Pactos políticos en España: El Gobierno de concentración nacional de Maura

Los Gobiernos de concentración nacional, después de la triple crisis de 1917, supusieron el último intento de regeneración del régimen político español de la Restauración, pero llegaban en un momento en lo que solamente era viable ya la ruptura con el mismo. En principio, se pretendía que liberales y conservadores abandonasen sus enfrentamientos, tanto entre ellos como en el seno de sus formaciones que, en realidad, eran más intensos o virulentos. Además, se apostó por introducir en los engranajes del poder a la burguesía catalana, representada por una Lliga Regionalista que había protagonizado el fallido intento de profunda reforma política de la Asamblea de Parlamentarios de Barcelona y que ahora veía con espanto el auge de la presión anarcosindicalista en Cataluña. Era la hora de participar en el Gobierno del Estado. Eran momentos en los que pesó más el alma burguesa que la catalanista.

Se nombraron muchos gabinetes que duraban pocos meses. Entre 1917 y el golpe de Miguel Primo de Rivera se sucedieron hasta doce gobiernos, destacando como presidentes del Consejo de Ministros el liberal García Prieto y el conservador Antonio Maura. Fuera de estos gobiernos quedaban los republicanos y socialistas que solamente admitían un cambio profundo y verdadero, y no una renovada apuesta por un regeneracionismo ya superado por el tiempo.

Pues bien, en este trabajo nos centraremos en uno de los principales gobiernos de concentración nacional, el presidido por Antonio Maura a partir de marzo de 1918. La reaparición del político conservador parecía tranquilizar a los militares de las Juntas de Defensa y a la burguesía española. En su gobierno incluyó como ministro de Fomento a Cambó, líder de la Lliga.

Cambó apoyó un programa que pretendía una mejora del transporte en España, la extensión del uso del riego en el campo y una apuesta por la energía hidroeléctrica. El ministro catalán pensaba que estas políticas no sólo tendrían una repercusión económica sino social. El problema era que el sistema político era muy poco partidario de una clara intervención del Estado en la economía porque eso suponía endeudamiento. El resto del Gobierno, por tanto, no estaba por la labor de las iniciativas de Cambó.

El Gobierno de Maura estaba profundamente dividido y abocado al fracaso, y el factor Cambó fue determinante. Santiago Alba se enfrentó al político catalán porque consideraba que sus proyectos favorecían claramente a Cataluña y precipitó la crisis del ejecutivo. El día 9 de octubre dimitió de su cargo con la esperanza de que cayese el ejecutivo, obligando al rey a formar un nuevo Gobierno aunque más progresista. Maura pudo capear el temporal, pero el día 27 de octubre el conservador Eduardo Dato hacía lo mismo que Alba aunque alegó problemas de salud. En este caso estaba liderando el descontento de un amplio sector de los conservadores por una mínima reforma de la imposición fiscal directa, emprendida por el Gobierno y anatema para la oligarquía española, a pesar de ser algo muy epidérmico y no entrar en una profunda reforma fiscal que pudiera sufragar la intervención del Estado para poder transformar la economía y generar bienestar social. Atacado por los progresistas y por los más conservadores, Antonio Maura presentó su dimisión el 6 de noviembre.

Bibliografía:

Barrio, Ángeles (2004). La modernización de España (1917-1939). Política y sociedad. Madrid.

De Riquer, Borja (2013). Alfonso XIII y Cambó. La monarquía y el catalanismo político. Barcelona.

Moreno Luzón, Javier (2009). «Alfonso XIII, 1902-1931». Restauración y Dictadura. Vol. 7 Historia de España dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Barcelona.

Tusell, Javier; García Queipo de Llano, Genoveva (2002), Alfonso XIII. El rey polémico (2ª edición). Madrid.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.