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La visión de Suecia y su socialismo de Andrés Saborit (1930)

Andrés Saborit viajó en julio de 1930 a Suecia con motivo del V Congreso de la Federación Sindical Internacional, que se celebró en Estocolmo. Saborit solía dejar testimonio de sus viajes por motivos políticos y sindicales, tanto dentro como fuera de España, y muchos de ellos aparecieron en las páginas de El Socialista, una fuente nunca lo suficientemente valorada y empleada. En relación con este viaje concreto publicó una serie titulada “Por tierras escandinavas”. En este trabajo nos interesa su análisis no tanto de la reunión sindical, como de la experiencia política y económico-social sueca en ese momento histórico, cuando ya había gobernado la socialdemocracia, y estaba a punto de regresar al poder con una victoria casi arrolladora en 1932 con Per Albi Hansson, primer ministro en dos gobiernos hasta 1946. El artículo apareció en el número del 10 de julio.

El Socialista siempre dedicó mucha atención al desarrollo del socialismo y del movimiento obrero en el extranjero, empleando, al comienzo, artículos traducidos de otros periódicos, trabajos de corresponsales nacionales y extranjeros, y por fin, publicando testimonios de destacados socialistas españoles en sus viajes personales o políticos y sindicales. Estos últimos testimonios tienen un interés especial porque expresan visiones muy personales, y en muchos casos realizando comparaciones con la realidad española, además de ayudarnos a entender cómo ellos y el socialismo español interpretaban la realidad exterior, una cuestión no muy tratada entre la historiografía dedicada al estudio del socialismo en España, y merecería un estudio monográfico. Habría que destacar los artículos del protagonista de este trabajo, o los de Antonio Fabra i Ribas, uno de los socialistas más internacionales, por citar dos ejemplos destacados.

Saborit desarrolla en el artículo una intensa admiración por un país que ya comenzaba a destacarse por su desarrollo económico y social, construyendo los pilares de su Estado del bienestar, así como por su civilizado sistema político democrático, justo cuando los nubarrones del autoritarismo y el fascismo estaban acechando en Europa. Su análisis, además, llegaba a detalles de la vida cotidiana con un marcado carácter pedagógico comparativo con lo que ocurría en la España de 1930, entre la Dictadura de Primo de Rivera y la llegada de la Segunda República. En este sentido, se maravillaba de los trenes suecos, de la calidad que disfrutaban los viajeros de tercera frente a lo que ocurría en España. El nivel de vida sueco era superior, por término medio, al que se disfrutaba en el resto de Europa. Exponía cómo un oficial de albañilería ganaba, como media, unas cuarenta coronas al día, que equivalían a 115 pesetas.

En Suecia habría desaparecido el analfabetismo, y la mujer disfrutaba de los mismos derechos que el hombre, aunque Saborit hizo una serie de comentarios que hoy no serían políticamente correctos, junto con otros más modernos, ya que, después de hacer un elogio de la belleza femenina sueca consideraba que las mujeres suecas no iban “sin medias” ni con faldas cortas, ni se pintaban apenas, no provocando como en París o Madrid. Por otro lado, informaba que la prostitución estaba prohibida. Las mujeres debían trabajar, porque en caso contrario intervenía la ley. Trabajar para no depender del hombre, porque, además, en Suecia la educación había inculcado a las mujeres este principio. Los hombres suecos tenían obligaciones con sus hijos, reguladas por ley, independientemente de su estado civil, no penalizando, en este sentido, a la mujer, ni al Estado a la hora de encargarse de los hijos que no serían abandonados, al contrario de lo que ocurría en España. Si, por un lado, Saborit hacía consideraciones, en cierta medida, sexistas sobre el proceder de las mujeres fuera de Suecia, por otro lado, demostraba la concienciación que tenían los suecos sobre sus responsabilidades familiares.

Las mujeres suecas podían votar y ser elegidas. Recordemos que los estados nórdicos fueron de los primeros países en reconocer el sufragio femenino en Europa. Saborit interpretaba el éxito electoral socialdemócrata en función de este derecho, opinión interesante porque al año siguiente se produciría un intenso debate en la izquierda española sobre el reconocimiento del sufragio femenino en el debate constitucional en los inicios de la Segunda República. Así pues, por otra parte, Saborit era partidario del reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres.

La belleza de Estocolmo sin rascacielos era interpretada como una victoria, siempre para Saborit, sobre el capitalismo, porque no había podido arrancar al Ayuntamiento autorizaciones para encarecer el precio del suelo, es decir, para la especulación urbanística, algo que ya padecía Madrid. Los servicios públicos eran municipales, es decir, públicos, con un eficaz y barato servicio de tranvías. Saborit valoraba mucho estas cuestiones dada su intensa vocación municipalista.

La celebración del Congreso sindical coincidía con una exposición de arte decorativo, ejemplo para el político y sindicalista español, de la creatividad sueca, demostrando que no era necesario derrochar el dinero como en la Exposición de Barcelona, donde la Dictadura había pretendido dar una falsa imagen de España, sin negar que había sido magnífica, pero alejada de la realidad de un país muy atrasado. En cambio, la exposición en Estocolmo sí reflejaba cómo era Suecia. De nuevo, Saborit comparaba dos situaciones, poniendo como ejemplo la producción editorial entre ambos países, claramente a favor del nórdico. Otro dato que le interesaba destacar en la exposición era el asunto de las casas baratas.

Otros aspectos que admiraba de Suecia tenían que ver con la religión, que no dominaba la vida, con el ejército que no intervenía en la política, y en relación con el sistema político. Era una monarquía realmente parlamentaria donde el rey no gobernaba.

El socialismo había gobernado en Suecia, y vaticinaba que volvería a gobernar, como realmente ocurriría. Y gobernaría por la voluntad del pueblo, del electorado, verdadero soberano del país, en implícitas alusiones a lo distinto que era el sistema político español, en crisis evidente.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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