Cuando el arte no está en los museos, sino en lo alto de un monte

'La casa de Dios' de Épila (Zaragoza) es una de esas expresiones artísticas creadas fuera de los límites de la cultura y uno de las creaciones "más importantes" del llamado 'arte bruto'. Ahora es también un lugar abandonado que busca mecenas ante la indiferencia de las instituciones locales. EFE/Javier Cebollada 	   'La casa de Dios' de Épila (Zaragoza) es una de esas expresiones artísticas creadas fuera de los límites de la cultura y uno de las creaciones "más importantes" del llamado 'arte bruto'. Ahora es también un lugar abandonado que busca mecenas ante la indiferencia de las instituciones locales. EFE/Javier Cebollada

'La casa de Dios' de Épila (Zaragoza) es una de esas expresiones artísticas creadas fuera de los límites de la cultura y una de las creaciones "más importantes" del llamado 'arte bruto'. Ahora es también un lugar abandonado que busca mecenas ante la indiferencia de las instituciones locales.

La experta norteamericana Jo Farb, quien lleva toda su vida dedicada al estudio de este género, llega este sábado a Zaragoza para alertar sobre el estado de conservación de este conjunto escultórico, catalogado como una de las muestras más importantes de arte bruto en el mundo.

Este concepto fue acuñado por Jean Dubuffet para referirse a lo que otros llaman arte marginal: expresiones artísticas creadas fuera de los límites oficiales por personas con alguna enfermedad psiquiátrica, o bien excluidas de la sociedad.

Pero Jo Farb, profesora del departamento de Arte e Historia del Arte en la Universidad Estatal de California, prefiere hablar de arte a secas, porque es un género "muy amplio". "El arte no sólo está en los museos", comenta a EFE.

Tras años de investigación, Farb ha creado el archivo más grande del mundo sobre preservación de entornos de este arte autodidacta dentro de su proyecto 'Spaces'. Un listado en que aparecen cuarenta y cinco artistas españoles.

La casa de cristal de Félix Sanpériz reconstruida con botellas de champán en Monesma de San Juan, cerca de Barbastro (Huesca), o la catedral de Justo en Mejorada del Campo en Madrid son algunos ejemplos que se suman a 'La Casa de Dios en Épila'.

Reconocida por los expertos a nivel mundial, pero ignorada por las instituciones locales, la conservación de este edificio corre peligro tras el fallecimiento en julio de 2018 de su creador, Julio Basanta. Construido en el monte, el edificio puede verse desde la carretera que lleva hasta esta localidad de la provincia de Zaragoza.

Hay que hacer un esfuerzo para no distraerse al volante, pues la forma de las figuras y el color que sobresalen del edificio lo ponen difícil. Así lo reconoce también la experta Jo Farb, quien tuvo la oportunidad de conocer a Julio Basanta y hablar con él de su obra en varias ocasiones antes de su muerte.

Es una obra "muy violenta" y "difícil de ver por el tema que trata". Basanta, un albañil sin ningún tipo de formación, comenzó a decorar la fachada de su vivienda con figuras excéntricas hechas con material reciclado, hierro y cemento, a las que después añadía mucho color.

"Fue una forma de exorcizar los demonios que tenía dentro" tras el asesinato de su hijo en 1977 en el paseo del Canal junto a la antigua Fundición Alumalsa, en el barrio obrero de San José. Su sobrino, Miguel Basanta, fue testigo directo de su obra.

Desde pequeño vio cómo su tío daba forma a un conjunto único en el mundo, y al que hoy se acercan muchos curiosos. "Era un Dalí sin formación ni dinero", precisa. La familia ha intentado en varias ocasiones recabar el apoyo del Ayuntamiento del pueblo sin éxito.

"Siempre lo han visto como actos de gente loca o ilusa, y no ha habido especial interés por mantenerla", indica su sobrino Miguel Basanta. Pero ahora encontrar esos mecenas es si cabe más urgente dado el estado de abandono de la casa, donde de manera ocasional vive la viuda del artista, una mujer de ochenta años.

Farb ha llamado a la puerta de asociaciones locales y culturales y ha pedido fondos también de fundaciones de Estados Unidos, mientras divulga la importancia de la obra con conferencias como la de ayer  en la Harinera de Zaragoza. "Confío en encender una chispa en la comunidad", señala.

"El Ayuntamiento tiene que entender que preservar este lugar es bueno para el pueblo, porque atrae muchas visitas", concluye.