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El debate del laborismo sudáfricano ante la Gran Guerra

Una de las cuestiones más controvertidas que cerró una primera etapa de la historia del socialismo está estrechamente vinculada a la Gran Guerra, ya que supuso el fracaso de las ideas y del espíritu internacionalista contrario al conflicto, porque los partidos socialistas entraron en la dinámica de las denominadas “uniones sagradas”, generando intensos debates en el seno de los mismos y entre ellos durante el conflicto, especialmente cuando la guerra se dilató en el tiempo, generando un horror hasta entonces desconocido en Europa. El otro hecho paralelo a esta primera gran crisis de la socialdemocracia sería el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 con la llegada de los bolcheviques al poder y el surgimiento de los partidos comunistas como escisiones de las socialdemocracias occidentales.

Pues bien, en este breve trabajo nos vamos a hacer eco de la postura del socialismo ante la guerra fuera de Europa, aunque en un lugar vinculado a uno de los principales contendientes en la Primera Guerra Mundial. Estamos hablando de Sudáfrica. Hemos empleado como fuente principal un artículo publicado en el número 2.322 de El Socialista.

Gracias al estudio de François Bedarida sabemos que en Sudáfrica no comienza a desarrollarse con fuerza el movimiento obrero vinculado a la población blanca hasta después de la Guerra de los Boérs. Por un lado, es un movimiento que lucha contra la explotación que padecen los trabajadores ante las compañías mineras, en línea con lo que sería un conflicto clásico entre capital y trabajo, pero, por otro existe un componente específico vinculado a su intento de preservar un lugar privilegiado en el mundo laboral para los trabajadores blancos cualificados frente a la clase obrera negra. Los trabajadores negros eran peor pagados y sufrían un intenso desprecio de naturaleza racista.

Se fueron creando distintas organizaciones obreras en los territorios sudafricanos, que se unieron cuando en 1910 se creó la Unión Sudafricana. En ese momento nacía la South Africa Labour Party, que conseguiría cuatro diputados en el Parlamento de la Unión. El laborismo sudafricano, siempre según Bedarida, mantuvo la ambivalencia que hemos visto anteriormente: un gran espíritu combativo frente al capital, inspirado en el ejemplo británico, junto con su distancia de la población trabajadora negra. Defiende intensamente al trabajador de origen europeo frente al nativo y al hindú. Es más, es favorable a la segregación. Pero en vísperas de la Gran Guerra la cuestión se complica cuando comienza un flujo migratorio de población blanca trabajadora de bajísima cualificación y de origen afrikáner, muy distinta de la de origen británico, mucho más cualificada. Ya no coincidía el rango profesional con la raza, como anteriormente. Pero, además, el apoyo del laborismo sudafricano a la causa aliada en la guerra, provoca, como en otros lugares, que la izquierda del mismo en 1915 se separe creando la Socialist League, el germen del futuro comunismo sudafricano. Tenemos que tener en cuenta, además, que la izquierda del laborismo era más favorable a la integración de la clase trabajadora negra en el movimiento obrero.

Pues bien, El Socialista informaba a comienzos de octubre de 1915 de las diferencias en el seno del socialismo sudafricano en relación con la guerra. Comenzaba afirmando que había miembros que no querían creer que la victoria de Alemania y Austria sería el triunfo del militarismo prusiano, declarándose en contra de la guerra, y que, en consecuencia, habían creado un nuevo partido. Este inicio del artículo dice mucho también de la clara tendencia aliadófila del PSOE, por otro lado, aunque este no sea el objetivo del artículo. Ese partido era denominado de “Guerra contra la Guerra”.

El partido obrero, es decir, el partido laborista había publicado un manifiesto, firmado por su líder, el ingeniero de minas y diputado en el Parlamento de la Unión, Creeswell. Este personaje, según Bedarida, pertenecía a la derecha racista del partido. Para Creeswell el partido disfrutaba de las libertades propias del sistema político británico, algo impensable en una Alemania victoriosa. La Gran Guerra sería, siempre según el líder laborista, un conflicto entre dos ideales: uno que perseguía el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, y otro que abogaba por el gobierno por la fuerza.

Los ricos, siempre en el razonamiento de Creeswell, podían ser indiferentes al resultado de la contienda porque bajo cualquier gobierno podían prosperar, pero eso no era igual para los trabajadores, cuyo futuro estaba ligado al resultado de la guerra. Se podía argumentar que los socialistas alemanes podían apoyar y ayudar, pero el líder sudafricano consideraba que carecían de influencia importante en su propio país.

En conclusión, la única política que debía seguir el laborismo sudafricano era apoyar la causa aliada.

Además, del número de El Socialista de 2 de octubre de 1915, debemos consultar el artículo aludido de François Bedarida sobre el socialismo en el imperio británico, en la obra colectiva dirigida por Jacques Droz, Historia general del Socialismo. Tomo de 1875 a 1918, Madrid, edición de 1985, pp. 668-690.