Notas sobre el inicio del socialismo en Finlandia

Finlandia había pertenecido a Suecia durante la época moderna, pero en tiempos de las guerras napoleónicas pasó a depender de la Rusia zarista. El zar Alejandro I había firmado con Napoleón el Tratado de Tilsit en 1808, que le dejó las manos libres para ocupar Finlandia. Por el Tratado de Friedrickshamamn (1809), el país pasó a ser un Gran Ducado con autonomía en diversas materias: Dieta parlamentaria propia, ejército, moneda, etc.

El inicio del desarrollo industrial en los años ochenta del siglo XIX provocó que comenzara a surgir un peculiar movimiento obrero en el país nórdico. Se crearon asociaciones o sociedades de Amigos del Trabajo, con una clara presencia de burgueses progresistas en sus filas. A mediados de la siguiente década había ya en el país unas treinta y cuatro sociedades de este tipo. Von Wright intentó que se organizaran en una federación. Además, se comenzó a publicar “El Obrero”, una especie de órgano de la clase obrera, aunque al principio no había nacido para ello. Pero el periódico se radicalizó gracias a las plumas de Matti Kurikka y Edvard Valpas. Pensaban que los obreros no podían seguir dependiendo de líderes que no procedieran de la propia clase trabajadora porque eso no permitía su emancipación. Von Wright, mucho más moderado, se retiró. Kurikka, por su parte, intentaría crear comunidades utópicas en Australia y Canadá. A principios del siglo XX ayudó a crear una colonia utópica en la Columbia británica de nombre Sointula, que terminaría por fracasar. Valpas llegaría a ser uno de los líderes de la Socialdemocracia, llegando a ser diputado. Después tendría un gran protagonismo en la época posterior a nuestro estudio cuando estalló la Revolución Rusa y se planteó la guerra civil. Llegó a exiliarse en Rusia, y a su vuelta fue encarcelado, aunque fue indultado, y se vinculó más al sindicalismo.

En 1899, el zar prohibió el ejército finlandés e impuso el uso del idioma ruso en la administración, lo que supuso una clara merma de la autonomía del Gran Ducado, en línea con un evidente interés por aplicar una política de rusificación. En este contexto de conflicto los líderes obreros se reunieron en ese mismo año para crear el Partido Obrero de Finlandia. Para ello, recurrieron al magisterio del gran socialista sueco Branting, y adoptaron el programa alemán de Erfurt. En 1903, la formación se unió a la Segunda Internacional. En ese momento pasó a llamarse Partido Demócrata Socialista de Finlandia, y comenzó a crecer.

Pero el socialismo finlandés no sólo estaba comprometido con la lucha obrera, sino también con la nacional frente a la autocracia zarista, lo que le separaba, en cierta medida, de sus homólogos partidos socialistas nórdicos. La crisis rusa generada por la guerra con Japón y la inmediata Revolución de 1905 provocaron disturbios en Finlandia. Los socialistas aprovecharon la situación para reivindicar la transformación del sistema electoral de la Dieta finlandesa, que estaba organizada por estamentos, casi como una cámara del Antiguo Régimen, y que impedía el acceso a los representantes de los obreros. A finales de octubre de 1905 se dio una huelga general, y los rusos cedieron. En 1906 se votó una nueva Constitución que establecía un parlamento con una única cámara, elegida por sufragio universal, incluidas las mujeres, todo un hito histórico mundial. Esta transformación política evidente que, sin llegar aún a la independencia, fue un éxito tanto de la burguesía como de los obreros, liderados por los socialistas. La existencia de un enemigo común autocrático unió a las dos clases en ese momento. Pero cuando comenzó el trabajo parlamentario en la Dieta aparecieron los conflictos de clase. La burguesía defendía la libertad de trabajo frente a las amenazas de huelga que procedían de la izquierda. En estos momentos, el socialismo finlandés vivió un momento de claro auge, ya que a la altura de 1905 contaba con unos 45.000 afiliados y subiendo hasta los 70.000 en vísperas de la Gran Guerra. En las elecciones a la Dieta del mes de marzo de 1907, después de una campaña electoral teñida de no poca violencia, consiguieron 80 escaños de los 200 con los que contaba esta asamblea.

Este evidente giro a la izquierda en Finlandia provocó la reacción rusa. La Dieta fue disuelta en varias ocasiones, pero eso no hizo más que crecer a los socialistas. En las elecciones de 1908 aumentaron su representación política y en todas las elecciones posteriores hasta 1913. En realidad, los socialistas finlandeses fueron los que tuvieron más respaldo electoral de todos los socialistas europeos en los años previos la guerra mundial, incluyendo a los todopoderosos socialdemócratas alemanes. El Partido Socialdemócrata finlandés optó en esos años por abandonar cualquier tipo de colaboración con la burguesía del país, incluida la que más contraria a los rusos se mostraba.

El poder de la socialdemocracia en Finlandia en los inicios del siglo XX es un fenómeno muy curioso, ya que, a pesar de algunos avances económicos, distaba mucho de ser un país plenamente industrializado. En este sentido, la fuerza sindical siempre fue manifiestamente menor que la que tenía el partido, como lo prueba la enorme diferencia de militantes entre ambas organizaciones. Pero los socialistas tenían un respaldo electoral muy importante en el medio rural, algo bastante insólito si se compara con las bases electorales de los partidos socialistas europeos. Los campesinos finlandeses apoyaban a los socialistas porque éstos luchaban en la Dieta por la fijación de la duración de los contratos de arrendamiento y por la abolición de los arriendos en forma de prestación personal, algo que tenía claras reminiscencias feudales. Por otro lado, los socialistas eran vistos con simpatía por amplias capas sociales por sus campañas contra el alcohol, y por su trabajo en el ámbito municipal donde consiguieron bastante poder, a pesar de las trabas electorales que existían en este ámbito de la administración. Por fin, los socialistas finlandeses se empeñaron a favor de la cultura y la educación. Crearon el Teatro Obrero de Helsinki, muchos coros y asociaciones deportivas, además de fomentar la educación entre las mujeres. Sus casas del pueblo eran modélicas. En conclusión, crearon una estructura educativa, cultural y de ocio.

Para profundizar en el socialismo finlandés podemos recurrir a la obra clásica que coordinó en su día Jacques Droz, Historia General del Socialismo, que en 1976 publicó en España Destinolibro, en el volumen segundo.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.