Antonio Manuel Moral Roncal

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

El carlismo del siglo XIX en el cine español del siglo XX

El cine, desde su nacimiento, ha presentado ante el espectador su propia interpretación de la historia del ser humano, como la novela histórica o la pintura de recreación del pasado. En el caso del carlismo, movimiento político del siglo XIX, no han sido abundante los films que se han aproximado al mismo, aunque no por ello resultan singulares.

Los orígenes del feminismo católico en España

Pese a los recelos iníciales de la Iglesia católica respecto al feminismo, pronto ésta comprendió la importancia del mismo. Resultaron por ello singulares los artículos del jesuita Alarcón y Meléndez -publicados entre 1904 y 1905 en la revista Razón y Fe- bajo el significativo título de "Un feminismo aceptable". Una pequeña ola que fue aumentando a partir de entonces: la aceptación del feminismo entendido como el concurso de la mujer en las funciones de la vida social, sin salirse de su esfera propia y conforme al espíritu del Evangelio. Por ello los católicos, durante el reinado de Alfonso XIII, comenzaron a diferenciar lo que podía ser un buen feminismo -aquel se engarzaba con la fe de la Iglesia- del otro que conducía al paganismo y la negación de la verdad.

España ante la caída del muro de Berlín

En 1989, la postura oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores español ante la caída del muro de Berlín y la apertura de un proceso de unidad entre las dos Alemanias fuera tibia y recelosa, al estar influida por las críticas a ese proceso impulsadas desde Londres y París. Sin embargo, el gobierno español comenzó a distanciarse un poco de esa postura, ya que, debido a las circunstancias históricas de las relaciones hispano-germanas en el siglo XX, se encontraba más libre de temores pasados que sus homólogos europeos. Felipe González fue, precisamente, el primer jefe de Gobierno que felicitó al canciller alemán H. Kohl tras la apertura de fronteras.

Los gremios madrileños en los últimos años del reinado de Fernando VII

La restauración de la obra constitucional, durante el Trienio Liberal (1820-1823), supuso la aplicación del decreto de las Cortes de Cádiz de 8 de junio de 1813 por la cual se proclamaba la libertad en el establecimiento de fábricas y en el ejercicio de cualquier oficio o industria, sin necesidad de examen ni entrada en gremio. Estas corporaciones podían sobrevivir, aunque de hecho quedaron convertidas en asociaciones voluntarias. La ejecución del decreto favoreció la apertura de talleres artesanales libres pero también produjo un aumento de las tensiones políticas en las corporaciones de oficios. En Madrid, algunos artesanos y comerciantes se manifestaron a favor del gobierno constitucional frente a otros, afines a los realistas y a la existencia de corporaciones.

Conflictividad social durante la Restauración: una visión del cine español

La Historia que el cine presenta –como hace la novela histórica igualmente- no es una reproducción de la realidad, tal y como mucha gente común desea encontrar al sentarse en la butaca. La película de género histórico intenta narrar un proceso visualmente, unos acontecimientos, un episodio del pasado, donde la estructura dramática resulta inevitable, por lo que no hay que escandalizarse de ello. La Historia académica intenta dar cuenta racional de lo que ocurrió, aproximarse al ser humano de hace mucho tiempo, mientras el cine presenta una reconstrucción, en muchos casos, sentimental, una mirada especial del presente sobre el pasado. La Restauración (1875-1931) es un periodo de la historia de España que ha sido llevado al cine desde diferentes ópticas. El presente artículo pretende exponer algunos acercamientos cinematográficos que ha habido sobre algunos de sus conflictos sociales.

De Sevilla la roja a Sevilla la de las boinas rojas. Carlismo y mundo obrero, 1931-1934.

