Santiago y la vida de la piedra que pisamos

  • Escrito por Carlos Rey
  • Publicado en Cultura
El arquitecto del Consorcio de Santiago, Angel Panero, muestra una de las numerosas piedras que cada año se sustituyen en las calles de Santiago. EFE/Lavandeira jr El arquitecto del Consorcio de Santiago, Angel Panero, muestra una de las numerosas piedras que cada año se sustituyen en las calles de Santiago. EFE/Lavandeira jr

Aunque la visión de la Catedral de Santiago, cuya imponente silueta gobierna el cielo compostelano, es la primera imagen que se nos viene a la mente al pensar en la capital gallega, hay otra seña de identidad que, frente a la verticalidad del templo, da horizontalidad al casco histórico: la piedra que pisamos.

Desde Ernest Hemingway a Rosalía de Castro, Valle Inclán o Cary Grant, bajándose de un carruaje en pleno Obradoiro vestido de oficial inglés, pasando por reyes, emperadores, papas, presidentes, premios Nobel, peregrinos o viandantes habituales, estas losetas de granito cuyo espesor supera los 20 centímetros han visto pasar a millones de personas, resistiendo el paso del tiempo.

El propio García Márquez describía la capital gallega como "un gran bosque oscuro de piedra destacándose sobre la verdura riente de la campiña", y nada sería de esa arboleda sin el denso follaje de 60.000 metros cuadrados cubierto por un total de 200.000 piedras de granito.

Las precipitaciones que sufren estas piedras, asentadas en una de las regiones más lluviosas del planeta, tampoco perturban su apariencia eterna, toda vez que el agua discurre por ellas como si de un río se tratase, otra de las imágenes más características de Santiago.

Sin embargo, esta seña de identidad de la capital gallega requiere de una minuciosa labor de mantenimiento, la que viene desempeñando desde el año 2007 el Consorcio de Santiago a través del programa “A pedra que pisas”.

“Esta iniciativa surgió en 2006, asociada a un programa de especialización para canteros en gestión y mantenimiento de las losas y pavimentos de la ciudad histórica”, explica en declaraciones a Efe el arquitecto director de la Oficina Técnica del Consorcio de Santiago y responsable del programa, Ángel Panero.

A pesar de que estas losas “son muy duraderas”, requieren gestión y tratamiento por parte de un cantero especializado; otra problemática que se daba entonces era la de la reventa de pavimentos que se sacaban y se sustituían por piedra “de sólo seis centímetros de espesor”.

“Creamos una línea que fue pionera: nos adelantamos diez años a lo que después fue sucediendo, que las administraciones se dieron cuenta de que era muy importante incluir en los presupuestos partidas para fomentar el mantenimiento, más que reparación o urbanización”, relata Panero.ç

En 2007, el Concello de Santiago le encomendó al Consorcio de la ciudad el mantenimiento de todo el terreno “intramuros”, una tarea por la que recibe anualmente alrededor de 120.000 euros, una financiación que permite desarrollar en torno a 250 intervenciones cada año.

El principal problema al que tienen que hacer frente en el programa es el del desgaste provocado por la entrada de camiones de gran tonelaje en el casco histórico, lo que genera grietas y hasta roturas en las losas de granito.

“Al final tenemos que actuar siempre sobre las mismas losas, en sitios muy concretos, donde se registran más estacionamientos, frenazos y acelerones”, afirma Panero, quien sitúa estos puntos en las principales zonas de carga y descarga, como la Praza de Cervantes, la Praza do Toural o la Praza da Quintana, así como la Rúa do Vilar o Casas Reais.

En este sentido, el arquitecto espera que “más pronto que tarde se revierta este círculo absurdo”, ya que, aunque la accesibilidad de los residentes “hay que respetarla y gestionarla”, la distribución de mercancías “con las metodologías y tecnologías que hay hoy en día se podría realizar a pequeña escala”.

“A corto plazo hay que tomar una decisión que termine con el gasto innecesario”, sentencia Panero, quien también ha llamado la atención sobre los golpes que reciben las fuentes en la Praza de Cervantes y la Praza do Toural, una cuestión que no atiende el programa “A pedra que pisas”.

Entre operación y operación de mantenimiento, las losas de granito de Santiago seguirán siendo una parte indivisible de la capital jacobea, formando parte de la carta de presentación de una ciudad que recibe cientos de miles de peregrinos y visitas ilustres cada año.