Mujer y socialismo en Bélgica entre el siglo XIX y el XX

El Socialista dedicó mucha atención a la situación de las mujeres socialistas dentro, pero, sobre todo, fuera de España en la década de los años veinte, un período que consideramos fundamental en la Historia del feminismo socialista, como hemos explicado en diversas ocasiones. En sus páginas se incluyeron estudios sobre el desarrollo organizativo de la mujer socialista en distintos lugares de Europa y acerca de sus conquistas. Se trata de un material no conocido que aporta información para ahondar en el conocimiento de la Historia de la emancipación de la mujer.

En febrero de 1928 se repasó el caso belga en el periódico socialista español. El Partido Obrero Belga se había fundado en abril de 1885 y, al parecer, desde el principio tuvo entre sus reivindicaciones la lucha por la igualdad de derechos políticos de las mujeres en relación con los hombres, como se podría comprobar en el Congreso de Quaregnon. Por nuestra parte, sabemos en este Congreso de 1894 se adoptó la Carta del mismo nombre que, en realidad, se había discutido el en el Congreso de Bruselas. Supuso el documento básico del Partido Obrero durante mucho tiempo. En el artículo se alude, en realidad al Congreso de Gante de 1893 donde Volders y Serwy presentaron una proposición, que se aprobó, donde se declaraba que el Partido perseguiría la supresión de todas las disposiciones legales que consagrasen la inferioridad civil, política y económica de la mujer, además de pedir sus derechos políticos. En todo caso, como vemos, el socialismo belga incluyó entre sus reivindicaciones las relacionadas con la mujer. En este sentido, con el tiempo se consiguió el reconocimiento del sufragio femenino en los denominados Consejos de Conciliación y en los de Industria, y eran elegibles para todas las asambleas, desde los Ayuntamientos al Senado.

En la primera etapa de la Historia de este Partido se destacó la figura de la escritora y oradora Isabel Gatty de Gamonal, publicando, al parecer, en El Socialista algunos de sus trabajos. También habría que nombrar a Alicia Bron, Emilia Clayes y María Tilmas.

Pero el problema del voto femenino era más complejo porque cuando la derecha belga comenzó a plantear la necesidad de que se reconociese, parte de los socialistas belgas temieron que eso podía ser perjudicial para la causa del Partido Obrero por la supuesta influencia clerical sobre la mujer. No olvidemos el poder de la Iglesia Católica en la política belga. Se produjo, por lo tanto, un debate en el seno del socialismo, mucho más intenso del que se formaría en el seno del PSOE por idénticas motivaciones. Así pues, en 1919, un sector de los socialistas votó en contra de que las mujeres pudieran votar para los municipios, aunque el Partido se empeñaría en defender el sufragio femenino en el Parlamento en 1922 para el nivel provincial, algo que no se conseguiría inmediatamente, demostrando la complejidad de este asunto dentro de la política belga, algo que, en cierta medida, compartían con el caso francés. En todo caso, la aprobación del sufragio en el nivel municipal y luego, finalmente, en el provincial sirvió como estímulo para la movilización política femenina, revitalizando la organización de las mujeres dentro del Partido, anteriormente un tanto amortiguada. En ese sentido, en 1919 se crearon las Secretarías permanentes femeninas de las Mutualidades del Centro y del Borinage. En 1921 se fundó “La Mujer previsora”, mutualidad femenina del distrito de Bruselas. Todo este movimiento mutualista estaría formado por amas de casas y trabajadoras fuera de casa, aunque el sector obrero era más importante en Flandes.

A la altura de 1928 ya había concejalas, una alcaldesa, diputadas provinciales y una senadora. Casi cien mil mujeres estaban afiliadas al Partido Obrero, aunque el destacado líder socialista belga Vandervelde consideraba que no era suficiente, habida cuenta del gran número de mujeres que seguían, según su opinión, dominadas por el triple yugo del marido, el patrón y el cura.

Es importante en este análisis de las mujeres socialistas contar también con el testimonio de Alice Pels. Las socialistas belgas tenían un periódico propio, editado en francés y flamenco, La Voz de la Mujer, dirigido por Pels, figura clave en el internacionalismo socialista femenino, ya que sería secretaría general de la Internacional Socialista de Mujeres desde 1935 hasta 1940.

Pues bien, Pels fue invitada en Suiza con motivo del Día Internacional de la Mujer de 1928 para que impartiera una serie de conferencias en Ginebra y Lausana sobre el movimiento socialista femenino y sus realizaciones en Bélgica.

