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Manuel Cordero contra la Restauración y el conde de Romanones

El conde de Romanones publicó en el año 1924, en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, un libro titulado, Las responsabilidades del Antiguo Régimen (1875-1923), en el que defendió la Restauración con todas las reformas introducidas en España. Romanones estudiaba el sistema constitucional finiquitado por la solución autoritaria puesta en marcha a partir del golpe de Miguel Primo de Rivera, lo que le valió intensas críticas por parte de los defensores de la Dictadura en varios folletos y obras, en los que se argumentaba que el progreso del país se había hecho a pesar de la vieja política liberal. Pero estos textos, muy cercanos al poder, además, criticaban todo el edificio del sistema político de la Restauración: desde la existencia de una Monarquía con poderes limitados hasta el establecimiento del sufragio universal, y la existencia de un sistema liberal parlamentario bicameral. La solución para España pasaba por una Monarquía con más poderes, y por un parlamento corporativo, como “las antiguas Cortes”. El libro se publicó en el momento en el que se planteaba un interrogante sobre el futuro de la Dictadura, una vez que parecía agotado el Directorio Militar, y cuando se entabló una discusión en la que sectores intelectuales de la derecha estaban apostando por una clara ofensiva autoritaria. En este sentido, el diario ABC abordó en sus páginas este debate, destacando la postura de Vázquez de Mella, completamente contraria a todo lo que recordara liberalismo. Y aquí, por su parte, Romanones sería protagonista por todo lo contrario, por su defensa de la Constitución de 1876.

Pues bien, en realidad el objetivo de este artículo no se vincula al debate en el seno de las derechas, sino el estudio de la opinión que mereció el libro de Romanones desde las filas socialistas, que siempre se enfrentaron claramente al sistema político de la Restauración. Y para ello, contamos con la reseña crítica de Manuel Cordero en El Socialista a comienzos de noviembre de 1924. Cordero había sido concejal del Ayuntamiento de Madrid justo antes del golpe de Primo de Rivera, y había salido como diputado por la capital en las elecciones de 1923. Después estaría en los Comités Paritarios como representante socialista suplente, además de pertenecer como vocal obrero a la Junta de Abastos de Carnes.

Cordero consideraba que el libro de Romanones era muy oportuno e importante. Recordaba, al respecto, el incontestable protagonismo del político en la Monarquía de Alfonso XIII. Auguraba unas buenas ventas, lo que engrosaría, con una evidente ironía, la fortuna del autor, ya que, como es sabido, Romanones fue uno de los políticos más ricos de la época. La ironía subía de tono, al considerar que hasta los momentos de mayor adversidad para España le ofrecían materia para realizar “un bonito negocio”. En esa misma línea seguía la reseña al comentar que el autor hacía muy bien en reconocer la deuda que tenía con amigos suyos que habían desempeñado altas responsabilidades, y que le habían ayudado en el libro. Para Cordero estaba claro que al conde de Romanones le quedaban muchos amigos dispuestos a sacrificarse para “seguir haciendo la felicidad de España” en cuanto el poder volviera a las manos civiles.

Para Cordero el libro no era una defensa de los viejos políticos sino un ejercicio que pretendía justificar lo realizado y también los errores cometidos. Pero, y eso se convertiría en el punto donde se concentraría la crítica del político socialista, las imperfecciones de la obra realizada no eran solamente responsabilidad de los gobernantes, sino también de los gobernados, justificando esta afirmación con una cita del libro. Cordero atacaba el argumento porque el pueblo no había tenido oportunidad de colaborar, es decir, participar. La voluntad popular siempre había sido falsificada por medios violentos o través de “medios corruptores”, que podemos interpretar como sinónimo de fraude o falseamiento electoral a través del caciquismo. Pero, además, Cordero criticaba la apreciación de Romanones sobre la afirmación de que el personal político del sistema de la Restauración se había reclutado entre todas las clases sociales, incluido el pueblo. El estado llano había estado siempre ausente del gobierno, y no se había contado nunca con él. El político socialista iba más allá al considerar que muy pocas las personas que habían ido a la política de buena voluntad sino para satisfacer sus ambiciones. Las afirmaciones de Romanones eran interpretadas por Manuel Cordero como una cómoda manera de extender las responsabilidades de lo ocurrido a todas las capas sociales, con el fin de que no se señalasen responsables concretos.

