Por el hilo se saca el ovillo

Reflexiones sobre dos cartas de Pietro Nenni a Ramón Lamoneda

El sujeto del conocimiento histórico

es la misma clase oprimida que combate,

Filosofía de la Historia

Walter Benjamin (Filósofo frankfurtiano)

A veces, basta con partir de un detalle para trazar un itinerario e ir ampliando la visión de un momento de la historia, de un hecho transcendente o de un personaje representativo de un determinado periodo.

Es la nuestra una época de adanismo, de falta de interés hacia lo que nos pasa y hacia nuestro pasado. Desconocemos, por ejemplo, cada vez más, aspectos de la historia y las luchas del Movimiento Obrero y de cómo, durante decenios y por encima de tragedias, unos hombres y mujeres esforzados fueron mostrando el camino a seguir y por lo que a Ramón Lamoneda se refiere, por contribuir a recuperar la democracia para nuestro país.

El vacio es un auténtico agujero negro, por lo que respecta a nuestro conocimiento del mundo del exilio tras la Guerra Civil. Ramón Lamoneda (1892-1971), un destacado dirigente del PSOE y de la UGT que perteneció, también, al Partido Comunista y que regresó al Partido Socialista durante la dictadura franquista, es hoy para la gran mayoría de nuestros compatriotas un perfecto desconocido.

Es esta una injusticia que debemos corregir porque la historia de nuestro país, desde el año 39 hasta el 75 no tuvo lugar solamente en España, sino que no puede entenderse sin conocer la vida, las circunstancias sociales y culturales y la tarea política, intelectual o científica de tantos exiliados.

Ramón Lamoneda vivió la mayor parte del tiempo de su largo exilio en México. Creo que es obligado recordar la acogida que un Presidente como Lázaro Cárdenas dispensó a los trasterrados republicanos, que a su vez, dieron lo mejor de sí mismos para ayudar a que la República Mexicana se engrandeciera e incrementara su nivel cultural y científico.

Se mire por donde se mire, no tiene explicación lógica que se ignore prácticamente todo sobre Ramón Lamoneda. Fue el último Secretario General del PSOE elegido en España durante la Guerra Civil y su existencia está jalonada de una dedicación ejemplar a dos organizaciones de clase como son el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores.

Durante toda su vida se comportó, sin flaqueza alguna, como un hombre integro y fiel a sus convicciones, seguidor leal de Juan Negrín, llegando a representar al Partido Socialista en la Segunda Internacional. Vinculado, desde muy joven, al Sindicado de Artes Gráficas, estaba dotado de una pluma ágil y afilada y durante los años más difíciles y pese a los desengaños sufridos, fue un hombre cabal de izquierdas y un decidido partidario de la unidad para dar una respuesta conjunta a quienes sembraban la división entre los exiliados españoles.

Podemos rastrear los hechos más significativos de su trayectoria y hasta de su semblanza a través de los comentarios que Amaro del Rosal, entre otros, trazaron de su figura y de su legado.

Un aspecto que merece una cierta atención es la correspondencia que se conserva con Juan Negrín, Friedrich Adler, María Lejárraga y dos misivas de Pietro Nenni en torno a las cuales vamos a iniciar el camino para conocer mejor a Ramón Lamoneda y explorar sus triunfos organizativos y sus dolorosas derrotas.

Pietro Nenni y Ramón Lamoneda se conocieron durante la contienda civil española y a partir de ese momento hubo una buena relación y complicidad entre ambos. El político italiano fue un brigadista de la Brigada Garibaldi. Posteriormente, en más de una ocasión, desempeñó con acierto el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores italiano. Alcanzó la Presidencia de la República y siempre tuvo gestos de afecto hacia la causa republicana. Antifascista consciente mostró su animadversión en cuantas ocasiones pudo hacia la figura de Franco y su régimen totalitario.

Como periodista llegó a ser Redactor Jefe de “Avanti”, atacó con dureza a Mussolini. Una prueba de afecto y solidaridad con el PSOE, fue su presencia en nuestro país para asistir como “invitado fraternal” al XXVII Congreso, cuando este aún no estaba legalizado en 1976. Su apoyo y el de otros líderes europeos constituyeron un respaldo formidable.

El florentino Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, fundador de la teoría política, en Los discursos sobre la primera década de Tito Livio, hace una afirmación sobre la que no será ocioso que nos detengamos un momento. “Todas las cosas sobre la tierra han tenido siempre semejanza con las cosas pasadas”. Estoy convencido de que el aserto de Maquiavelo es profundamente acertado. A lo largo de la historia ha habido tragedias devastadoras y los hombres se han visto arrastrados a situaciones difíciles, al borde de sus fuerzas. Los que tienen un carácter más fuerte, sin embargo, saben sobreponerse, resistir y hacer frente a las adversidades.

¿Qué cuenta Pietro Sandro Nenni en sus dos epístolas a Ramón Lamoneda, que hemos tenido ocasión de consulta? Datos y hechos que en modo alguno, debemos permitir que caigan en el olvido. Le cuenta que muchos españoles del Campo de Concentración de Argelès, se ven obligados a trabajar en condiciones penosas en la reparación de carreteras y puentes. Todo hombre necesita una esperanza a la que agarrarse, lo que los mantiene en pie es su deseo de poder irse a México dejando atrás tanto sufrimiento y poder empezar una nueva vida.

