El cineasta Pedro Pinho lanza "La fábrica de nada" contra la inacción social

  • Escrito por Alicia G.Arribas
  • Publicado en Cultura
Fotografía facilitada por La Aventura Audiovisual y Terratrema, del cineasta portugués Pedro Pinho que encabeza un proyecto fílmico colectivo titulado "La fábrica de nada" donde mezcla maneras de documental con una historia de ficción "pura y dura" arropada por números musicales; una mezcla insólita, y reconoce en una entrevista con Efe, pero con un mensaje que funciona. EFE Fotografía facilitada por La Aventura Audiovisual y Terratrema, del cineasta portugués Pedro Pinho que encabeza un proyecto fílmico colectivo titulado "La fábrica de nada" donde mezcla maneras de documental con una historia de ficción "pura y dura" arropada por números musicales; una mezcla insólita, y reconoce en una entrevista con Efe, pero con un mensaje que funciona. EFE

El cineasta portugués Pedro Pinho encabeza un proyecto fílmico colectivo titulado "La fábrica de nada" donde mezcla maneras de documental con una historia de ficción "pura y dura" arropada por números musicales; una mezcla insólita, reconoce en una entrevista con Efe, pero con un mensaje que funciona.

Porque "La fábrica de nada", dice Pinho, "es una metáfora de Europa que obliga a meditar sobre la solidaridad, el trabajo en grupo y la conciencia de clase".

Recordado por su impactante documental "Bab Sebta" (2008) sobre las migraciones entre África y Europa a través de Ceuta, Pinho se sumerge ahora en las tribulaciones de un grupo de obreros de una fábrica de ascensores que, una noche, comprueba que los dueños la están desmantelando poco a poco.

Cuando se preparan para impedirlo, la dirección les obliga a no hacer nada, como represalia.

Con la amenaza del cierre, los personajes intentan buscar una manera de encauzar sus vidas; el vértigo de lo inevitable y una especie de fuerza coral se va imponiendo a cada nuevo mazazo: quienes fueron el alma y los brazos de la fábrica se embarcan en una experiencia nueva, la autogestión. Y les da miedo, pero se aguantan.

"El cierre de la fábrica funciona como un microcosmos donde explorar dramáticamente las texturas y las consecuencias del sentimiento de impotencia que la mayoría de la gente siente en estos momentos; no es una película sobre la crisis -aclara- sino algo más estructural, más relacionado con los problemas que tenemos".

La cinta logró el reconocimiento de la Quincena de Realizadores de Cannes y también fue la ganadora del Festival de Cine Europeo de Sevilla, entre otra veintena de premios recogidos en los más de 60 festivales del mundo por los que ha pasado.

"Estamos muy contentos porque no contábamos para nada con la que película fuera tan bien recibida; es cine muy exigente y no precisamente cómodo", reconoce el cineasta portugués, que habla en plural porque la cinta nació como idea de un colectivo, la productora Terratreme, que escribió el guion a muchas manos: las de Tiago Hespanha, Luisa Homem, Leonor Noivo, Jorge Silva Melo y del propio Pinho.

"El origen fue la idea del productor teatral Jorge Silva Melo que quería hacer una película sobre el cierre de una fábrica. Era 2005 y el proyecto quedó aplazado. En 2014, Terratrema la reescribió por completo cuando la crisis vivía su peor pico", explica Pinho.

Así nació "A fabrica de nada", un largometraje de cerca de tres horas que se rodó en una fábrica real con trabajadores auténticos seleccionados entre todos los obreros que acabaron en el paro en una zona del norte de Lisboa donde la crisis redujo su industria de 52 a once fábricas.

"Se ofrecieron y nos iban contando sus experiencias, que nos iban contaminando. Lo que pasó fue mágico -afirma el director-, porque los que iban a hacer la película sentían la misma necesidad, la misma urgencia que nosotros, de hacerla, incluso más".

El hecho de que no fueran actores profesionales en un entorno que era real colaboró a la idea de que "La fábrica de nada" era un documental, o un docudrama.

Pero no. "A pesar de tener un compromiso muy fuerte con la realidad es todo ficción, está todo escrito, no hay nada de documental.

Nunca filmamos la vida de alguien, sólo nos inspiran", asevera. Es cine político y social, evidentemente, señala el director, pero contado de una forma muy particular; de hecho, a Pinho le costaba mucho pensar que la música y los bailes coreografiados de los trabajadores podrían resultar convincentes.

"Muchos musicales ocurren en el entorno laboral de una fábrica, pero cómo hacerlo. Era absurdo para mí", dice, pero lo hizo "aprovechando toda la fragilidad del contexto".

Aunque afirma que su mensaje "está muy claro en la película" no quiere concluir la charla con Efe sin advertir de que hay que recuperar la "energía colectiva perdida en los 70", porque "si no somos capaces de organizarnos a nuestro nivel, con los más próximos, alguien lo hará por nosotros".

La película llegará el próximo viernes a las salas españolas, "un auténtico milagro", bromea Pinho.

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