Aceite

El aceite de oliva constituye uno de los principales dones de la Naturaleza, empleado en los ritos, religiones y tradiciones que han nacido en las orillas del mar Mediterráneo. Su simbolismo es clave, junto con el del olivo. El aceite es símbolo de pureza, espiritualidad y luz. El aceite nace del fruto del olivo que crece en suelo seco, por lo que genera fuerza espiritual, pero, además, es combustible, de ahí su relación con la luz. Las lámparas de aceite son fundamentales en la Antigüedad, como lo demostrarían las lucernas romanas, tan presentes en los yacimientos arqueológicos de todos los rincones del antiguo Imperio.

En los misterios de Eleusis se empleaba el aceite de oliva como símbolo de purificación. En las distintas religiones politeístas mediterráneas aparece siempre en las ofrendas, llegando a verterse en los altares de piedra, adquiriendo un sentido nuevo vinculado a la fecundidad.

En los ritos de unción el simbolismo del aceite se enriquece, adquiriendo una dimensión más profunda. Lo reyes de Israel eran ungidos. El óleo les otorgaba el poder y la gloria que emanaban directamente de Dios. La unción con aceite siempre fue un acto sagrado. Simbolizaría el espíritu de Yahvé.

Cristo significa “el que ha sido ungido”, señalando el poder real, profético y sacerdotal de Jesús. En el cristianismo el aceite se emplea mezclado con bálsamo y especias aromáticas en el sacramento del bautismo, en las ordenaciones sacerdotales y en la extremaunción.

La unción llegaría también a las monarquías cristianas, aunque la intervención de la Iglesia en este ritual terminaría generando rechazo de algunos reyes y emperadores que no querían esa dependencia de la sanción de la Iglesia para poder ejercer el poder de forma legítima, por lo que no aceptaron ni la unción ni la coronación o modificaron ésta para sus propósitos. El caso hispano es significativo. A partir del siglo XIII, los reyes castellanos no solían coronarse ni recibían la unción; a lo sumo, se hacía una ceremonia de besamanos como homenaje, y el correspondiente alzado del pendón. Alfonso XI de Castilla sí hizo una gran ceremonia de coronación y fue ungido, pero el mismo se ciñó la corona. Se aceptaba la unción, pero el segundo gesto quería dejar claro que no se dependía de la Iglesia. Al parecer, los Trastámara no recibieron la unción. Por su parte, los reyes de la Corona de Aragón sí recibían la unción, pero también se coronaban ellos mismos. En 1336 se publicaron unas ordenaciones que regulaban estos ceremoniales. En la época moderna, los Austrias simplificaron mucho el paso de un monarca a otro, y tampoco los Borbones introdujeron muchos cambios.

En todo caso, la unción terminaría por generalizarse en las monarquías francesa e inglesa. En el primer caso, es fundamental la leyenda que explicaría que surgió una ampolla de aceite que descendió del cielo para ungir y santificar a Clodoveo como rey. Recordemos que se convirtió en el 493. Pues bien, como era una unción directa desde el cielo, se evitaba la mediación papal, o del emperador, por lo que los reyes “ungidos” de Francia adquirían una independencia e importancia fundamentales.

El aceite en Masonería debe ser también de oliva. Simboliza la sabiduría, la paz, la abundancia y la fecundidad, pero también el vigor y la resistencia porque es alimento de la luz y el fuego, no alejándose, por tanto, de algunos de los significados anteriores, como en otros símbolos que emplea la Masonería. En la consagración de las logias, según el Rito, el aceite aparece, junto con el trigo y el vino, es decir, la trilogía clásica o mediterránea, como una herencia del rey David. Simbolizan la paz, la inmortalidad y lo sagrado. El Rito de Emulación lo emplea en la consagración, y en el R.E.A.A. aparece en la recepción del grado 14 en la mezcla de la purificación. En el Rito Francés también tiene presencia el aceite, en la Quinta Orden de Sabiduría, al pasarse por distintas partes del cuerpo del hermano en una mezcla con vino y harina, es decir, de nuevo la trilogía, pero con un carácter distinto del Rito Escocés, como símbolo de la sabiduría, fuerza y belleza que deben poseer quien llega a tan alto grado.

En las ceremonias de adopción el Venerable unta el oído del luvetón con aceite como símbolo de sabiduría y discernimiento, con el que que debe escuchar las lecciones del conocimiento y experiencia.