Le comenta, asimismo, que Serrano Suñer quería y conspiraba para que España participara en la Segunda Guerra Mundial junto a las potencias fascistas. Le hace saber, igualmente, que hay protestas en Barcelona a causa de los precios. La carestía de artículos de primera necesidad causa estragos y lleva a una situación límite de hambre y desnutrición.

Las noticias del Viejo Continente se mezclan en esta breve misiva con otras de amigos comunes; así hace, por ejemplo, alusión a la trágica muerte de Cruz Salido a manos de la represión franquista.

Uno de los propósitos de estas cartas breves es dar ánimos y manifestar el deseo de que, más pronto que tarde, las cosas cambien en nuestro país. También, le comenta que ha visto varias veces a Negrín y a Carrillo y se despide con un animoso “hasta pronto” en Roma o en Madrid. Mantener la moral alta es una necesidad vital para continuar la lucha sin caer en el desanimo.

Las experiencias de los trasterrados son desgarradoras. Los exiliados forman un grupo homogéneo pese a las diferencias de adscripción política y demostraron con creces su fuerza combativa, a pesar de las inevitables desavenencias.

Sólo puede hacerles justicia una memoria fiel de lo que fueron, de lo que aportaron y de lo que sufrieron. Sólo la memoria puede cauterizar las heridas. Lo que desde luego, no se merecen, es el desinterés… o el olvido. Ni, mucho menos, las interesadas coartadas de que “no hay que mirar atrás”.

Estudiar a estos hombres y mujeres es vencer la inercia y la banalidad y llevar a cabo una reparación, a todas luces necesaria. Digámoslo claramente. Las investigaciones rigurosas hacen que cambie nuestra interpretación del pasado.

Es preciso prestar mucha más atención al Movimiento Obrero, tanto en su vertiente sindical como política. Uno de los motivos por los que es imprescindible esta reparación histórica es valorar, concienzudamente, el hecho incuestionable de que los esfuerzos que realizaron –junto con el llamado exilio interior- fueron decisivos para traer la democracia a nuestro país.

Ramón Lamoneda practicó durante toda su vida valores y principios que conviene destacar, como la disciplina y el sentido del deber.

Es mucho lo que les debemos y hemos de dar pasos firmes para satisfacer esta deuda. Por eso hoy, cuando casi nadie habla de “conciencia de clase” ni de “clase trabajadora” es más urgente que nunca, proceder a poner de manifiesto los avances, logros y caminos que abrieron, las libertades que ayudaron a recuperar… y, al mismo tiempo, tener presente que la historia no es lineal y que se yerguen en el horizonte obscuros nubarrones que amenazan con poner en peligro los valores democráticos y los avances sociales experimentados.

Quisiera, llegados a este punto, completar el presente perfil con algunos datos significativos: tradujo algunos capítulos de El Capital de Karl Marx. Siempre se ha dicho que los tipógrafos fueron la aristocracia y la vanguardia del proletariado.

Me lo imagino frecuentando la Casa del Pueblo de la calle Piamonte y con inteligencia y entusiasmo recibiendo los consejos de Antonio García Quejido, uno de los fundadores del PSOE y de Juan José Morato el primer biógrafo de Pablo Iglesias Posse.

Sentía una especial inclinación por escuchar y leer a los intelectuales. Disfrutó aprendiendo de Jaime Vera y de José Verdes Montenegro. Vivió, con especial entusiasmo, la llegada de Pablo Iglesias Posse al Parlamento, gracias a la formación de la Conjunción Republicano-Socialista. Admiró los sucesos de Octubre de 1917 en Rusia y sintió, como tantos trabajadores de Europa, una viva simpatía por los bolcheviques, que los acontecimientos posteriores se encargaron de ir amortiguando. Toda su vida fue marxista como prueba el detalle de que llamó Marxina a una de sus hijas.

Estas reflexiones que sólo pretenden dar pistas para interesarse por Ramón Lamoneda y sus circunstancias, a fin de llegar al ovillo tirando del hilo, me sugieren que la memoria es imprescindible para explorar el pasado y comprender los obstáculos… pero también para traer al presente, la acción política de hombres decididos que protagonizaron unos años claves del devenir histórico, sin cuyo ejemplo, no podemos explicarnos cabalmente los pasos que hubo que ir recorriendo hasta devolver la democracia a nuestro país.

No es en absoluto ocioso conocer y explorar el pensamiento político y la praxis de Ramón Lamoneda. Me gustaría señalar, por último, en este breve acercamiento a su perfil biográfico que si bien es cierto que Lamoneda participó activamente en luchas y enfrentamientos en el seno de la izquierda, atacando, por ejemplo, con especial virulencia, al Coronel Casado y a Besteiro… no lo es menos que a lo largo de la mayor parte de su trayectoria vital, fue un ferviente partidario de la unidad de la izquierda, a la que dedicó sus más fecundos esfuerzos, sus más brillantes discursos y sus páginas más sinceras y estremecedoras.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.