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La necesidad de los sindicatos: un ejercicio histórico

Sin negar que la crisis general ha llegado también a los sindicatos de clase y que deben emprender profundas reflexiones sobre aspectos reivindicativos y organizativos, no podemos olvidar su importancia capital desde que vivimos en un mundo capitalista o de economía de mercado. Para demostrarlo vamos a recurrir a la Historia, vamos a ir al surgimiento del movimiento obrero, a las razones por las que nació. El lector solamente tiene que hacer un ligero esfuerzo para adecuar esta explicación al momento presente. No se alarme, un servidor está aquí para ayudarle.

En la nueva sociedad industrial los obreros terminaron por desarrollar una conciencia propia de clase y surgieron nuevas formas de conflictividad social, desde la destrucción de máquinas a la creación de asociaciones de trabajadores y a la participación en las luchas políticas. Este nuevo fenómeno social y político es denominado en la Historia como  movimiento obrero.

Las revoluciones políticas liberales y burguesas abolieron las cargas feudales a las que estaban sometidos los campesinos y las regulaciones gremiales de los artesanos. Además, el liberalismo económico no sólo terminó con esas trabas o regulaciones económicas sino que estableció la libre contratación y la prohibición de que existieran organizaciones que agruparan a los trabajadores. Las contrataciones y relaciones laborales se debían establecer de forma individual entre el patrono y el trabajador, según las leyes del mercado de la oferta y la demanda de trabajo. Como la mano de obra era muy abundante, a causa del éxodo rural de los campesinos en busca de trabajo en las ciudades, y de la salida de los artesanos de los gremios abolidos, los empresarios hicieron contratos con bajos salarios. Pero, además, la nueva economía industrial se caracterizaba por crisis periódicas que hacían crecer el desempleo. Así pues, surgieron constantes motivos de conflicto social.

La concentración de un elevado número de trabajadores en las fábricas y en los barrios obreros facilitó la movilización del proletariado y la creación de organizaciones para defender sus derechos.

Los obreros comenzaron por destruir máquinas al considerar que eran las causantes del desempleo, un fenómeno que es conocido con el nombre de ludismo, pero, muy pronto la conflictividad social se encaminó hacia la lucha por el reconocimiento del derecho de asociación, es decir, del derecho a poder crear organizaciones estables o sindicatos para defender los derechos de los trabajadores frente al modelo de relación individual entre el patrón y el trabajador. Las asociaciones de trabajadores se formaron muy pronto; de hecho, algunas fueron transformaciones a la nueva situación industrial de los viejos gremios, pero todas las organizaciones estaban prohibidas, pues se consideraba que iban contra la libertad de empresa y de contrato, como hemos expresado anteriormente. En Inglaterra se dieron las Combination Acts de 1799 y 1800 que prohibían explícitamente las organizaciones de trabajadores. En Francia se aprobó la famosa Ley Le Chapelier, por el nombre de su autor, en 1789, y que establecía el fin de los gremios, la libertad de poder ejercer cualquier trabajo u oficio, la libertad de empresa y prohibía que se creasen organizaciones o asociaciones de empresarios, artesanos u obreros. Una vez conseguido el derecho a sindicarse, la lucha se orientó, posteriormente, hacia la mejora de las condiciones laborales: reducción de jornada de trabajo y aumento de los salarios. Además, los obreros comprendieron que se podían alcanzar sus reivindicaciones si conseguían el reconocimiento de sus derechos políticos: votar y ser votados y, de ese modo, poder influir en la legislación y el gobierno.

Pues bien, ahora vivimos una situación en la que se pretende desacreditar y minar a los sindicatos y todo lo que tiene que ver con la reivindicación social, de desandar el camino realizado en dos siglos de lucha obrera. La tendencia neoliberal imperante en nuestro país intenta recortar derechos vinculados al movimiento obrero: reunión, manifestación, huelga y casi, casi, el de sindicación. En primer lugar, se emplea la legislación, que aunque no parece que tenga que ver con las leyes que hemos aludido para el final del siglo XVIII, tiene parte de su mismo espíritu. En segundo lugar, se cuenta con la inestimable ayuda de determinados medios de comunicación dedicados a la ceremonia del descrédito. Se trataría de acercarse al modelo primigenio de las revoluciones liberal e industrial, a un modelo de relaciones individuales o donde los sindicatos se conviertan en organizaciones debilitadas.