La creación de la Unión Republicana y los socialistas

La Unión Republicana fue un partido político que se creó 1903 en una Asamblea Republicana celebrada el 25 de marzo de ese año en el Teatro Lírico de Madrid, con el fin de intentar unificar las distintas tendencias enfrentadas del republicanismo español. Ya había habido ensayos anteriores de coordinación, como las alianzas electorales de 1893 y 1900, y que habían permitido una mayor presencia republicana en las Cortes, especialmente gracias a Cataluña.

La nueva formación estaba liderada por Nicolás Salmerón y Alejandro Lerroux. Se defendía un programa que gravitaba sobre la necesidad de la proclamación de la República, con un paso previo de convocatoria de Cortes Constituyentes. Unión Republicana supuso el esfuerzo más serio de unificar los partidos republicanos, ya que solamente se quedó fuera el Partido Republicano Federal, aunque se lograría con el mismo una alianza electoral. La UR obtuvo en 1905 treinta escaños, salidos de Madrid, Barcelona y Valencia, capitales donde el republicanismo siempre había tenido fuerza y donde los mecanismos caciquiles eran menos fuertes.

Pero el objetivo de este artículo es conocer la opinión de los socialistas ante la fundación de la UR, todavía lejos de la colaboración con el republicanismo a raíz de la Semana Trágica. Esta opinión fue pública gracias a El Socialista en su número de 3 de abril de 1903. La noticia del acto fundacional fue muy comentada en la prensa madrileña. El órgano del PSOE no podía dejar de hacerlo tampoco, dada la importancia del mismo.

Santos Juliá afirma que el resurgimiento de las fuerzas republicanas en el inicio del reinado de Alfonso XIII, coincidiendo con la desaparición de los dos grandes líderes de los partidos dinásticos -Cánovas y Sagasta-, hizo regresar a la opinión pública el debate sobre la forma de Estado, algo a lo que no podían sustraerse los socialistas, habida cuenta, además de la evidente crisis ya del sistema después del Desastre del 98. En el PSOE algunos líderes importantes, como Juan José Morato y Antonio García Quejido, o Agrupaciones del calibre de la Madrileña, defendían la necesidad de acercarse al republicanismo en forma de alianza electoral. Pero Pablo Iglesias era imperturbable en su rechazo categórico a este acercamiento. Este es el contexto en el que enmarcamos la postura emitida desde el órgano oficial del PSOE ante el avance republicano que supuso la creación de la UR.

Los socialistas consideraban que el recién creado partido bajo el liderazgo de Salmerón parecía fuerte en apariencia, pero un análisis detallado del mismo descubría sus debilidades. En principio, el discurso inaugural de Salmerón no era valorado positivamente porque solamente había incidido en el cambio de régimen político, y no había planteado cuestiones que importaban, siempre según el PSOE, a la gente. Por otro lado, se afirmaba que en la nueva formación faltaban el elemento progresista del republicanismo y los federales, la parte más numerosa del mismo. En contrapartida, muchos de sus miembros eran calificados como posibilistas y demagogos, en clara alusión implícita a los seguidores de Lerroux, ayer encendidos y hoy ya camino del conservadurismo (es interesante esta apreciación porque aún no se había fundado el Partido Radical). La nueva formación aunaba elementos muy conservadores con otros muy radicales, casi rozando la anarquía, unos muy tolerantes con la Iglesia y otros partidarios de acabar con la misma hasta de forma violenta. La heterogeneidad de sus componentes llegaba también, siempre según los socialistas, a las capacidades intelectuales de sus miembros. Gran parte del análisis socialista se terminaría por confirmar en poco tiempo, ya que las divergencias internas eran realmente muy grandes.

Con este tipo de partido no se podía esperar mucho y, sobre todo, no se podría derribar a la Monarquía.

Pero había otro factor que disgustaba sobremanera al PSOE, y era que la Unión Republicana pretendía afirmar que contaba con apoyo obrero y socialista. Esta era una cuestión sobre la que el socialismo español había trabajado mucho desde sus comienzos, es decir, intentar demostrar a los trabajadores que debían alejarse de las fuerzas republicanas, y asumir que la emancipación obrera no se podía lograr en el seno de las mismas. Las organizaciones “La Obra” de Granada, la Federación Obrera Andaluza y la Federación Revolucionaria, que la Comisión organizadora de la UR habían presentado como socialistas no lo eran, según la denuncia en El Socialista. Era verdad que algunas Sociedades de Resistencia habían formulado su apoyo a la nueva formación republicana, pero su número era muy poco significativo. Para los socialistas esto era jugar al equívoco, reclamando unas fuerzas que ya no podían estar en el republicanismo, en vez de elaborar un programa de un partido burgués progresista. El PSOE debía encargarse de señalar a los obreros lo que se pretendía con esta estrategia política.

Los socialistas creían que la pervivencia de la Monarquía era responsabilidad de los republicanos, y pensaban que con ejemplos como el de la UR duraría mucho más porque no habían aprendido de la experiencia.

En conclusión, la línea oficial socialista fue muy crítica con la Unión Republicana.

Además de consultar el número correspondiente de El Socialista, es importante acercarse al libro de Santos Juliá, Los socialistas en la política española. 1879-1982, Madrid, (1997). También, recomendamos la lectura (en la red) del trabajo de Alfonso Capitán Díaz, “Intenciones pedagógicas del “reformismo” en España (1903-1918)”, en Revista de Educación (2000). Encontramos un análisis más general sobre el republicanismo en la época en el libro dirigido por Nigel Townson, El republicanismo en España (1830-1977), Madrid (1994).