Falsedades, tópicos y tergiversaciones de Franco sobre la Masonería

El poder es la capacidad de actuar sobre los demás

Michel Foucault

La memoria es a veces frágil, sobre todo, cuando se procura olvidar el pasado. Hace tiempo que no recuerdo que se mencione la figura del dictador “bajo palio”, imagen determinante y emblemática del periodo nacional católico de la dictadura, ni las diatribas utilizadas como excusa y como cortina de humo, tal es el caso de la conjuración judeo-masónica o las furibundas descalificaciones dedicadas a la masonería, demonizándola y considerándola poco menos que fuente de todos los males. Durante décadas esto fue así, nadie lo detuvo y el bulo fue creciendo y propagándose.

Me gusta releer páginas de Indalecio Prieto, era un periodista agudo, crítico y certero. Es una pena que el mundo del exilio nos quede tan lejano y que los textos de “don Inda” sean tan poco leídos y comentados, cuando hay en ellos mucho que extraer, pese a los loables intentos de la Fundación Indalecio Prieto por divulgar sus obras y mantener vivo su recuerdo.

En una fecha tan temprana como 1953, publicó un más que interesante texto, escasamente conocido, eso sí, que lleva por expresivo título Franco y la Masonería, donde con la inteligencia y socarronería que eran tan habituales en él, Prieto pone algunos puntos sobre las íes, aclarando no pocas cosas. Lo más interesante, desde mi punto de vista, es cuando afirma: “Franco no ha descabezado a la hidra masónica por no existir tal hidra”. No conforme con vestir el maniqueo, el dictador y sus adláteres tergiversan y utilizan a su antojo, las invenciones más truculentas sabiendo que mentían y dando rienda suelta a sus fantasmas interiores.

El miedo es siempre una gran ayuda para los dictadores que no suelen dudar en inyectarlo a sus súbditos utilizando, además, argumentos que serían abiertamente ridículos si no fueran trágicos. Y es que una vez más, los barbaros son quienes rechazan el modelo democrático y utilizan medios innobles y tiránicos para perpetuarse en el poder.

El dictador mentía y era consciente de que lo hacía, no importándole faltar a la verdad. En su ensayo Prieto habla de algunos masones ilustres: Ruíz Zorrilla o Álvarez Mendizábal, señalando que en España la masonería no ha sido nunca excesivamente influyente, desde algunos ministros de Carlos III como el Conde de Aranda. Tal vez, merezca especial mención Práxedes Mateo Sagasta por el papel histórico que le tocó jugar.

Hemos afirmado que el dictador mentía, a conciencia de que lo hacía, ya que mientras se fusilaba y encarcelaba a los masones que se habían mantenido fieles a la República, citemos como ejemplo, al General Miguel Núñez de Prado, no tenía el menor empacho en otorgar privilegios a otros, como es el caso del Miguel Cabanellas, conocido masón cuya doblez y falta de escrúpulos eran notorios.

Cuando se está revisando el callejero, en algunos lugares, eliminando de él calles y símbolos de la dictadura, conviene tener muy presente reflexiones como esta.

Miguel Cabanellas fue Presidente de la Junta de Defensa Nacional, constituida en Burgos al poco de producirse la sublevación contra la República. Al día siguiente de constituida, firma un Decreto en el que da carta de naturaleza a que el General Francisco Franco asuma las funciones de General Jefe del Ejercito de Marruecos y Sur de España. Parece que por la precipitación no se preocupan mucho de las precisiones geográficas.

El día 1 de octubre se dirige hacia el que sería el más longevo dictador del siglo XX, con las siguientes palabras: “Señor Jefe del Gobierno del Estado Español, en nombre de la Junta de Defensa Nacional, os entrego los poderes absolutos del Estado. Estos poderes van a Vuestra Excelencia, soldado de corazón españolísimo, con la seguridad de que cumpla al transmitirlo, el deseo fervoroso del auténtico pueblo español”.

