Léon Blum ante la idea de Aristide Briand sobre Europa

Léon Blum expuso su opinión en un artículo periodístico ante el conocido proyecto europeo de Aristide Briand.

El líder socialista informaba en su texto que, al parecer, Briand ya había dado algunas pistas de sus ideas en el parlamento francés, y a través de algunas filtraciones a la prensa. Pero lo importante era que, al final, el prometido golpe de efecto de Ginebra se había dado de un modo “tembloroso y reticente”, porque el ambiente no parecía propicio para la idea de los Estados Unidos de Briand, después de La Haya y la liquidación de la cuestión renana. Blum defendía la idea de que esa Europa unida solamente era posible a través de una aproximación sincera y cordial entre Francia y Alemania, que pasaba por el completo fin de las ocupaciones militares, aunque no sería la única condición. Si Briand había formulado una unión económica, debía entender que era necesaria la “afinidad política”, y ahí estaba la causa de las vacilaciones del proyecto de su compatriota, siempre según la perspectiva de Blum. Así pues, nuestro articulista estaba apostando por una unidad política.

Pero el problema se complicaba porque parecía imposible crear una unión entre países democráticos y otros que eran fascistas, habida cuenta de la extensión de estos regímenes en Europa. Se podría argumentar que los Estados Unidos de Europa serían un medio para conseguir fomentar la democracia. Blum no estaba en contra, pero ponía una condición, que tenía que ver con la necesidad de que la nueva organización tuviera poder efectivo. No funcionaría si se respetaban las soberanías nacionales, siendo este el meollo del problema para el socialista. Toda solución encaminada hacia la construcción de una unidad debía pasar por la limitación de la soberanía nacional. En este sentido, si las instituciones de la federación -consejo ejecutivo y parlamento- tenían poderes no habría problema. Los estados federados mantendrían una soberanía parcial o subordinada, algo así como la de los estados en Estados Unidos, o la de los cantones en Suiza.

En definitiva, Blum no era muy optimista sobre el futuro del proyecto si el panorama internacional no evolucionaba en un sentido democrático, aunque se felicitaba de la propia existencia de la idea de Briand porque contribuía al desarrollo del espíritu internacional, tan caro al socialismo. Como sabemos, los temores del socialista no eran infundados. Los años treinta se encargarían de arrumbar en un cajón la idea de una Europa unida.

La postura del líder socialista francés fue publicada en España por El Socialista en su número 6429 de 17 de septiembre de 1929.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.