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Los inicios del movimiento obrero en Puerto Rico a finales del siglo XIX

El origen del movimiento obrero en Puerto Rico debe explicarse tanto por factores internos como externos. En la Isla existían en el siglo XIX sociedades formadas por trabajadores de la caña, tipógrafos, trabajadores de los muelles, albañiles, cocheros, etc. Estas sociedades fueron toleradas por el gobierno español porque eran de socorros mutuos, es decir, se habían constituido para atender los riesgos de la vida de sus asociados. En este grupo estarían los denominados casinos o círculos de artesanos. También hay que aludir a un activo movimiento cooperativo, destacando las cooperativas formadas por panaderos, carpinteros y albañiles.

Pero la situación fue cambiando cuando en estos casinos se produjeron reuniones para tratar sobre el aumento de salarios, como ocurrió en el caso de sastres y tabaqueros ya a finales del siglo XIX en San Juan, sin olvidar las duras condiciones de vida de los obreros que generaron un aumento del malestar social. En todo caso, la influencia de las ideas externas y la llegada de personajes o el regreso de algunos estudiantes hizo que fueran llegando los ecos del movimiento obrero norteamericano y europeo, especialmente del español. En este sentido, el gobernador informaba a Madrid en octubre de 1897 que hasta entonces el anarquismo había respetado a la Isla pero que comenzaba a introducirse, aunque hasta ese momento se limitaba a la publicación de un periódico que, siempre según el gobernador, tenía escasa importancia. Estaba hablando del Ensayo Obrero, que vertía ideas que, aunque no se podían considerar verdaderamente anarquistas, tendía a preparar a los obreros para admitirlas. El gobernador informaba, además, de que, a pesar de los pocos resortes que le permitía la Ley de Imprenta, intentaba restringir la difusión de las ideas obreristas. Opinaba que las libertades existentes en Estados Unidos y en las repúblicas hispanoamericanas habían posibilitado que se hubieran convertido en verdaderos centros de propaganda desde donde se enviaban a la Isla periódicos y agitadores, aunque seguía informando que ponía los medios de vigilancia para impedirlo. Pedía que se hicieran extensivas a Puerto Rico las leyes de 1894 y 1896 que, como bien sabemos, fueron las primeras consideradas como antiterroristas de la Historia de España, especialmente la segunda al vincular los atentados a una ideología concreta.

El gobierno español tenía prohibidas las reuniones y manifestaciones para tratar sobre mejoras salariales. Se cree que la primera huelga que se hizo en Puerto Rico fue en el año 1848, y las primeras manifestaciones se produjeron después del Grito de Lares. En la década de los años noventa con la devaluación de la peseta se dieron varias manifestaciones, y en 1895 hubo varias huelgas.

En este contexto llegó a Puerto Rico un personaje clave para la historia del movimiento obrero de la Isla. Estamos hablando del gallego Santiago Iglesias Pantín, expulsado de Cuba por el general Weyler, al considerarse que era un elemento peligroso, “revolucionario y anarquista”. Pero, sin negar la importancia de este personaje, no podemos olvidar que en Puerto Rico ya existía un grupo de activos agitadores, entre los que destacarían José Ferrer y Ferrer o Norberto Quiñones, entre otros. Fundamental fue la reunión que se celebró en la casa de Fernando Gómez Acosta el 28 de diciembre de 1896, poco tiempo después de la llegada de Iglesias, para poner en marcha un semanario obrero. De las primeras reuniones surgió una especie de programa no articulado del movimiento obrero de Puerto Rico. En primer lugar, se tomó conciencia de la necesidad de organizar a todos los obreros de forma unitaria para poder luchar de forma más eficaz para conseguir mejoras. En segundo lugar, habría que crear un partido socialista para conseguir la aprobación de una legislación a favor de los trabajadores. Por fin, el tercer objetivo tenía que ver con la necesidad de la formación de los obreros mediante conferencias y distribución de literatura socialista.

Sobre la organización y la unidad es importante destacar el mitin de 1898, en el que hablaron, entre otros los siguientes: José Ferrer y Ferrer, Eduardo Conde Manón, Ramón Romero Rosa, José Mauleón, y organizó el propio Santiago Iglesias.

El partido se crearía después de la guerra contra España. Este hecho ocurrió el 18 de junio de 1899, fecha en la que se fundó el primer partido socialista de Puerto Rico de la mano de Santiago Iglesias, pero luego crearía en marzo de 1915 el Partido Socialista Puertorriqueño, ya que el primero tuvo muchas dificultades para desenvolverse en un medio muy hostil, aunque el nuevo se inspiraba claramente en el programa y organización del primero. Santiago Iglesias no pudo fundar un partido en tiempos de la administración española porque consideraba que la oligarquía y la burocracia colonial eran muy fuertes. Sabemos su opinión porque se contiene en la respuesta que dio a Pablo Iglesias que, en el verano de 1897 desde Madrid, le pidió que organizara una filial del PSOE en Puerto Rico. Por otro lado, no olvidemos que la guerra cambió la situación también en el ámbito obrero.

En relación con la educación obrera hay que destacar que se podía conseguir en medios obreros las publicaciones españolas de Tierra y Libertad y La Revista Blanca. Además, desde Estados Unidos llegaba El Despertar. Por su parte, Santiago Iglesias y sus compañeros crearon Ensayo Obrero, la publicación aludida por el gobernador.

Hemos consultado las siguientes fuentes y bibliografía:

Archivo Histórico Nacional (AHN), Ultramar, 5, expediente 21.

Antonio J. González, “Apuntes para la historia del movimiento sindical de Puerto Rico: 1896-1941”, en Revista de Ciencias Sociales, pp. 449-468, disponible en la red. Baldomero Cores Trasmonte, “La actividad política de Santiago Iglesias Pantin”, en Estudios Gallegos (CSIC), Tomo XL. Fascículo 105, 1992, pp. 63-82.

Alejandro Torres Rivera, Desarrollo del movimiento obrero puertorriqueño entre 1898 y 1940: una reflexión preliminar, en la red.

“El Movimiento Obrero en Puerto Rico a Finales del Siglo XIX”. Artículo publicado en El Cuervo 1, Nueva Época, enero-diciembre 2010, P. 67-78. Disponible en la red, y con una extensa bibliografía.