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La minoría socialista en el Ayuntamiento de Madrid contra el impuesto de consumos en el verano de 1910

El término de “consumos” alude al conjunto de impuestos indirectos que gravaban el consumo de la población. La denominación aludía a varias figuras impositivas, generando cierta confusión hasta la reforma hacendística de Mon-Santillán de 1845, cuando por vez primera se estructuró el sistema fiscal español en el Estado liberal. En ese momento se creó la Contribución General de Consumos. Era un impuesto general, ordinario e indirecto que gravaba una veintena de productos básicos, de “comer, beber y arder”. A cada población se le asignaba una cantidad anual que debía remitir a la hacienda pública. La cantidad se calculaba atendiendo al número de habitantes de cada localidad, entre otros criterios. Los Ayuntamientos estaban autorizados a imponer recargos sobre los productos gravados de hasta un 100%. De esta manera, esta contribución se convirtió en la principal fuente de ingresos, tanto de la Hacienda nacional, como de las Haciendas locales.

Los consumos generaron muchos problemas por las dificultades para su recaudación, coexistiendo varios procedimientos para hacerlo. Pero la polémica principal tenía que ver con el hecho de que gravaba productos de primera necesidad, afectando a las clases populares. Muchas de las revueltas, protestas y motines decimonónicos tuvieron que ver con el deseo de la población de rebajar o suprimir los consumos, o esta demanda acompañaba a otras de diverso signo, como las que tenían que ver con el sistema de reclutamiento, y la elevación de los precios por la falta de pan, dadas las periódicas crisis de subsistencia que aún en el siglo XIX se daban en España. Los consumos encarecían el precio final de los productos, pero además su recaudación generaba una clara desigualdad, ya que los grandes propietarios y comerciantes pudieron zafarse de los consumos gracias al fraude. Por otro lado, se protestaba también porque los intermediarios basaban sus negocios en el recargo y encarecimiento de los productos básicos.

En 1911 fueron suprimidos definitivamente por el empeño de Canalejas.

Pues bien, los socialistas siempre se significaron contra este impuesto. En este artículo nos acercamos al caso concreto de la actuación de la minoría socialista en el Ayuntamiento de Madrid contra los consumos en el verano de 1910.

La minoría republicano-socialista había emprendido una campaña contra los consumos, estudiando y planteando soluciones, y organizando mítines en los Centros Republicanos, además del mitin que organizó la Casa del Pueblo en el Teatro Barbieri a mediados del mes de agosto, donde se combatió el arriendo de los consumos y se habló de soluciones.

La minoría socialista planteó un voto particular en el Ayuntamiento, presentada por Antonio García Quejido, uno de los fundadores del PSOE, figura clave y concejal entre 1909 y 1913, y por otro histórico socialista y ugetista, Vicente Barrio Minguito, concejal también entre 1909 y 1913, en relación con el dictamen de la Comisión municipal donde se defendía nuevamente el arriendo del impuesto de consumos. El voto defendía que había medios para sustituir con otros impuestos más equitativos los consumos que pesaban sobre las clases populares, y los concejales socialistas opinaban que el cambio se podía hacer si el presupuesto municipal se ajustaba a unas determinadas bases. Por tanto, no solamente se criticaba esta fiscalidad indirecta regresiva, sino que se planteaban alternativas para no lesionar a dichas clases.

En este sentido, se recordaba que estas bases estaban inspiradas en cuestiones aprobadas ya por el Ayuntamiento. Se recordaba que cuando se discutió en abril el dictamen de las viviendas baratas se aprobó la pronta sustitución de los diferentes arbitrios que gravaban los productos de primera necesidad y los materiales de construcción, los permisos para realizar obras y todo lo que fuera una rémora en la actividad industrial y mercantil, y que se sustituyesen por un impuesto directo fijo sobre el valor de los terrenos edificados o por edificar de la Villa y su término municipal, aunque sin incluir las construcciones. Al parecer, ya se había establecido anteriormente un pequeño gravamen sobre solares improductivos.

Los cambios en la fiscalidad municipal, en opinión de los dos concejales socialistas, no contravenía la Ley Municipal, aludiendo a que el artículo 136 de la misma establecía que los Ayuntamientos grandes si renunciaban al repartimiento general podían acudir a otros impuestos, recargos y arbitrios con la aprobación gubernamental. Así pues, opinaban que, si el Gobierno se convencía que la opinión pública se inclinaba por la transformación del impuesto de consumos, y los representantes del pueblo madrileño le pedían el nuevo presupuesto aprobado, se podría conseguir la sanción gubernamental.

Así pues, el voto particular consistía en lo siguiente.

  1. Rechazar el dictamen de la Comisión, y todo intento de que subsistiese el impuesto de consumos, haciéndolo desaparecer del presupuesto del próximo año.
  2. El Municipio hará efectivo directamente a Hacienda el cupo de 2.048.172, 74 pesetas que por encabezamiento de consumos le había asignado.
  3. Para hacer frente a los gastos municipales y al pago del encabezamiento (cupo) de consumos, el presupuesto de ingresos se reformularía de la siguiente manera:
  • Los ingresos municipales tendrían su origen en la ocupación eventual o definitiva del suelo, del subsuelo y del “suprasuelo” propiedades de la Villa, los servicios municipalizados, las rentas de bienes y establecimientos propios, las diversiones públicas, los arbitrios sobre insalubridad, el timbre municipal de expedición de documentos, y los productos legales de las contribuciones. De ningún modo podría ser objeto de exacción lo que afectase directamente a las subsistencias, ni a permisos o licencias de obras, ni a montar establecimientos industriales o comerciales
  • La diferencia entre lo que produjesen los impuestos señalados y los gastos municipales se cubriría con un arbitrio único, fijo y directo de un tanto por ciento prudencial sobre el valor de los terrenos edificados o por edificar de la Villa y su término municipal.

El dictamen fue retirado y, al parecer, el Ayuntamiento estudiaría, como indicaría el alcalde, el modo de sustituir el impuesto de consumos para que a partir del primero de enero siguiente dejase de cobrarse.

Hemos consultado los números 1276y 1277 de El Socialista. Sobre el impuesto de consumos este autor tiene un trabajo titulado, “Los consumos, el antiguo IVA”, en Nueva Tribuna (abril de 2016). Es imprescindible, a su vez, acudir a los trabajos de Santiago de Miguel Salanova, Republicanos y Socialistas. El nacimiento de la acción política municipal en Madrid (1891-1909), Madrid, 2017, y Madrid, un laboratorio de socialismo municipal. 1900-1936, Madrid, 2019.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.