Andrés Saborit ante el Congreso de la UGT de 1916

El Congreso de la UGT del año 1916 es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes de su historia, especialmente por la aprobación de un plan ante la carestía de la vida en plena Gran Guerra, y porque se inició el acercamiento de la CNT. El Congreso iba a celebrarse en el mes de junio, pero se decidió, ante la gravedad de la situación de los trabajadores y clases humildes por el aumento del paro y de los precios, adelantarlo al mes de mayo.

Pues bien, Andrés Saborit publicó en El Socialista, nada más comenzar el año, en el número del 3 de enero, cuando aún no se había tomado la decisión de adelantarlo, lo que pensaba debía ser el Congreso en relación con la organización sindical, debiendo emprenderse algunas reformas importantes.

Para Saborit la profunda crisis económica había impedido que la UGT creciese, y opinaba que al Congreso podían acudir menos federados, lo que supondría un retroceso para la Unión. En todo caso, opinaba que el sistema de cotización establecido en el anterior Congreso había demostrado ser el acertado, y no parecía conveniente rebajar la cotización ni volver a la situación previa. El problema era que muchas Federaciones no estaban al corriente de las cotizaciones semestrales. Había que terminar con ese lastre, aunque consideraba que las Federaciones no eran las responsables de esa situación. Para arreglarlo, según su opinión, había que eliminar el segundo párrafo del artículo 12 de los Estatutos, para que administrativamente las Secciones se entendiesen directamente con el Comité de la UGT, sin perjuicio de la obligación de pertenecer y cotizar a la Federación y a la Unión. El objetivo de esta reforma era evitar que la Unión se quedase sin fondos para socorrer en una huelga, por ejemplo.

Saborit defendía que se reforzasen las Federaciones para que fueran más importantes. En este sentido, era necesario reformar el artículo 15. Las Secciones tendrían que estar obligadas a pertenecer a las Federaciones. Sin éstas no podría existir la UGT.

En materia de huelgas se preguntaba si el Congreso no tendría que estudiar si se mantenía el artículo 18, porque era el que esgrimían los anarcosindicalistas para demostrar que la UGT no crecía, que no se sumaban a ella más Sociedades Obreras. Saborit consideraba que era algo absurda la reglamentación que allí se establecía, y más cuando en el artículo 17 se establecía que la UGT consideraba huelga reglamentaria aquella que a juicio del Comité Nacional se pensaba que pudiera tener posibilidades de triunfar. El artículo 19, por su parte, recomendaba a las Secciones que cuando reclamaran mejoras a los patronos lo hicieran de manera que se facilitase su aceptación. Todo esto era suficiente y, por lo tanto, debía desaparecer, en su opinión, el artículo 18. Además, Saborit pretendía que se limitase la duración para auxiliar una huelga, nunca más de trece semanas, porque pensaba que la mayoría de conflictos que duraban más tiempo se perdían. No se podía comprometer los intereses de la Unión por los de una parte, aunque hubiera víctimas. En ese caso existiría la solidaridad y no la Caja de Huelgas reglamentaria, ya que se podría convertir, sin tener potencia económica para ello, en un fondo de socorro para parados. Por eso, había que añadir en el artículo 23 de los Estatutos que cuando los fondos reglamentarios se agotasen, la Sección interesada no podría reclamar nada. La Unión debía contar siempre un fondo de reserva para los casos imprevistos de huelgas y lock-outs.

También consideraba algunos cambios en relación con los trabajadores agrícolas. Adscrito a la Secretaría de la Unión debía funcionar un Comité dedicado a la defensa y organización de los obreros del campo. Saborit deseaba una reforma profunda en esta materia, tanto en lo referente a los principios, como en la cuestión de las huelgas, en el mismo sentido descrito anteriormente. Consideraba que las Secciones Campesinas no eran debidamente apoyadas. La UGT tenía que hacer más por los obreros agrícolas. A estos trabajadores había que garantizarles que sus huelgas iban a ser auxiliadas por la Unión. Antes de declarar reglamentariamente una huelga, habría que hacer los estudios necesarios en la población correspondiente, con el fin de asesorar a los trabajadores compañeros para conseguir el bien general de todos los trabajadores que, en opinión de Saborit, solían alcanzarse generalmente sin lucha.

Las huelgas solamente serían reglamentarias cuando en el Comité Nacional de la UGT contasen con mayoría de dos terceras partes.

Como podemos comprobar, Saborit es un ejemplo del sindicalismo socialista con una concepción distinta de la huelga de la que defendía el anarcosindicalista, algo fundamental para entender los conflictos entre la UGT y la CNT, a pesar de los acercamientos que se dieran entre ambas, como ocurriría, precisamente, a partir del Congreso de 1916 de la central socialista.

En relación con el Comité Nacional no veía la necesidad de emprender reformas profundas, aunque consideraba que no era democrática la inamovilidad del secretario general.

Si veía bien que, cada tres meses, si dos o más Federaciones lo pedían, podían celebrarse Congresillos con representantes federativos, aunque los acuerdos no serían ejecutivos hasta que fueran aprobados en los Congresos Nacionales. Saborit pretendía ir ensayando un sistema para dar más protagonismo a las Federaciones, aunque, por el momento no deseaba ir más lejos porque había que estudiar primero la relación real de las mismas, porque pensaba que debían ser objeto de reformas más profundas que las que necesitaba la propia Unión.

Veía necesarios que los cargos directivos de las Federaciones y de la Unión se reuniesen semestralmente para orientar a la organización, estudiar la situación, tratar sobre las Secciones, elaborar estadísticas, y discutir sobre las huelgas. Lo resuelto debería publicarse en la prensa federativa y en la obrera porque serviría para el movimiento obrero, algo que, al parecer, se descuidaba en ese momento. Sería conveniente crear en Madrid, en la Secretaría de la UGT una oficina que reuniese la información de las Federaciones. También opinó sobre la necesidad de unificar sobre todo lo que se gastaba en propaganda, y sobre los delegados en los Congresos. Saborit quería una clara mejora en la organización de las Federaciones y de la Unión.

Podemos consultar la obra de Manuel Rendero San Román, Estudios de Historia de la UGT, Salamanca, 1992; José Luis Guinea, Los movimientos obreros y sindicales de España. De 1833 a 1978, (1978); y Paul Heywood, Marxism and the failure of Organised Socialism in Spain, 1879-1936, Cambridge, (2003).