En primer lugar, las socialistas belgas se habían comprometido en la lucha por la protección de la mujer, al crearse un fondo como seguro mutuo al que habían contribuido algunas provincias, acumulándose un total de medio millón de francos. También estaban trabajando en la protección del niño, ya que se habían creado consultorios populares para los recién nacidos. Habían conseguido también la creación de pensiones de viudedad para las mujeres. Una iniciativa muy destacada tenía que ver con las vacaciones, ya que las socialistas belgas habían alquilado una casa de campo para descanso de las obreras. Por otro lado, se había conseguido que las mujeres casadas pudieran disponer libremente de sus bienes. Estaban luchando para que desapareciera del Código Civil el artículo 213 que establecía la obediencia de la mujer al marido, pero la fuerza de los católicos lo había impedido hasta entonces. Otro tema en el que se estaba trabajando era el del alcoholismo. Habían contribuido a que se prohibiera la venta de alcohol en pequeñas cantidades (máximo de dos litros), obteniéndose un gran resultado. No olvidemos que el sufragismo se destacó contra el alcoholismo desde sus inicios, que entroncaría después también con el socialismo, intentado apartar a los trabajadores de la taberna.

Pels consideraba muy positivo que se hubiera podido ya comenzar a poder votar (1921 y 1926), experiencia que, siempre según ella, había servido para fortalecer la cultura política femenina. En todo caso, sabemos que el sufragio femenino no estaba totalmente conseguido, porque las mujeres belgas no podían votar para elegir diputados y senadores, con la excepción de aquellas mujeres que hubieran perdido sus esposos o hijos en la Gran Guerra.

Por fin, las socialistas belgas estaban comprometidas con el pacifismo. Las mujeres en Bélgica habían padecido los horrores de la Gran Guerra de forma evidente, ya que, como sabemos el país fue invadido por los alemanes. En este asunto contaron con la solidaridad de las socialistas españolas, como tuvimos ocasión de estudiar.

Pero la visión del socialismo belga en relación con las mujeres puede ser completado con la opinión de un observador extranjero, por un destacado socialista español, Andrés Saborit que, en el verano de 1928, asistió al Congreso de la Internacional Obrera y Socialista, y conoció la III Conferencia Internacional de Mujeres, que se celebró antes del Congreso en la Casa del Pueblo de Bruselas.

Las observaciones de Saborit son críticas, desde su acendrado socialismo. En primer lugar, consideraba que el Partido Obrero no tenía una postura clara sobre del sufragio femenino. Por un lado, Vandervelde y un sector de la formación eran claros defensores del reconocimiento del mismo, pero la parte valona del Partido no lo era porque temía la influencia de la Iglesia Católica sobre las mujeres a la hora de votar a los clericales en detrimento de lo conquistado política y socialmente por los socialistas de esta parte de Bélgica. Pero Saborit estaba más cerca de la posición de Vandervelde, porque como él, pensaba que a la larga esta negativa socialista podía volverse en contra del Partido al ser manipulada por la derecha, posición que nos interesa destacar por su posible aplicación al caso español. El voto femenino podía ser un voto clerical, pero también un arma de doble filo, para el socialista español, ya que, si el socialismo se empeñaba en la educación política de la mujer triunfaría, una tesis que, al final, sería la oficial del PSOE unos años después cuando se produjera este debate en España.

Por otro lado, Saborit nos plantea que la organización socialista femenina belga no era tan importante como la de otros países. Seguramente estaba pensando en el caso alemán, pero también es cierto que valoraba el número de afiliadas y que la única senadora que había era socialista.

Hemos consultado los siguientes números de El Socialista: 5926, 5980 y 6104. Sobre el feminismo socialista en los años veinte el autor de este artículo tiene varios trabajos: “El Congreso Internacional Socialista de Mujeres de Marsella de 1925”, en Nueva Tribuna (noviembre de 2018), “La actividad de las mujeres socialistas en Finlandia en los años veinte”, en El Obrero (diciembre de 2018), “Betty Karpíšková y la cuestión de la mujer en las elecciones checoslovacas de 1929”, en El Obrero (diciembre de 2018), “Formación para políticas socialistas alemanas en 1928”, en Tribuna Feminista (diciembre de 2018), y “La lucha de los socialistas por el voto femenino en Suiza: las elecciones de 1928” en Tribuna Feminista (diciembre de 2018), y “Alice Pels y la lucha de las socialistas belgas a fines de los años veinte”, en Tribuna Feminista (diciembre de 2018).

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.