Darcelle XV, la "drag queen" de más edad en el mundo, no se rinde

Walter Cole, conocido en escena como Darcelle XV, se viste durante una entrevista con Efe el 12 de septiembre en el cabaret que lleva el nombre de su alter ego en Portland, Oregón. A punto de cumplir 89 años, Darcelle XV, reconocida por el libro Guinness como la "drag queen" en activo de más edad en el mundo, abre las puertas de su universo con una exposición de su vestuario y un musical sobre su vida artística. EFE/Tania Cidoncha 	   Walter Cole, conocido en escena como Darcelle XV, se viste durante una entrevista con Efe el 12 de septiembre en el cabaret que lleva el nombre de su alter ego en Portland, Oregón. A punto de cumplir 89 años, Darcelle XV, reconocida por el libro Guinness como la "drag queen" en activo de más edad en el mundo, abre las puertas de su universo con una exposición de su vestuario y un musical sobre su vida artística. EFE/Tania Cidoncha

A punto de cumplir 89 años, Darcelle XV, reconocida por el libro Guinness como la "drag queen" en activo de más edad en el mundo, abre las puertas de su universo con una exposición de su vestuario y un musical sobre su vida artística.

Convertida en un icono de Portland, en Oregon (noroeste de EE.UU.), Darcelle XV lleva 51 años en los escenarios. Walter Cole es desde 1967 el dueño del cabaret que lleva el nombre de su alter ego, Darcelle XV, un local que es el sueño de cualquier transformista por sus paredes plagadas de fotos y recuerdos, unos camerinos llenos de tesoros de épocas pasadas y un escenario donde ella brilla como ninguna.

Caminando con la ayuda de un bastón y acompañado de su asistente personal, Jay de la Rosa, Cole llega al club donde todavía actúa cuatro días a la semana para sumergirse junto a Efe en lo que "es el motor de toda su vida", según sus propias palabras.

Veinte minutos le bastan para transformarse de Cole en Darcelle XV mientras se realiza la entrevista. "Las redes sociales han cambiado todo, porque ahora en cualquier parte del mundo se pueden ver 'drags', pero cuando empezamos en 1967 no íbamos fuera del club con nuestros disfraces.

Era inseguro, ya que la gente no sabía lo que éramos, pero lo cambiamos y ahora Portland es un lugar maravilloso para nosotras", dice. Walter Cole se vistió por primera vez de mujer a los 37 años y recuerda emocionado que "tomó prestado un traje flamenco lleno de volantes de una tienda de disfraces" para presentarse en una fiesta del bar en el que trabajaba su novio.

Revolviendo entre sus trajes cuenta que con sus propias manos ha confeccionado "por lo menos 1.000 disfraces en todos estos años, de diferentes tallas". Al principio era una necesidad, porque cuando empezó no tenía dinero para encargarse los vestidos, pero ahora "no piensa permitir que nadie le mida" la ropa. Su perdición son la joyas de atrezzo, todas hechas en Arizona.

Las joyas blancas son las que casi siempre elige porque "van con todo", pero tiene centenares de aparatosas piezas de bisutería en unos camerinos llenos también de vestidos de lentejuelas, zapatos, pelucas y cajones de maquillaje que no se han tocado desde los años 70.

Del proceso de transformación, "lo mas importante es el maquillaje de los ojos, que resalto con cejas postizas de tela pegadas a mi frente, algo que he hecho de la misma forma desde hace 50 años", afirma.

No obstante, mientras se coloca con cinta de embalaje sus enormes y pesados pendientes, que "espera duren toda la actuación", advierte que, aunque las drags son sinónimo de brillos y grandes joyas, es importante "no exagerar" Walter Cole no siempre vivió para transformarse.

Estuvo casado y es padre de dos hijos. Aunque su relación conyugal se rompió en 1969, cuando reconoció ser homosexual, nunca se divorció y sigue casado con su única mujer, que acude al cabaret de vez en cuando para ver a Darcelle XV.

Recuerda "lo mucho que le gustó su experiencia en el ejercito estadounidense destinado en Italia" y es un padre orgulloso que piensa que lo mejor que le ha pasado en la vida "es haber tenido una familia maravillosa que le aceptara tal y como es".

Sus hijos conocieron la manera en que Walter se ganaba la vida por medio de un artículo en la prensa. Walter Cole Jr, quien dirige el bar del cabaret desde hace 30 años, dijo a Efe que "naturalmente cuando con 13 años tu padre se hace drag es duro, pero con el tiempo todo es orgullo".

Cole mantuvo siempre una relación con el artista y coreógrafo Roc "Roxy" Neuhardt, quien murió en 2017, dejando a Darcelle "inmersa en una soledad que no soporta", ya que desde que se fue "hasta rodeada de gente se siente sola".

Con nostalgia en la voz y los ojos humedecidos mientras se maquilla recuerda que la idea de Darcelle nació de su compañero de vida, que "se quedó en un segundo plano para que ella triunfara". Su asistente personal, quien nunca se separa de él, comenta a Efe que, como Walter siempre dice, "si hubiera continuado trabajando en Fred Meyer (un conocido supermercado de Portland), hubiera muerto".

Cole "disfruta la gente, la energía y todo lo significa ser drag", subraya De la Rosa. Ahora, además de sus actuaciones en el club, Cole está contento por el desarrollo de todo un proyecto en torno a Darcelle. El reconocimiento de Darcelle comenzó en el año 2010, cuando lideró el Festival de la Rosa de Portland, recibió el premio al "espíritu de la ciudad" y publicó un libro de memorias titulado "Tan solo llámame Darcelle", al que en 2020 se sumará uno todavía en preparación.

Darcelle está orgullosa de que la Sociedad Histórica de Portland muestre hasta el 3 de noviembre más de 1.500 trajes de la artista en la exposición "The Many Shades of Darcelle". Pero además, y esto la tiene "encantada, nerviosa y orgullosa", el 19 de septiembre se estrena el musical "That's not Lady" sobre su vida y espectáculos, en el que no aparece en escena, aunque lleva dos años trabajando con el productor Don Horn para hacerlo realidad.

Darcelle aconseja a la drags jóvenes "luchar por saber quienes son y seguir una línea, ya que si lo consiguen y tienen talento triunfarán", y asegura que ella seguirá en los escenarios hasta que su cuerpo diga "basta".