El PSOE frente a la interpretación religiosa acerca de España en 1927

En marzo de 1927 se celebró en el Teatro de la Zarzuela la Fiesta del Estudiante con la asistencia de Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera, miembros del Gobierno, los rectores de la Universidad Central y de la de Zaragoza, el obispo de Madrid, el director de Enseñanza Secundaria y Superior, y diversos catedráticos, en suma, un acto que concentró a las principales autoridades del país en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera.

El rector de la Universidad de Zaragoza ensalzó al monarca, pero, sobre todo, explicó que en la Universidad se vivía la Historia de España y su tradición, que debía ser defendida con los libros y si fuera preciso también con las armas. Por otro lado, había que dar gracias al cielo porque las artes, ciencias y literatura españolas no habían sido superadas por nadie. El rector Bermejo de la Central también introdujo la intervención divina en la enseñanza universitaria en su discurso.

Otro de los oradores, Wenceslao González Oliveros, catedrático, y a la sazón director general de Enseñanza Secundaria y Superior, y que luego en el franquismo se destacaría en la represión presidiendo el Tribunal de Responsabilidades Políticas y siendo vicepresidente del Tribunal de la Represión de la Masonería y del Comunismo, hizo una loa del estudiante católico, al parecer, superior a los otros, ya que era “más español”, porque la religión era el aglutinante de España.

Los socialistas reaccionaron ante un acto donde había reinado lo que consideraban un ejercicio de intolerancia religiosa. Especial atención había recibido el discurso de González Oliveros. Parecía inaudito que se siguiera expresando que no se podía ser buena persona, ni buen español, ni buen trabajador, padre de familia o estudiante si no se profesaba la religión católica.

Pero, además, destacaban el hecho de que el alto funcionario había informado que se iba a crear un himno universitario con música de Alfonso X el Sabio.

También se comentó el discurso de Royo Villanova, que había expresado que algunos proyectos de ley no habían salido adelante en las Cortes en su momento por “la plebeyez y mujerzuelismo con que luchaban derechas e izquierdas”, recordando que dicho orador había sido senador.

Tampoco se quedó sin comentario el discurso del rector Bermejo, que aludió a las huelgas de obreros, y a las reclamaciones sobre la jornada de ocho horas en lugar de trabajar “ordenada y pacíficamente según el pensamiento divino”. Por otra parte, había expresado que en la Universidad debía imperar la unidad en la cultura, en la verdad y en el bien. Los socialistas se preguntaban qué significaba esta proclama, temiéndose que lo que se pretendía era que todos los estudiantes fueran católicos sin posibilidad de otras opiniones.

Hemos consultado los números 5645 y 5646 de El Socialista.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Profesor de Secundaria, autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica, miembro del Grupo Federal de Memoria Histórica del PSOE.

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