Demófilo de Buen Lozano, Gran Maestre del Gran Oriente Español entre 1926 y 1929

Si en los artículos anteriores hable de la masonería en general, en éste quisiera centrarme en una figura poco conocida, ejemplo de masón, de republicano e intelectual. Probablemente si no hubiera nacido en España, ni hubiera habido una guerra, hoy sería uno de los grandes hombres de la Historia Universal, al igual que lo hubieran sido su abuelo Fernando Lozano y su padre Odón de Buen.

Demófilo Mariano de Buen y Lozano nace en Madrid el 22 de julio de 1890. Hijo del masón Odón de Buen y del Cos, introductor de la oceanografía y de las teorías de Darwin en España y de Rafaela Lozano y Rey. Su abuelo materno es el masón fundador de Las Dominicales del Libre Pensamiento, Fernando Lozano Montes, simbólico Demófilo, apodo que también utilizaba en muchos de sus escritos y que será el motivo del nombre de su nieto.

Al nacer su abuelo Fernando le escribe una carta que titula “a mi nietecito” y que dice:

“Naces en la penumbra de dos siglos y de dos grandes civilizaciones.

Iluminado por tan incierta luz, te será fácil perder la orientación y caer.

Haz acopio de luz y de fuerza. Baña tu pensamiento en verdad, tu corazón en amor, tu voluntad en bien. Baña tu cuerpo en aire, en agua, en sol. Sé fuerte por dentro y por fuera.

Tienes que tomar parte en grandes batallas.Trabaja: hé aquí la ley más esencial. Si trabajas serás bueno, honrado y feliz. Todas las puertas se te abrirán.

Aborrece la ociosidad y la pereza.

Sé sobrio; come lo necesario, bebe lo necesario. La máquina del cuerpo tiene fuerzas limitadas: si se emplean en digestiones difíciles, la vida se acorta. En todo caso, si abusas de tus fuerzas, que sea por alimentar las calderas del cerebro y no las del estómago; obrar de suerte contraria sería indigno de tu naturaleza racional.

No mientas, no engañes, di, sin imprudencia, la verdad.

Defiende tu vida y la de tus semejantes. No te es lícito matar.

Destierra de tu alma el orgullo, la soberbia y la vanidad. Sé sencillo, afectuoso y benévolo, sobre todo con los de estado inferior al tuyo.

Ampara a los débiles; respeta religiosamente a la mujer: ve en cada mujer una hermana o una madre.

Defiende con firmeza tus convicciones, con heroísmo si es preciso. Pero ten profundo respeto a las personas. No calumnies, no insultes, no injuries. Unge tu alma en santa tolerancia. Judíos, cristianos, musulmanes, todos son buenos en esencia; la educación ha podido pervertirlos, pero ellos no son culpables.

Abre tu alma a todas las corrientes del humanismo: a la amistad, a la fraternidad, al amor, a la sociabilidad universal. Somete tu bien al de tu patria, al de tu raza, al bien general de todos los hombres. No te olvides nunca de que tu vida es solidaria con la de todos los seres en el mundo, y que el más repugnante y culpable de los vicios es el egoísmo.

Conserva el honor de tu nombre; que se te vea marchar en las avanzadas de las grandes batallas que está llamada a librar tu generación, para llevar a todos los hombres a la conquista de la igualdad.

Tal es mi consejo”.

Demófilo es el mayor de seis hermanos. Todos ellos intelectuales, que sobresalen en las diferentes disciplinas a las que se dedican. El 3 de abril de 1917 se casa civilmente con su tía Paz Lozano Rey. Para contraer matrimonio necesita la dispensa del rey y que su padre diera su consentimiento. Boda que nunca será aceptada por su madre. Tendrá cuatro hijos, Paz, Odón, Néstor y Jorge.

Se licencia en derecho en 1911 por la Universidad de Barcelona. Sigue sus estudios en la Universidad de Halle (Alemania). En 1915 obtiene el grado de doctor en la Universidad Central. En 1917 es nombrado Catedrático por oposición de Derecho Civil Español Común y Foral en la Universidad de Salamanca. En 1920, ocupa el puesto de catedrático de derecho Civil Español Común y Foral de la Universidad de Sevilla. Durante su estancia en Sevilla fue abogado defensor de oficio en materia penal.

