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Saborit en el Parque de Mendigos de la Guindalera de Madrid en vísperas de la República

Los socialistas dedicaron mucho esfuerzo a las administraciones municipales como un medio para mejorar de forma inmediata la vida de las clases trabajadoras en las ciudades españolas, que estaban creciendo de forma evidente, y donde las desigualdades eran muy palpables en todos los ámbitos. La llegada de los socialistas a los Ayuntamientos entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil supone un cambio fundamental en la Historia municipal española, como está estudiando Santiago de Miguel Salanova en varios trabajos, que hemos reseñado o comentado en este mismo medio.

El primero que nos interesa es Republicanos y Socialistas. El nacimiento de la acción política municipal en Madrid, (1891-1909), publicada en la misma editorial. El autor plantea en dicho libro un método de trabajo harto interesante porque establecía que la entrada de republicanos y socialistas en el Consistorio de la capital de España marcaba un punto de inflexión en la Historia municipal, ya que ambos sectores políticos introdujeron las preocupaciones sociales en el poder municipal principal del país, algo que no había sido prioridad de los ediles madrileños pertenecientes a los partidos dinásticos. El libro aborda el trabajo y la acción de los concejales socialistas y republicanos contra el nepotismo, la corrupción, la mala gestión de los servicios públicos, los problemas del abastecimiento, el fraude alimentario a gran escala, y la creciente distancia social entre los barrios de un Madrid que comenzaba a crecer de forma evidente. El segundo libro, titulado, Madrid, un laboratorio de socialismo municipal. 1900-1936, explica cómo entre 1900 y 1936 Madrid cambió mucho y muy deprisa, con una clara modernización social y económica, generándose grandes desequilibrios sociales y problemas de infraestructuras y servicios, además de ser el escenario de intensos sucesos de enorme envergadura en la Historia contemporánea de España. Todos esos cambios tenían que repercutir lógicamente en la forma de gobernar la capital, como ya había apuntado el autor en la otra monografía, y los socialistas brindaron una clara alternativa frente al municipalismo clásico decimonónico, donde imperaba la injerencia gubernativa central, especialmente desde el modelo del liberalismo conservador triunfante con la Restauración canovista.

En todo este contexto debemos enmarcar la visita de Saborit y la crónica que publicó El Socialista, para denunciar cómo el Ayuntamiento de Madrid atendía a las personas sin recursos en La Guindalera, en vísperas de la proclamación de la República, en marzo de 1931. Sin lugar a dudas, Andrés Saborit puede ser considerado uno de los socialistas más destacados de toda la Historia del PSOE en el ámbito del municipalismo.

Saborit visitó en la madrugada del 19 de marzo el llamado Parque de Mendigos de la Guindalera, sostenido con fondos municipales. Justo cuando comenzaba la visita llegaba una “ambulancia sanitaria” con 13 mendigos, hombres y mujeres, y 5 niños, uno de ellos de pecho. Al parecer, la ambulancia era un vehículo con poca ventilación donde eran hacinados por la fuerza los mendigos para llevarlos al mencionado local, y que había sido alquilado para ingresar a estas personas, pero con muchas carencias, a pesar de algunas mejoras introducidas desde que el concejal Álvarez Herrero denunció el lamentable estado de abandono en que lo dejó la Dictadura.

Saborit quería saber cómo se hacía todo, por lo que pidió a los encargados del Parque que no alterasen su proceder de cada noche. Los hombres fueron encerrados en un cuarto sin condiciones, con un retrete al fondo. A los ingresados no se les daba alimento alguno. En la habitación no había colchones y solamente mantas, por lo que durmieron en el suelo apiñados. En el cuarto destinado a las mujeres sí había colchones de muelle en el suelo con mantas. Allí había ya unas doce mujeres, por lo que las que llegaron en esa madrugada no cabían, además de traer cinco niños.

Saborit averiguó que, por la mañana, sin tomar ni tan siquiera un café o conseguir algo de ropa, se echaba a las mujeres a la calle. Saborit consiguió que se las transportaran a la Plaza Mayor en la ambulancia para dirigirse desde allí a sus domicilios que, aunque míseros, eran mejores que “los indecentes camastros de la caridad burguesa” del Ayuntamiento.

Saborit comprobó que esa noche había en el Parque de la Guindalera un total de 283 acogidos.

En vista de la inspección de Saborit, la Minoría Socialista iba a llamar al doctor Chicote para que mejorase este servicio porque era intolerable tratar así a los seres humanos.

Hemos empleado como fuente el número 6899 de El Socialista. Podemos acercarnos a dos trabajos de este autor: “El trabajo socialista municipal en la Historia contemporánea española: metodología y fuentes”, en El Obrero, (febrero de 2018), y “Reseña/Madrid como laboratorio de socialismo municipal (1900-1936)”, en El Obrero (febrero de 2019).

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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