Al poco tiempo de proclamarse la Segunda República, se produjo una de las "resurrecciones" políticas más singulares de la Historia de España: el carlismo -que parecía un movimiento del siglo XIX condenado a su extinción en las primeras décadas del siglo XX- conoció una etapa de crecimiento totalmente insospechado para sus vecinos del abanico político. Así, a los pocos meses de régimen republicano, los carlistas comenzaron a unirse con monárquicos tradicionalistas e integristas separados desde hacía tiempo, convergiendo en círculos, organizaciones y agrupaciones de todo tipo. Además de sus tradicionales bastiones del norte peninsular -provincias vascas, Navarra, Santander, Cataluña- y en el este -Maestrazgo aragonés y valenciano- comenzaron a tener fuerza otros, como Andalucía Occidental, en torno a Sevilla y a la figura de Manuel Fal Conde. A la hora de explicar también su renacimiento político, debe tenerse en cuenta, igualmente, el marco de partidos propio de sus geografías: la mayor parte de las derechas sufrieron un colapso en los primeros meses de 1931, Acción Nacional estaba comenzando a surgir –sobre todo en Madrid-, y los partidarios de Alfonso XIII se encontraban desmoralizados en provincias.

El catolicismo social en la Sevilla de principios del siglo XX

Para hacer frente a los desafíos de la modernidad contemporánea del siglo XIX e impulsar la Rerum novarum de León XIII, a finales del mismo surgió el Movimiento Católico. Este término organizaba la acción pública de los católicos frente al triunfante mundo liberal en diversos frentes: político, social, propagandístico y educativo. Esa acción se materializó en un conjunto de obras, dirigidas por asociaciones, que tendieron a ser coordinadas con el clero.

Intentos de mejora de la situación laboral de los aprendices en el Madrid ilustrado

En un artículo anterior, describimos las circunstancias vitales que rodeaban la vida de numerosos aprendices en la España del siglo XVIII. Sus dificultades laborales y sociales hicieron que algunos ilustrados propusieran una serie de ideas y actuaciones para mejorar su situación y, por ende, de todos los trabajadores. En Madrid, destacó la actuación de la Clase de Artes y Oficios -es decir, una sección interna - de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en 1775, con el apoyo del rey Carlos III, y popularmente llamada la Matritense. El 30 de septiembre de ese mismo año , el socio Antonio de Quadra y Llano presentó tres memorias sobre los cometidos que deberían desempeñar cada sección de la Matritense. Sus ideas tuvieron tal éxito que fueron publicadas en el primer tomo de las Memorias de Artes y Oficios, en 1780.

Las condiciones laborales del aprendiz en tiempos ilustrados

En la España del siglo XVIII, numerosos padres colocaban a algunos de sus hijos -a una edad muy temprana- en un taller, obrador o tienda para que aprendieran una profesión. Una vez finalizada su etapa de aprendizaje, pasaban a cobrar un sueldo de oficial, mientras ahorraban para lograr aspirar a ser maestros o sus propios dueños de un pequeño negocio.

Los primeros pasos del movimiento social católico en Europa

A finales del siglo XVIII y durante el XIX, el triunfo del liberalismo en Europa se consolidó por medio de guerras y revoluciones principalmente, aunque también -sobre todo en los reinos del Norte europeo- a través de reformas y pactos. Sin embargo, hechos como la violencia anticatólica de la revolución francesa o manifestaciones anticlericales del ciclo revolucionario de 1848 afianzaron la idea, en numerosos católicos, de que revolución y persecución religiosa resultaban ser sinónimos. A ello contribuyeron también no pocos partidarios de cambiar el estado de cosas conocido hasta el momento.

La acción social en la Zaragoza del siglo XVIII: el papel de las instituciones

Hacia 1776, la acción social en la capital de El Ebro era ejercida por varias instituciones, destacando en el campo de la sanidad el Hospital de Nuestra Señora de Gracia -fundado en el siglo XV- que atendía a enfermos y contaba con una sección especial para tratar a dementes y otra a niños expósitos cuya procedencia iba más allá de los territorios aragoneses. Vinculadas a este centro, las congregaciones de seglares Siervos de los Pobres Enfermos, y de Siervas de Pobres Enfermas -creadas en 1731- ayudaban a los enfermos de ambos sexos en tareas de higiene, hacían y calentaban sus lechos, regalándoles zapatos y ropas al llegar su completa recuperación.

Una respuesta católica ante la cuestión social: la Rerum novarum

La Iglesia católica, ante la llamada cuestión social en el siglo XIX, respondió con un abanico de soluciones y medidas para tratar de mejorar la situación de los trabajadores. Dependiendo del marco político en que se encontraban, los católicos apostaron por una acción caritativa directa e inmediata, pero también intentaron solicitar a los gobiernos una legislación social protectora, mientras denunciaban los errores del capitalismo y del socialismo.