La conferencia de Marcelino Domingo en Tarragona en agosto de 1931

Marcelino Domingo Sanjuán, a la sazón ministro de Instrucción Pública en el Gobierno Provisional de la República, pronunció una conferencia en el local del Centro Federal Republicano de Tarragona en el verano de 1931. Debemos recordar la importancia de Domingo en el seno del republicanismo catalán y español, sin olvidar su condición de maestro. En la República fue uno de los principales líderes del Partido Republicano Radical Socialista. En el siguiente Gobierno sería ministro de Agricultura, Industria y Comercio, y también solo de Agricultura. En el Gobierno del Frente Popular se haría cargo de nuevo de la Instrucción Pública. Domingo y De los Ríos fueron, sin lugar a dudas, los ministros más importantes en el área de la Educación en tiempos de la República por su compromiso en la mejora de todos los aspectos relativos a la misma.

Pues bien, como decíamos al principio, a finales de agosto estuvo en Tarragona y allí pronunciaría un discurso relativo al régimen republicano, es decir, tenía un marcado carácter pedagógico en lo político. Domingo manifestó la necesidad que tenía el Gobierno de exponer cuáles eran los organismos que contaba para sostenerse en el poder, intentando enseñar las diferencias entre una democracia y una autocracia, y otras cuestiones, como tendremos oportunidad de comprobar.

Explicó que cuando el rumor era más fuerte que la voz del que mandaba la autocracia caía, y este sería, a su juicio, el caso español. Pero el problema surgía en las democracias cuando la voz de los que estaban al frente de los partidos era más fuerte que la de voz de la opinión interna de dichos partidos, y cuando la voz de los caudillos era también más fuerte que la de los partidos. En esos casos la democracia estaría viciada, siempre en la opinión del ministro.

La situación de los partidos en 1923, es decir, en vísperas del golpe de Primo de Rivera, había sido muy débil, y esta sería la causa de la llegada de dicha Dictadura. Si hubieran sido fuertes la Monarquía se habría transformado en República. Pasado 1923 se habían convertido en oposición revolucionaria.

Por otro lado, la República, a su juicio, estaba consolidada porque era legítima a través del parlamento; en este sentido, seguramente, se refería a las elecciones a Cortes Constituyentes, celebradas a finales de junio. Una vez alcanzada la legitimidad la acción de la República debía ser radical por dos razones. En primer lugar, por el secular atraso de España, pero también porque tenía que correr para equipararse a las democracias europeas.

Como buen republicano que fue Marcelino Domingo y, por lo tanto, respetuoso con la ley, opinó que las organizaciones obreras fuera de la misma conducían al fascismo italiano o al comunismo ruso. Por eso, era deber de la República encauzar todos los problemas. Domingo estaba defendiendo la democracia en un mundo en el que estaba en crisis frente a ambos totalitarismos.

Por fin, no dejó de hablar del asunto catalán defendiendo la tesis de que, si en 1919 los catalanes se sentían más catalanes que españoles, con la República todos se sentían españoles, una opinión un tanto curiosa, si se nos permite la observación.

Hemos consultado el número 7039 de El Socialista.

Sobre Marcelino Domingo:

Carod-Rovira, Josep-Lluís, Marcel·lí Domingo (Tarragona 1884-Tolosa 1939): de la escuela a la República. Tarragona, 1990. Pujadas Martí, Xavier, Marcel·lí Domingo i el marcel·linisme. Barcelona, 1996.

Sànchez Cervelló, Josep, Marcel·lí Domingo i Sanjuan: Un llegat cristal·lí per a la República i per a Catalunya, a: Cuatro líderes tarraconenses de la República y el exilio. Tarragona, 2007.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.