“Tito Andrónico” clausura el 65 festival de Mérida con su trágico final

  • Escrito por Laura Carroza
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Representación en el Teatro Romano de Mérida, de "Tito Andrónico", la obra más brutal de Shakespeare, que en versión del dramaturgo Nando López y bajo la dirección de Antonio C. Guijosa, se representa del 21 al 25 de agosto en la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. EFE/ Jero Morales Representación en el Teatro Romano de Mérida, de "Tito Andrónico", la obra más brutal de Shakespeare, que en versión del dramaturgo Nando López y bajo la dirección de Antonio C. Guijosa, se representa del 21 al 25 de agosto en la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. EFE/ Jero Morales

¿Es el hombre violento por instinto, como mantenía Hobbes, o un ser pacífico que la civilización corrompe, como sugería Rousseau? En esta disyuntiva oscila "Tito Andrónico", la brutal y sanguinaria tragedia de Shakespeare que ahonda en los sentimientos más oscuros.

El último estreno de la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida es un banquete in crescendo de atrocidades y golpes bajos en el que se esconde el sentido último de toda acción violenta, desfigurar de tal modo que las consecuencias sean irreversibles.

José Vicente Moirón da vida en este montaje a Tito Andrónico, un general romano que tras una década de campañas militares retorna a Roma laureado y con la reina goda Tamora (Carmen Mayordomo) y sus tres vástagos como prisioneros.

A su llegada a la capital del imperio, el militar triunfante, que es hombre fiel a la ley, se muestra impasible ante las súplicas de Tamora y acaba sacrificando a Alarbo (Sergio Adillo), el mayor de los hermanos godos, tal y como ordenan los ritos sagrados.

Sin embargo, la felicidad por su regreso dura poco. Pronto, el destino se vuelve contra Tito, convertido en víctima de los valores que encarna. Su acción siembra un odio infinito en la reina goda, cuyo único propósito es consumar la venganza contra el linaje de los Andrónico, pues su corazón solo quedaría satisfecho “sabiendo que el dolor que sufre encuentra su eco en quienes lo provocaron”.

Ambos, obsesionados con la ley del talión y creyendo justas sus reyertas, llevarán sus posiciones al extremo, donde no hay marcha atrás, haciendo de Tito el hombre más desgraciado pues “son sus penas tan ondas que no tienen fondo y de nada le sirve ya la razón”. Al igual que Tamora, él también sabe lo que se siente al perder un hijo. La mayoría murieron en la guerra y ahora solo cinco permanecen a su lado.

Entre ellos destaca Lavinia (Lucía Fuengallego) por quien siente una especial devoción al ver en ella la esperanza de un futuro mejor, pero la joven y sus hermanos aún con vida tampoco logran escapar de la espiral de barbarie que se cierne sobre su padre.

La sangre derramada pide más sangre abriendo camino a lo inhumano, de tal modo que la obra, dirigida por José C. Guijosa, debutante en el festival emeritense, se torna en un ciclo sin fin de asesinatos, mutilaciones, violaciones e incluso canibalismo.

A lo largo de la cruel pieza, Tito pierde una mano, las dos de su hija Lavinia y la lengua de ésta, además de su honra, pues la chica es violada, las cabezas de sus dos varones supervivientes y, por supuesto, ante tanta salvajada, la cordura.

Así que decide cocinar un pastel con los hijos de su enemiga, la reina Tamora, para ofrecerlo, en una escena final, a ella y sus partidarios. Los personajes que protagonizan esta dantesca historia están atravesados por la violencia más cruel que motiva su razón de ser.

Cegados en su cerrazón no se detienen, ni buscan un mecanismo de justicia alternativo. Quizá porque el dolor personal les hace perder la perspectiva, o tal vez haya un instinto más primitivo.

No obstante, la desmesurada tragedia que caracteriza este montaje, no ensucia el potente lirismo del texto original que el dramaturgo Nando López ha sabido conservar en su adaptación, de forma que palabra, música e imagen vierten belleza sobre un agresivo lienzo teatral.

La explícita y controvertida puesta en escena no resta profundidad a una obra que plantea conflictos tan atemporales como los límites y consecuencias de nuestras acciones o la violencia contra las mujeres.

“Tito Andrónico” es una coproducción del Festival de Mérida y la compañía extremeña Teatro del Noctámbulo que permanecerá en cartel hasta el próximo domingo cuando, después de cinco funciones, pondrá fin a dos meses de intenso teatro.