Tan retórica y hueca declaración de intenciones, propia de un rancio nacionalismo españolista, merecía una respuesta similar y la tuvo. Francisco Franco contestó sin inmutarse: “Mi general, señores Generales y Jefes de la Junta: podéis estar orgullosos. Recibisteis una España rota y me entregáis una España unida en un ideal unánime y grandioso. La victoria está a nuestro lado. Ponéis en mis manos a España: yo os aseguro que mi pulso no temblará, que mi mano estará siempre firme…” Estos tópicos los repetirá sin el menor pudor durante el tiempo que duró la dictadura.

¿Qué gano Cabanellas con tal servil actitud? El nombramiento de Inspector General del Ejército, que dicho sea de paso, era el cargo militar más alto tras el dictador.

¿Conocía Franco que Miguel Cabanellas era masón? Sin lugar a dudas. Era “vox populi”. El general era un “bocazas” e iba exhibiendo y jactándose de su pertenencia a la Logia por cafés y cervecerías.

Para completar este cuadro ignominioso habrá que añadir que a Franco, en un ejercicio de hipocresía, no le importaba que tras los convenios para que los norteamericanos establecieran en nuestro suelo las bases, que trajeron dólares y reconocimiento para su régimen dictatorial, no mencionó nunca e hizo como que no sabía, que muchos de ellos pertenecían a conocidas logias.

Es probable que tantos historiadores de “pacotilla”, periodistas serviles y medios de comunicación ignoraran este y otros artículos de Prieto, pero si hubieran tenido la oportunidad de conocerlos, hubiera dado igual. Cumplían órdenes y ejecutaban lo que se les mandaba sin rechistar.

Quizás lo anteriormente expuesto sirva para despertar en algunos lectores el interés hacia la figura de Indalecio Prieto. El Ateneo de Madrid, le rendirá un homenaje el próximo quince de octubre. No es ocioso, sin embargo, recordar que desempeñó durante la Segunda República Carteras de la importancia de Hacienda, Obras Públicas o Defensa y, también, que durante más de tres años fue Presidente del PSOE en el exilio.

Tampoco es justo que sea sepultada, bajo una capa de olvido, sus magníficas dotes de orador o que fue un decidido partidario de la Convención republicano-socialista que llevó por primera vez al Parlamento a un obrero, Pablo Iglesias Posse.

Al poner de manifiesto lo que durante decenios se ha venido ocultando e impidiendo que salga a la luz, no hacemos otra cosa que cumplir con un deber inaplazable de ciudadanos y demócratas.

Todo cuanto hemos venido exponiendo debe servir, asimismo, para poner a la masonería en su lugar, rescatándola de las infamias de que ha sido objeto. En democracia hay ciudadanos preocupados a veces por saber de dónde vienen…, en una dictadura tan sólo hay súbditos cautivos y aspavientos huecos. Ya es hora de decir basta a tanta dimensión reduccionista y, procurar que salga a la luz, lo que ha venido permaneciendo oculto o en penumbra.

No podemos, ni debemos tolerar por más tiempo relatos interesados que lo único que ponen de manifiesto es cómo las dictaduras sienten una atracción enfermiza hacia la paranoia. Es más, una prolongada indiferencia, acaba por hacerse cómplice del totalitarismo.

Quisiera concluir estas reflexiones señalando que el ejemplo, la entereza moral y los testimonios que nos han ido dejando quienes se opusieron a un régimen dictatorial son imprescindibles para analizar, con rigor, nuestro presente… y, también, para iniciar la exploración de senderos que nos conduzcan a un conocimiento fértil de nuestro pasado y, asimismo, a nuestro enriquecimiento personal.

Puedo asegurarles que una lectura atenta de cualquiera de las obras, políticas o sociales de Indalecio Prieto, les proporcionará elementos para la reflexión y para establecer lazos, cada vez más firmes, con un régimen democrático y con la valoración serena de que sin libertades y sin capacidad crítica, el futuro que nos aguarda es tenebroso… como lo fue el pasado. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.