En la Segunda República ocupa los puestos de consejero permanente de Estado, delegado presidente del Patronato encargado de ocupar y administrar los bienes nacionales con motivo de la disolución de la Compañía de Jesús, vocal de la Comisión Jurídica Asesora, académico de la Academia Nacional de Jurisprudencia y Legislación, presidente de la Sala Quinta, de la Sala Primera y de la Sala de Reclamaciones de Extranjeros del Tribunal Supremo, magistrado del Tribunal Supremo, presidente del Consejo de Trabajo, representante de España en el Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, vicepresidente del Instituto Nacional de Previsión, presidente del Tribunal Popular de Responsabilidades Civiles, vocal propietario, representante del gobierno de la República en la Comisión Mixta encargada de la formación del inventario de los bienes y derechos del Estado que se cedieron a la región autónoma de Cataluña y adaptación de los servicios que pasaron a la competencia de la Generalidad.

La Presidencia de la Junta Técnica del Estado del gobierno de la zona sublevada dispone su separación definitiva del servicio y la inhabilitación para ejercer cargos directivos y de confianza. En 1939 es separado definitivamente del servicio al considerar el gobierno del general Franco que “era pública y notoria su desafección al régimen”.

Ese mismo año, el 6 de febrero, parte al exilio, viviendo primero en Banyuls-Sur-Mer, Toulouse y París. En 1940 llegó a Coatzacoalcos, Veracruz (México), a bordo del vapor francés Santo Domingo, en la calidad de exiliado político. Se instala en la ciudad de México, donde es profesor de derecho civil en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, asesor del procurador de justicia del Distrito Federal, Octavio Vejar Vázquez y colabora en la secretaria de Educación Pública. En 1943, se traslada a Panamá donde es catedrático de derecho civil en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, decano de la Facultad de Derecho, miembro en la Comisión Constitucional de la República de Panamá, director del Instituto de Legislación Comparada y Derecho Internacional, creado en la Universidad Interamericana de Panamá. Interviene en la formulación de un nuevo Código Civil panameño.

Al constituirse el Gobierno de la República en el Exilio llega a ocupar el puesto de presidente del Tribunal Supremo. Al enfermar gravemente regresa a México para ser tratado en dicho país, en el que finalmente muere el 23 de junio de 1946 a causa de una “cirrosis hepática”.

Escribe multitud de obras sobre derecho y tradujo otras tantas del alemán, francés, inglés e italiano, lenguas que dominaba.

Como masón, decir que su nombre simbólico es Kant. La propuesta de iniciación se produce en la logia Condorcet núm. 346 de Madrid el 15 de abril de 1913, donde finalmente se inicia el 26 de octubre de 1914 y donde se produce su aumento de salario el 17 de mayo de 1915. En la logia Ibérica núm. 7 también de Madrid, es exaltado al grado tercero el 4 de marzo de 1916. Llega a grado 33.

Es Venerable Maestro de la logia Trabajo y orador en 1922 en la logia Isis y Osiris núm. 377, ambas de Sevilla. Está relacionado con la logia Plus Ultra de París. En 1925 forma parte de la III Asamblea Masónica del Mediodía de España. En 1927 es nombrado Gran Maestre del Gran Consejo Federal Simbólico del Grande Oriente Español y en mayo, el Oriente Filipino lo elige Garante de Amistad seguramente en agradecimiento a que Demófilo de Buen defendió la regularidad de la Gran Logia Soberana del Archipiélago Filipino cuando ésta solicita ingresar a la Asociación Masónica Internacional. En 1929 una enfermedad le impide seguir desempeñando el cargo de Gran Maestre, por lo que el 4 de mayo de 1929, de forma interina le sustituyó Diego Martínez Barrio. En 1935 es Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Mediodía de España. También ocupó el cargo de Soberano Gran Inspector General. Desde todos sus cargos defiende la postura tradicional de la masonería de “la no intervención de política”.

Es procesado y sentenciado por el juzgado núm. 1 del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), quien le abre expediente el 3 de noviembre de 1941 y el 11 de diciembre es declarado procesado y en rebeldía. Del delito de masonería es considerado responsable en concepto de autor y grado de consumación. Se considera que concurren circunstancias agravantes por cuanto el procesado alcanzó el más elevado grado en la masonería. Por todo ello, el TERMC le condena a la pena de treinta años de reclusión mayor, además de las accesorias de inhabilitación absoluta y perpetua para el ejercicio de cualquier cargo Público. Para fijar sus responsabilidades civiles se remite testimonio de la sentencia al presidente del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas y se informó al director General de Seguridad para la busca, captura y prisión del condenado. El 16 de febrero de 1942 el TERMC declaró firme la sentencia dictada. Mientras tanto, en 1952 se crea la Biblioteca Especializada Demófilo de Buen en la Universidad de Panamá.

