volvimos a salir a la calle, aunque entonces se llenaban más las discotecas del ambiente que las manifestaciones. Había muchas ganas de divertirse...y seguimos bailando y bailando, hasta que llegó el vih/sida, pero esa es ya otra historia.