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EL PERIÓDICO
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Poetas

A tí

pensando en mi madre

Cuando tu voz se haya ido

y tu sonido se apague

y tus solemnes silencios

pervivan serenamente;

 

Victoriosa

Fuertes como el ensueño, bajo la misma estrella

de amor ennoblecidos, los dos somos así:

por la lírica alfombra que nos sirve de huella

vamos cantando el himno de un hondo frenesí.

 

Reivindico el amor

Reivindico el amor para exponerlo,

para agrandarlo,

para gritarlo con cualquiera.

En cualquier sitio enseñarlo.

Reivindico tu mano con su mano,

Nocturno

El cafetín se halla envuelto

en confusa niebla;

vese un rayo rojizo que sale

de entre la caldera.

Y un fornido mozo

Cada día

Cada día, para albergar tu espacio,

amanezco por tu lado y en tu cama.

Obseso corazón que me reclama

instinto posesivo que no sacio.

 

Miserias del régimen

No son vanas quimeras ni locas fantasías

de ensueño alucinado los trances del dolor...

los pechos comprimidos de insomnes costureras

que tosen y trabajan en mísera labor.

 

Poesía de la mina

Allá van los pobres

seres explotados,

infelices ilotas que gimen

bajo el yugo de innoble trabajo;

suena el pito en la cuenca minera:

Del invierno obrero

Como siempre, al entrar el invierno

despiadado, implacable, temido,

en la casa obrera queda sin trabajo,

por plazo impreciso,

el que gana el sustento de todos,

Los niños del hospicio

De dos en dos, unidos por las manos,

flacos y amarillentos como cera,

desfilan muchas veces por mi vera

secciones de indigentes hospicianos.

 

El Marqués de Sade

El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción

De donde había salido

Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos

Sus ojos de doncella

Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda

Por los viejos tiempos

¿Deberían ser olvidados los viejos amigos


y nunca recordarlos?


¿Deberían ser olvidados los viejos amigos


y los viejos tiempos?



 

Preguntas de un obrero ante un libro

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?

En los libros figuran los nombres de los reyes.

¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,

¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas

Silencio

Tan lejanos tus ojos amor...

allá en el viento,

y la tarde cayendo misteriosa, dorada,

amor entre nosotros.

 

A Pablo

Tendiste tus manos hacia mi

para regalarme flores,

tan hermosas de colores

que nunca sentí ni vi.

 

Las tardes de Enero

Va cayendo la noche: La bruma

ha bajado a los montes el cielo:

Una lluvia menuda y monótona

humedece los árboles secos.

El rumor de sus gotas penetra

Cuando por el duro invierno

Cuando por el duro invierno que tristemente vuelve

La nieve con sus largos copos cae, blanqueando el techo,

Permita que el gemido del tiempo la enfrente.

Por nuestros numerosos haces, ¡devuélvame la estrecha chimenea!

El andamio

El cáñamo crujió. La angosta tabla

describió un arco horrible allá en la altura;

chocó el cuerpo de un hombre contra el muro,

oyóse un grito de mortal angustia,

y un cubo, dos pinceles y un obrero

cayeron á la par en la vía pública.

Canto del hombre libre

«Si alguno de los que me siguen no aborrece á su padre y madre y á la mujer y á los hijos y á los hermanos y hermanas, no puede ser mi discípulo.» (Ev. de San Lucas, cap. xiv, versículo 26.)

Sobre pies de barro

Luego, casi lista


y habiendo conseguido una figura esbelta,


en mitad de la danza, se desplomó


una pareja,


cayó hecha añicos.



El ingenuo de Borges

Cada aurora -nos dicen- maquina maravillas

capaces de torcer la más terca fortuna;

hay pisadas humanas que han medido la luna

y el insomnio devasta los años y las millas.

 

Invierno

Suaves nubes surcan el horizonte,

el invierno se despide de los robles,

sombras lúcidas

entre los ciruelos verdes.

La rosa enferma

Estás enferma, ¡oh rosa!


El gusano invisible,


que vuela, por la noche,


en el aullar del viento,


descubrió tu lecho


La vida sencilla

Llamar al pan y que aparezca

sobre el mantel el pan de cada día;

darle al sudor lo suyo y darle al sueño

y al breve paraíso y al infierno

y al cuerpo y al minuto lo que piden;

Aún siento tu pulso

Aún siento tu pulso.

Aún vibra en mí.

Sigue empujando mis latidos.

Lo siento y siento que lo sientes.

Lo hago entre el ruido ensordecedor de nuestros locos días

A mi madre

Frente al espejo y el sol, los ojos de mi madre,

su verde intenso,

su risa alegre.

 

Recuerdo en noviembre

Qué ternura tan suave hay en esta tarde de otoño.

El suelo forrado de un oro de hojas,

y suspiros lejanos que vienen,

a través de los árboles altos que lloran.

 

Momentos

Entre tú y yo, el alma a un paso.

Reflejos suaves de color entre los dos.

Instante profundo, claro, tangible,

de algo a nuestro alcance.

Colores, confusión, duda, tristeza,

o ¿acaso amor?

Hoy

Desde el viejo sillón, inquieta,

mira imágenes en color

que tornan a blanco y negro.

¡Hija! -grita desolada-

¡Huye! De nuevo cabalgan.