Rattle y la LSO hacen soberbia la sencillez con Rachmaninov, Britten y Haydn

  • Escrito por  Concha Barrigós
  • Publicado en Cultura
La London Symphony Orchestra, dirigida por el inglés Sir Simon Rattle (c), durante el concierto del Festival Internacional de Santander (FIS) que han ofrecido este domingo en la capital cántabra. EFE/Pedro Puente 	   La London Symphony Orchestra, dirigida por el inglés Sir Simon Rattle (c), durante el concierto del Festival Internacional de Santander (FIS) que han ofrecido este domingo en la capital cántabra. EFE/Pedro Puente

Sin batuta, podio ni partitura ha dirigido esta noche en Santander Simon Rattle a la London Symphony Orchestra (LSO) en un concierto en el que han brillado con Haydn, Britten y, sobre todo, con Rachmaninov y se han vuelto a meter al público en el bolsillo con su soberbia sencillez.

Como si estuviera haciendo taichi, a veces, y teatro Nô, en otros momentos, Rattle (Liverpool, 1955) ha dirigido a la LSO, su orquesta desde que cerrara en 2017 su etapa de 16 años con la Filarmónica de Berlín, con la seguridad de que le seguirían hasta el infierno, masticando y anticipando las notas y sin cesar de moverse.

Eso ha sucedido especialmente con la primera pieza, la sinfonía 86 de Haydn, en la que estaban menos de la mitad de sus 95 miembros, que luego han salido en su totalidad para interpretar la "Guía de Orquesta para Jóvenes", de Britten.

Con Haydn, Rattle se ha movido con un gran dramatismo y energía entre los altísimos primeros violines y chelos -el concertino ha tenido que sentarse en dos sillas apiladas para tocar- y ha llegado a medio colgarse en los atriles para "meterse" aún más en la música, la primera composición del austríaco en la que utilizó trompetas y timbales.

Haydn (1732-1809) era el primero de los tres "marginados culturales" de esta noche, quizá el único nexo de unión entre tan distintas formas de entender y componer música además de la búsqueda de la sencillez o "la ausencia de complicaciones".

Después, ya con podio y batuta, pero igualmente sin partitura, y con la orquesta al completo, ha afrontado la pieza que Britten compuso en 1947 por encargo del Ministerio de Educación británico como banda sonora de un documental que animase a los jóvenes a acercarse a la música clásica.

La segunda parte ha sido para Rachmaninov, del que han interpretado su sinfonía número 2, una composición posromántica, mágica y llena de fantasía que ha cosechado rotundos "bravos" nada más concluir.

El programa, muy variado, tenía la simple pretensión de hacer disfrutar al público al máximo, con Rattle controlando y mandando para que la potencia y fuerza de la LSO no hiciera sucumbir a la música y pudieran "sincronizar el latido del corazón", como decía el británico el año pasado tras su estreno juntos en Santander, donde interpretaron la Novena de Mahler con un gran éxito.

La experiencia fue tan satisfactoria para la agrupación británica, creada en 1904, y para el Festival de Santander que ambas instituciones llegaron a un acuerdo para que la orquesta se convierta en residente por un período de tres años.

Sus dos únicos conciertos del año en España con la LSO -tocará el piano en un recital junto a su esposa, Magdalena Kozena, el 18 de octubre en el Palau de la Música catalana- son el de esta noche y el que dará mañana también en el Festival de Santander, en el que interpretarán "Harmonielehre", de John Adams, y la sinfonía número 2 de Brahms.

El segundo concierto de la LSO, que continúa siendo propiedad de los músicos, comenzará con una obra de John Adams, "Harmonielehre", una de las piezas sinfónicas más importantes de finales del siglo XX, inmortalizada en una grabación de 1994 por el propio Rattle al frente de la City of Birmingham Symphony Orchestra.

Rattle es amigo desde hace tiempo de Adams y le complace especialmente incluirla en sus programas porque cree que es "buen ejemplo" de cómo el gusto del público se ha ido puliendo y abandonando posiciones maximalistas.