Hemos recatado un escrito, publicado en el Boletín del Grande Oriente Español. Año V núm. 58, 10 de septiembre de 1931, pp. 3-4, de carácter masónico que considero imprescindible para entender la figura de este gran masón. Lleva por título “Tolerancia”:

“Ninguna condición es más exigible de los masones, que la virtud de la tolerancia. No, ciertamente hay que subrayarlo en aras de la verdad, ha sido siempre así. La antigua masonería operativa, la de los gremios y guildas de constructores, sintió el influjo del espíritu intolerante de su época. El masón había de ser fiel a Dios y a la Santa Iglesia; no podía incurrir en error ni en herejía. Pero al fundarse la moderna masonería especulativa, que no es ya una corporación de clase, sino una asociación de carácter filosófico, lo hace bajo el signo de la tolerancia. Si bien en los tiempos antiguos-dicen las Constituciones de Anderson-los masones estaban en cada país sometidos a la obligación de practicar la religión de dicho país, cualquiera que fuese, se estimó en adelante más conveniente no imponerles otra religión que aquella sobre !a que todos los hombres están de acuerdo y dejarles toda libertad en cuanto a sus opiniones particulares; importa, pues, que sean buenos, leales, gentes de honor y de probidad, cualesquiera que sean las confesiones y creencias que les distingan. Y añaden, a renglón seguido, estas hermosas palabras, inolvidables: De esta suerte, la Masonería conviértase en Centro de Unión, y en medio de establecer una amistad sincera entre personas que, de otro modo, permanecerían para siempre extrañas las unas a las otras. Y en esto estriba la tolerancia. Es la capacidad de tener una amistad sincera con los hombres de ideas más distintas a las nuestras. Es como una afinidad basada en el fondo común de humanidad. Es un gesto de respeto ante la riqueza ideal de los hombres. Es una defensa contra ese impulso tiránico que, en ciertos momentos, nos lleva a querer conformar a los hombres con arreglo a nuestro mismo patrón, convirtiendo así al género humano en un repertorio monótono, como de seres fabricados en serie ...

La tolerancia es una cualidad subjetiva. En el terreno social y objetivo, la fórmula de la tolerancia es la libertad. Pero la libertad no puede vivir sin la tolerancia, ¡porque las leyes para nada sirven si los hombres no tienen educada su voluntad para cumplirlas. La tolerancia, por otra parte, sólo se aprende por la práctica y por el ejemplo. No basta afirmar sus principios como máximas sabidas de carretilla. Es necesario vivirla. Vivirla con amor tan intenso, que tenga fuerza para vencer en nosotros incluso el ímpetu de la venganza, si, por un azar del destino, los intolerantes cayeren en nuestras manos ...

En estos instantes de España, la masonería debe cultivar, como nunca, la virtud de la tolerancia. Cuando pasiones encendidas, contrastes de ideas y de intereses, de obstáculos tradicionales y afanes de progreso, separan en banderías a los hombres y excitan a la lucha encarnizada, no ha de resonar la voz de las logias como clarín guerrero. Ni en los templos masónicos se debe practicar el rito de la discordia.

Sea nuestra Orden lazo de unión entre los hombres que hoy pugnan desde campos distintos, por hacer una nueva España, más justiciera y más limpia. Que los que choquen en los clubs y en la plaza pública, puedan hallar instantes de tregua y de comprensión, y encuentren un idioma común y un lugar sereno donde hablarlo. Que los obreros de la Orden cuenten entre los mejores artífices de la tarea, a que hoy algunos se consagran, de educar a los españoles en los hábitos de convivencia y de respeto, sin los cuales no sería nunca posible una vida civil.

Y si, por desgracia, añejos defectos de educación ciudadana impusiesen a los gobernantes españoles la dura ley de usar de la fuerza colectiva para exigir las condiciones mínimas de esa vida civil, los francmasones no les impidan cumplir su triste pero necesario deber. Pongan una mano sobre el corazón para dominar sus latidos, ante el dolor necesario; pero también para escudarlo contra todo espíritu de sañuda intolerancia, de goce en el castigo.

Aun cuando las victimas fueran los eternos perseguidores de la francmasonería, los francmasones no pueden dejarse llevar por un sentimiento morboso momentáneo, deben oír y obedecer a esa voz interna que les recuerda, por encima de las - pasiones del momento, la serenidad de sus principios eternos, iguales en la amargura de la persecución que en la gloria del triunfo”.

Por último, espero que algún día se haga justicia con la persona de Demófilo, al igual que con muchas españolas y españoles olvidados y olvidadas, y una calle de Madrid o Sevilla lleve su nombre.

Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Secretario de la sección de Ciencia, Tecnología y de la sección de Arquitectura (curso 2018-2019); vicepresidente tercero de la Agrupación Especial Ateneísta Agustín Argüelles. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019 (en imprenta).