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EL PERIÓDICO
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Ayer y Hoy


  • Escrito por Gonzalo Díaz-López
  • Publicado en Poetas

Sentados junto á la lumbre,

mano á mano, muy cerquita,

están un viejo y un mozo

en conversación tendida,

sin darse cuenta del tiempo,

sin remover las cenizas

del hogar, donde se cuecen

los yantares de Castilla;

hablan de luchas, de guerras,

de batallas y conquistas,

pero el mozo es un rebelde

que al pobre abuelete excita

llevándole la contraria

en sus rancias teorías.

—Verás, tú—dice el abuelo—;

yo peleé en Filipinas,

y me porté como un bravo

luchando con bizarría,

defendiendo con mis armas,

no mi cuerpo, ni mi vida,

sino el honor de mi patria

que por mis venas corría;

si es verdad que tengo un brazo

de menos, esto no quita

para que tenga en el alma

la satisfacción, nacida

de los amores benditos,

de las sublimes caricias

que una mujer en mi cuna

me prodigó, tan sencilla,

tan amorosa, tan dulce,

que su recuerdo me anima

en estos momentos mismos

en que te hablo de su vida,

y no podré honrar su nombre

mientras ultraje á porfía

el honor de la bandera

y la tierra en que uno pisa,

la tradición sacrosanta

en mil sepulcros escrita;

por eso luché valiente,

por eso expuse mi vida,

por mi patria, que es mi anhelo...,

por mi madre, que es mi dicha...

El mancebo á esto repuso

con voz elocuente y fría:

—Serenamente he escuchado,

abuelillo, sus doctrinas,

y en ellas pude apreciar

las arraigadas insidias,

de luchas torpes y bárbaras

con que antaño se engreían

más de cuatro, como usted,

que apenas si distinguían

los afectos que hoy enlazan

á los hombres en familia,

en esa unión santa y fuerte

que las pasiones suaviza,

que hace borrar las fronteras,

que los odios aniquila,

fundiendo todas las almas

en una idea divina

de fraternidad, de ayuda,

de amparo, de hidalguía,

donde el amor á los hombres

es ley suprema y justicia,

donde la cultura es antes

que las guerras fratricidas,

donde la falange obrera

es ejército y vigía

en las conquistas del mundo

sin verter sangre bendita;

en ese ejército lucho,

por esa idea querida,

por mis hermanos, los hombres;

por la Ciencia, noble guía;

por el mundo, que es mi patria...,

por mi madre, que es mi dicha...

 

(Vida Socialista, nº 94, 19 de octubre de 1911).

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