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Pablo Iglesias Posse y el socialismo francés en 1899

En un artículo anterior estudiamos la postura de Pablo Iglesias a principios del siglo XX sobre los socialistas que entraban en gobiernos republicanos, especialmente en relación con Francia, pero también en clave interna en un momento en el que aún no se había fraguado la Conjunción Republicano-Socialista. Pablo Iglesias era completamente contrario a que los socialistas colaborasen con los republicanos entrando en ejecutivos. Pues bien, unos pocos años antes, emitió la misma opinión a cuenta de una encuesta internacional que giró parte del socialismo francés, antes de su unión, sobre la entrada del socialista Alexander Millerand como ministro de Comercio e Industria en el Gobierno del radical Pierre Waldeck-Rousseau en 1899. Además, los socialistas franceses pedían la opinión sobre su postura en relación con el caso Dreyfus. La encuesta internacional fue promovida por Jaurès y Gerault-Richard a través de Le Petit Repúblique. Se preguntaba a los principales socialistas del momento. Recordemos que este diario en 1898 se vinculó al socialismo, siendo casi su órgano hasta que en 1904 se fundara L’Humanité por parte de Jaurés.

Pablo Iglesias tardó en contestar por problemas de salud, pero lo hizo, y El Socialista publicó su carta en el número 706 (15 de septiembre de 1899).

El líder socialista español, fiel a sus ideas, como apuntábamos al principio, defendía que los socialistas no debían aceptar cargo político alguno en ningún “Gobierno burgués”, ni el Partido Socialista autorizar la presencia de alguno de sus miembros en esos ejecutivos que tenían como misión defender el “régimen del salario”. Los socialistas no podían ir al poder a hacer cumplir las leyes que se habían hecho para mantener la explotación y la miseria. Debían acudir para anularlas.

En relación con el caso Dreyfus y la posición socialista, hay que afirmar que ya El Socialista trató la cuestión el año anterior, en su número 621 en un artículo que lleva el título de “Los socialistas franceses y la cuestión Dreyfus”. En el mismo se hacía eco de la declaración que la minoría parlamentaria socialista había publicado en la que se afirmaba que no se pronunciaría hasta que no tuviera toda la información. Se recomendaba a los obreros que no tomaran postura por ninguno de los bandos, porque estaban constituidos por los miembros de la “clase explotadora”. Los socialistas y los obreros tenían que combatir a esa clase, al capitalismo, fuera cristiano o judío, al clericalismo y a la oligarquía militar. Pero, en realidad, el socialismo francés estaba muy dividido, al respecto, como en muchas otras cuestiones. Precisamente, Jaurés destacó por su compromiso frente a la injusticia que estaba sufriendo el militar, por encima de las cuestiones de clase.

Pablo Iglesias se encontraba en la línea de abstención socialista, en la tradición antiburguesa y obrerista. Estaba de acuerdo en que los socialistas interviniesen para combatir a la reacción, pero consideraba que algunos de estos socialistas habían ido demasiado lejos dando al asunto más importancia de la que tenía para la clase obrera, es decir, era deudor de esta idea de que se trataba de un choque de dos tipos de burguesía, censurando que, al final, una parte del socialismo francés se había comprometido demasiado en la defensa, lógicamente, de la inocencia de Dreyfus. Iglesias reconocía la injusticia, pero no debía merecer más atención que las “grandes infamias” que sufrían frecuentemente los trabajadores.

Para conocer la cuestión de la táctica política socialista en el cambio de siglo podemos consultar la parte de la obra dirigida por Jacques Droz, Historia del socialismo, De 1875 a 1918, en relación con la Segunda Internacional. Las resoluciones de Dresde y de Ámsterdam pueden consultarse directamente en la red en el Marxist Internet Archive. El caso concreto francés puede estudiarse en el trabajo de Madeleine Rebérioux, El socialismo francés de 1871 a 1914”, incluyendo el asunto Dreyfus, en el libro citado de Droz.

En clave española, parece muy sugestivo el análisis que Antonio Robles Egea emprende en “La Conjunción Republicano-Socialista: una síntesis de liberalismo y socialismo”, en Ayer (2004) porque enmarca el acercamiento entre socialistas y republicanos españoles en un contexto europeo de concertación de las fuerzas liberales-democráticas con las socialistas con la finalidad de culminar el proceso de democratización de los Estados liberales decimonónicos, siguiendo los planteamientos que el propio autor hizo en un trabajo anterior de 1990, titulado “Socialismo y democracia: las alianzas de izquierdas en Francia, Alemania y España en la época de la II Internacional”, en Historia Contemporánea. Por fin, es muy importante recurrir al libro de Santos Juliá, Los socialistas en la política española, 1872-1982, Madrid, (1997), en las partes primeras del mismo.

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