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Notas sobre el Instituto de Reformas Sociales

El Instituto de Reformas Sociales fue creado a través de un Real Decreto de 23 de abril de 1903, obra de un Gobierno de Francisco Silvela.

El Instituto ampliaba las competencias del proyecto de Instituto de Trabajo de José Canalejas de 1902, y asumía lo trabajado por la Comisión de Reformas Sociales del siglo anterior. A pesar de todo, habría que esperar al Reglamento de 15 de agosto de ese mismo año para que se desarrollase orgánicamente. Se compondría de treinta miembros, dieciocho de libre elección gubernamental, y doce elegidos, seis por la patronal, y otros seis por la clase obrera. Los elegidos debían ser dos por la gran industria, dos por la pequeña y, por fin, dos por el sector agrícola. También se establecía su organigrama. Posteriormente, se plantearían diversas reformas en su organización para adaptarse a nuevos problemas y situaciones que irían surgiendo. El Instituto tenía, además, una organización que debía llegar a todas partes, con la Inspección de Trabajo, las Juntas Provinciales, presididas por el gobernador civil, con otros miembros natos y los consabidos representantes obreros y empresariales; y, por fin las Juntas locales, con el alcalde como presidente, miembros natos, y los representantes de los trabajadores y patronal. En este sentido, el 3 de agosto de 1904 se estableció la Real Orden sobre Constitución, Régimen y Funcionamiento de las Juntas Locales y Provinciales.

El Instituto consagraba en España la idea de la superación del neutralismo del Estado liberal, coronando lo que desde el siglo anterior se denominaba la “cuestión social”. Establecería con rango institucional un modelo que luego sería sustituido por el corporativo de la Dictadura de Primo de Rivera. El Instituto tenía como misión actuar para armonizar las relaciones entre el capital y el trabajo, como un instrumento del Estado en política laboral, además de realizar una labor investigadora y de documentación, algo que ya había emprendido la Comisión de Reformas Sociales, pero que ahora se desarrollaría de forma evidente con publicación de informes, estadísticas de todo tipo, etc., proporcionando una información de altísima calidad, y fuente para la historiografía. El principal problema del Instituto sería que muchos de sus informes y recomendaciones no se tuvieron en cuenta, y no llegaron a cuajar en disposiciones legales, un ejemplo del fallido intento de ampliar socialmente el sistema de la Restauración en el reinado de Alfonso XIII, provocando que, por ejemplo, en tiempos de Canalejas los vocales obreros se retiraran durante un tiempo del Instituto. Debemos tener en cuenta, además, que la patronal no veía con buenos ojos que el Estado quisiera intervenir y ser árbitro en materia laboral y salarial, aunque fuera de forma aún muy tímida, sin olvidar que una parte fundamental del movimiento obrero, la de signo anarcosindicalista, rechazó siempre este tipo de relaciones de negociación y participación en instituciones. Pero, además, la conflictividad social desbordó al Instituto, especialmente desde la crisis que provocó la Gran Guerra hasta el final del sistema constitucional con el golpe de Primo de Rivera.

En todo caso, para calibrar la labor del Instituto debe señalarse que consiguió promover algunas destacadas leyes laborales y sociales: descanso dominical, protección del trabajo infantil y femenino en determinadas industrias, o la creación de organismos fundamentales como la Inspección de Trabajo, el Instituto Nacional de Previsión, los Tribunales Industriales, o el Retiro Obrero, entre otras realizaciones.

Bibliografía:

Luis Sánchez Agesta, “Orígenes de la política social en la España de la Restauración”, en Revista de Derecho Político, nº 8 (1981), págs. 9-19.

Juan Ignacio Palacio Morena, La institucionalización de la Reforma Social en España (1883-1924), Centro de Publicaciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1988.

Antonio Chozas Bermúdez, “Cien años del Instituto de Reformas Sociales”, en Foro de Seguridad Social, 2004, págs. 13 y ss.

Ángel Luis Sánchez Martín, “El Instituto de Reformas Sociales: origen, evolución y funcionamiento”, en Revista Crítica de Historia de las Relaciones Laborales y de la Política Social, nº 8, (2014), págs. 7 y ss.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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