El libro demostraría, a juicio del autor de la reseña, que en el sistema de la Restauración no se había gobernado para el pueblo trabajador, ni para que se convirtiera en una democracia. Cordero quería dejar muy clara esta falta de responsabilidad del pueblo, y de cómo los socialistas y la organización obrera ya habían denunciado en su día los errores que ahora se lamentaban, como también lo habían hecho algunas personalidades republicanas. En este punto, es interesante cómo no menciona a las fuerzas republicanas en general, manteniendo el tradicional recelo socialista hacia los partidos republicanos, a pesar de la experiencia de la Conjunción republicano-socialista. En este sentido, realizó un claro elogio, en otro lugar de la reseña, exclusivamente a Pi i Margall, al considerar que fue una figura política de talla, capaz de arrostrarlo todo por defender sus ideas, en su oposición a la guerra contra los Estados Unidos, una acción en la que no se encontraría solo, ya que los socialistas, a pesar de que no eran fuertes en aquella época, desarrollaron una férrea oposición, como después contra la guerra de Marruecos. Las críticas de unos y otros no habían sido escuchadas y solamente habían provocado persecuciones del poder público.

La cuestión de la responsabilidad tenía otra faceta. En uno de los párrafos Romanones afirmaba que el peor error de algunos políticos de la Restauración había sido el de la debilidad en el ejercicio del poder. Pero se preguntaba qué debilidad era esa en cincuenta años de régimen político porque frente al pueblo se había ejercido una fuerza evidente, aludiendo a la represión ejercida contra el movimiento obrero en 1909, 1911 y 1917.

Cordero reprochaba también a Romanones el lamento que lanzaba en un párrafo sobre la docilidad del pueblo español como un impedimento para la acción de gobierno, y no porque fuera una condición del temperamento sino un estado, la inercia, o la “atonía de la voluntad”. En España no habría, pues, opinión. Esta cuestión se asociaba a la libertad, lamentándose que nadie sintiese el deseo de “echarse al campo”. En esto asunto, Cordero fue demoledor porque consideraba algo inaceptable que se clamase ahora por esa libertad perdida cuando nada se había hecho desde que en 1917 comenzara la crisis. Cordero acusaba a los políticos de la Restauración de ser los principales causantes de la crisis, de la falta de libertad, y que, con sus acciones y vacilaciones, se había llegado a la situación presente. Ellos eran también culpables de que no hubiera una opinión pública formada. El político socialista realizó, en conclusión, una demoledora crítica del libro de Romanones, pero desde presupuestos distintos a los planteados por una derecha que estaba desarrollándose con la Dictadura, y levantando bases ideológicas para una posible futura solución mucho más autoritaria para España.

Por fin, se congratulaba del deseo formulado por Romanones de no volver a ocupar ningún cargo en la vida pública (en realidad, volvería a hacerlo en la liquidación de la Monarquía).

La reseña de Manuel Cordero puede consultarse en los números 4911 y 4912 de El Socialista.

Las cuestiones relativas al momento de debate que se produjo a finales de 1924 en el que se enmarca la publicación del libro de Romanones pueden profundizarse en la biografía de Alfonso XIII que Javier Tusell y Genoveva Queipo de Llano publicaron en Taurus en 2001, en la parte titulada “Directorio Civil”, del capítulo dedicado al rey y la Dictadura, páginas 501 y 502.

Por otro lado, es imprescindible la consulta del libro de Javier Moreno Luzón; Romanones, caciquismo y política liberal, publicado por Alianza Editorial en 1998.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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